Para mediados y finales de los años noventa registramos los primeros artículos y ensayos de dos jóvenes singulares de nueva generación literaria: José Enrique Cardona Chapas y José D. López Lazo. Parejamente destacaban los ensayos historiográficos y sociológicos del joven historiador Rolando Sierra Fonseca, discípulo de Ramón Oquelí Garay. De igual modo, los trabajos sobre los extranjeros del historiador Jorge Alberto Amaya Banegas destacaban, dándole continuidad a las investigaciones sobre la presencia de los italianos y alemanes en Amapala y Choluteca, realizadas pioneramente por un grupo de jóvenes a mediados de la década del ochenta. Es pertinente añadir los trabajos ensayísticos, traducidos en libros, también de finales de los años noventa y comienzos del siglo xxi, de la importante escritora política Rocío Tábora, como El Leviatán herido. En esta época encabalgan el trabajo de investigación colonial, sobre fronteras, del fallecido Salomón Sagastume y algunos aportes de Sucelinda Zelaya.

 

La mayor parte de los artículos-ensayos de las nuevas generaciones hondureñas fueron dados a conocer en el suplemento literario Cronopios, que coordinaba Helen Umaña en el diario Tiempo de San Pedro Sula; también en las páginas literarias y sociales de Elvia Castañeda de Machado, en el diario El Heraldo de Tegucigalpa; de Manuel Salinas Paguada en «La Tribuna Cultural», del diario La Tribuna de Tegucigalpa; de Juan Ramón Martínez y Segisfredo Infante en el suplemento Piedra sobre Piedra, del ya desaparecido diario El Periódico de Tegucigalpa; y en la revista Paraninfo, que dirigían Augusto Serrano López y Atanasio Herranz y Herranz.

Pero quizás las publicaciones culturales que dieron acogida especialmente a los «mozuelos» que publicaban por primera vez un ensayo, un poema o un cuento fueron el boletín literario-informativo 18-Conejo, que dirigieron Oscar Cerrato Mendoza, Segisfredo Infante y Juan Ramón Martínez. Y la revista histórico-literaria Caxa Real, fundada y dirigida por mí mismo. Veamos, 18-Conejo se fundó en agosto de 1987 y desapareció en diciembre de 1999, logrando alcanzar los 102 números, así que ello coincide plenamente con la época de arranque que estamos trabajando. Por su lado, Caxa Real se fundó en noviembre del año 2002, y dejó de circular en diciembre del año 2010, logrando los 70 números. A Cardona Bulnes, ya fallecido y que participó en las revistas, podemos incluirlo en la lista de los ensayistas tardíos de Honduras. Otro ensayista comparativamente tardío, tanto en revistas como en libros y folletos, es el economista veterano Manlio Martínez Cantor, cuyo último volumen se titula Imagen de la estructura económica y social, y exploración de los recursos naturales (Editorial Universitaria, 2010). También es un ensayista tardío César Elvir Sierra, uno de cuyos libros más importantes se titula Las campañas militares del general Manuel Bonilla (Ediciones 18-Conejo, 2012).

Aparte de los suplementos y revistas podría afirmarse que la época más prolífica en materia de publicación de libros y folletos hondureños, de diversas generaciones, disciplinas y tendencias ideológicas, coincide, sin lugar a dudas, con los años noventa del siglo xx y la primera década del xxi. La casa editora encargada de convertir en realidad semejante proyecto en marcha fue, en primer lugar, la Editorial Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (unah);  y, en segundo lugar, la Editorial Guaymuras. En los libros de estas dos editoriales es factible rastrear casi todo el trabajo ensayístico hondureño de los últimos veinticinco años. Sumándose, poco después, el Centro de Documentación de Honduras (cedoh) y la labor de Ediciones Subirana. La Editorial Universitaria y la Editorial Guaymuras publicaron múltiples ensayos de política, derecho, historia, literatura, cronologías, diccionarios, medicina, odontología, filosofía, geografía, economía, folclore, lexicografía y un amplio etcétera. El año 1994 fue el más prolífico, cuantitativamente, en publicación de ensayos universitarios.

 

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Escritos inéditos de José Cecilio del Valle (1996) fue una de las obras novedosas publicadas por el citado Ramón Oquelí en la década del noventa. Aunque ya había entregado a los lectores su monumental Antología de José del Valle, con notas y comentarios, de comienzos de los años ochenta, Oquelí se encarga de dar a conocer algunas nuevas facetas de la vida y la obra del «sabio» ensayista centroamericano (con reiteradas incursiones económicas) de comienzos del siglo xix. Aparte de los libros aludidos, Ramón Oquelí Garay recopilará toda su obra periodística y ensayística que la Editorial Universitaria de la unah le publicará en cuatro tomos, con escritos añadidos de los años noventa y de comienzos del siglo xxi. Me refiero al libro Gente y situaciones, cargado de erudiciones políticas, históricas y literarias, y de innegables chispazos filosóficos. Un libro que no puede pasar desapercibido, en la línea vallista-oquelineana, es el siguiente: Valle, entre la fantasía y el rigor (2004), publicado por Ediciones Subirana y en donde el autor se explaya sobre el tema. Como añadido final respecto de la obra de Oquelí, es pertinente destacar que el autor se especializó, como autodidacta, en las investigaciones históricas y políticas hondureñas de los siglos xix y xx (con limitaciones en la parte colonial), que se materializaron en cronologías dadas a conocer en revistas y periódicos y en sus libros, como 1862, el primer año de Bográn y Honduras: estampa de la Espera (Subirana, 2001).

Como es poco menos que imposible mencionar para los fines de este trabajo a todos los ensayistas que publicaron (o reeditaron) en los últimos veinticinco años, me limitaré a subrayar algunos nombres y algunas obras novedosas: Juan Ramón Martínez, quien había comenzado a publicar artículos periodísticos en el diario La Tribuna a mediados de los años setenta, irrumpe en los años noventa con una continuada publicación de folletos y de libros. Conviene, como obra central del autor, destacar Honduras, las fuerzas del desacuerdo (Editorial Universitaria, 1998), todo un recorrido por la vida eclesiástica y política de este país desde el periodo colonial hasta fechas contemporáneas, con énfasis en el siglo xix y primera mitad del siglo xx. Se trata de una dilucidación difícil que hace J. R. Martínez de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Otros dos libros ineludibles del escritor Martínez son las enjundiosas biografías Lucila Gamero de Medina, una mujer ante el espejo (1994) y Ramón Amaya Amador, biografía de un escritor (1995). Su obra ensayística publicada es una de las más prolíficas y atractivas de los últimos veinticinco años. Y como articulista es uno de los hombres más polémicos del país.

Roberto Castillo Iraheta publica en la Editorial Universitaria de la unah la novedosa recopilación Filosofía y pensamiento hondureño (1992), su primer libro de contenido filosófico, elaborado con ensayos que contienen sus propias opiniones, desmarcándose de la tradición estereotipada de publicar antologías de filosofía, sociología e historia, típicas en las asignaturas aludidas por aquello de la simple repetición esquemática. Y aunque sus ensayos ya habían circulado en periódicos y revistas durante los años ochenta, Roberto Castillo Iraheta los recoge y los convierte en un libro de obligada lectura intelectual. Es evidente la influencia del filósofo Walter Benjamin y de la Escuela de Fráncfort en los escritos de Castillo, aunque con algunos decaimientos literarios, por su condición de cuentista y novelista. Y es evidente un abordaje elástico, distanciado de los dogmas doctrinarios, en la mayor parte de su obra ensayística. Otros de sus textos quedaron inéditos o pendientes de divulgación. José D. López Lazo ofreció publicar, para finales del 2015, un ensayo que vendría a calibrar la obra de Roberto Castillo.

Simultáneamente al trabajo de Castillo, tenemos el quehacer intelectual sobrio de Oscar Soriano, un dedicado profesor de filosofía con estudios en Costa Rica y en Bélgica que en la segunda mitad de los años ochenta se entregó a la tarea de fundar la revista privada Pensamiento Hondureño. Para tal revista, Soriano escribió un sesudo trabajo de filosofía titulado «La razón y el método: aproximaciones a Descartes». Años más tarde publicó Ideas acerca de la educación de José Cecilio del Valle (Editorial Universitaria, 1997). Se trata de una especie de prorrateo minucioso de la herencia educativa en el periodo colonial centroamericano, las influencias europeas, la concepción del autor abordado y el sistema educativo propuesto por Del Valle. También hay un par de ensayos filosóficos publicados en la revista Caxa Real de la Editorial Universitaria, dos en la revista Paraninfo de la Fundación Rafael Heliodoro Valle y cuatro trabajos de filosofía educativa en la revista Paradigma, de la prestigiosa Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán. Las motivaciones pedagógicas de Oscar Soriano son el constructivismo aparejado a la obra, lógica y psicológica, de Jean Piaget.

En la segunda mitad de la década del ochenta del siglo xx, Helen Umaña se convierte en una especie de fenómeno cultural en la ciudad de San Pedro Sula, en el norte de Honduras. En un ambiente árido para las letras, Umaña materializa una serie de iniciativas en pro de la literatura hondureña, animando a varias personas, especialmente jóvenes, a introducirse en el mundo literario por la vía de la revista Tragaluz, un suplemento cultural del diario Tiempo, y mediante los cursos universitarios de aquella ciudad norteña. Pero donde se puede calibrar mejor su trabajo ensayístico y su capacidad de lectora, comentadora e investigadora infatigable es en sus gruesos volúmenes relacionados con la historia de la narrativa hondureña; por ejemplo, Panorama crítico del cuento hondureño (1999). A renglón seguido puede afirmarse que dentro de su voluminosa obra ensayística es pertinente destacar, sobre todo, su enorme libro La palabra iluminada, el discurso poético en Honduras (Letra Negra Editores, 2006). Se trata de un vasto recorrido por toda la poesía hondureña con observaciones puntuales, a veces críticas, de cada uno de los autores comentados. A cualquier lector serio interesado en aproximarse a la poesía hondureña publicada hasta el año 2005, La palabra iluminada de Helen Umaña le resultará indispensable. Es oportuno puntualizar que el ensayista Manuel Salinas Paguada, de la misma generación de Helen Umaña, al fallecer dejó pendiente de publicación el grueso libro Narrativa contemporánea de América Central (Antología), que su esposa Sagrario de Salinas se encargó de poner en circulación, en el año 2004. Un refuerzo importante de tales trabajos son los diversos diccionarios literarios e históricos dados a conocer por el poeta y bibliógrafo José González, quien de alguna manera ha seguido, en lo que a diccionarios respecta, la línea de Mario R. Argueta.