Asimismo, conviene traer a colación el trabajo de Carlos Lanza y Ramón Caballero, quienes han recopilado una serie de textos sobre arte regional contemporáneo bajo el sugestivo título de Contrapunto de la forma, ensayos críticos sobre arte hondureño y centroamericano (Secretaría de Cultura, 2007). Con una existencia escasa de críticos de arte tanto en el debe como en el haber de la historia bibliográfica nacional, desde las ideologías con las cuales simpatizan, ambos autores hacen la diferencia. También conviene recordar que el fuerte poeta y ensayista Julio César Pineda recopiló una serie de trabajos sobre pintura en un libro publicado durante los años noventa en la Editorial Universitaria, Color del tiempo.
Aunque Matías Funes Valladares comenzó a publicar sus artículos en diario La Tribuna desde décadas anteriores y es un conocido personaje en los ámbitos políticos hondureños, la obra que lo ha venido a consumar como un escritor nacional de peso es el voluminoso Valle, su tiempo y el nuestro (2008). Es harto llamativo el hecho de que varios escritores hondureños, de diversas generaciones, sobre todo en sus etapas de madurez, terminen coincidiendo en el abordaje de la obra intelectual de José Cecilio Díaz del Valle. El caso de Matías Funes ha venido a confirmar esta observación.
Amén de su origen español, Atanasio Herranz y Herranz se hondureñizó en los comienzos del siglo xxi, razón por la cual su nombre resulta insoslayable en el largo quehacer intelectual hondureño como maestro universitario, investigador y ensayista. Sus investigaciones lingüísticas y etnolingüísticas son memorables, y han cristalizado en varios libros y compilaciones relativos a la lengua hablada de los hondureños y a las políticas lingüísticas del Estado desde el periodo colonial hasta el presente. Dos textos capitales suyos son los siguientes: Educación bilingüe e intercultural en Centroamérica y México (Guaymuras, 1998) y Estado, sociedad y lenguaje: la política lingüística de Honduras (Guaymuras, 1996 y 2000). Otros aportes suyos pueden rastrearse en el Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Algunos seguidores suyos en Honduras pueden identificarse en las páginas del monumental Atlas lingüístico de Honduras, diversificado en tres tomos (2013-2014) y publicado bajo la responsabilidad de los profesores e investigadores universitarios Ramón Hernández y Julio Ventura. Parejamente habría que estudiar los aportes singulares de Héctor M. Leiva.
Para terminar, puede afirmarse, sin lugar a dudas, que en Honduras encontramos en estado de fermentación positiva la obra ensayística de varios hondureños más o menos jóvenes que publican en libros, revistas, periódicos, hojas sueltas e inclusive en prólogos. Tales son los nombres de Miguel Cálix, Abraham Pineda Corleone, Rolando Kattan, Salvador Madrid, Josué Danilo Molina, Rossel Montes, Edgar Soriano, Luis David Reyes López, Alex Flores y un amplio etcétera. Algunos de estos autores, como R. Kattan, darán sorpresas agradables en el porvenir cercano o lejano. Aparte de las jóvenes generaciones, es pertinente destacar que hay adultos mayores que han continuado escribiendo y publicando con ahínco como Adán Elvir Flores, Manuel Gamero, Carlos Flores Facussé, Héctor Ordóñez, Mario Argueta, Jacobo Goldstein, Benjamín Santos, Rodrigo Wong Arévalo, Luis Alonso Gómez, Oscar Andrés Rodríguez, Roger Marín, Ioran Melcer, Boris Zelaya Rubí, José María Leiva, Jorge Yllescas, Amílcar Santamaría, Armando Cerrato, Darío González, León Rojas Carón, Víctor Meza, Marlen Perdomo de Zelaya, Anarella Vélez Osejo, César Indiano, Roberto Cruz Murcia, Juan Ángel López, Félix Cesário, Martín R. Mejía, Héctor Martínez, Aldo Romero y el mismo Hernán Antonio Bermúdez, con su libro antológico Afinidades.