Nery Alexis Gaitán, dedicado predominantemente a la literatura de ficción con hincapié en el cuento amoroso y personajes que exhiben estados terminales, también ha incursionado, con buen suceso, en las investigaciones bibliográficas conectadas con la cuentística hondureña. Es autor del opúsculo Índice de cuentistas hondureños (Editorial Universitaria, 1998) y del meticuloso Índice bibliográfico del cuento en Honduras (Editorial Universitaria, 2004), uno de los trabajos investigativos más serios y completos que se han elaborado al respecto. También ha recopilado en forma de libro varios de sus artículos publicados en el diario La Tribuna, y tiene ensayos pendientes de publicación. Gaitán es un trabajador infatigable, y uno de los autores más prolíficos de Honduras.
Por su lado, el lingüista y literato José D. López Lazo, con estudios en Honduras y México, comenzó a publicar sus trabajos en el boletín literario-informativo 18-Conejo a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, razón por la cual su obra coincide plenamente con la época que metodológicamente intentamos trabajar aquí. Otros ensayos suyos fueron publicados en los comienzos del siglo xxi en la Revista Histórico-Literaria Caxa Real y recogidos en tres volúmenes diferenciados: Voces de la literatura hondureña actual (1994), De nosotros y los otros (2000) y Ejercicios de la pasión crítica (2010). López Lazo ha demostrado flexibilidad y cordialidad en los tratamientos de los temas y personajes abordados, desmarcándose un poco de los cenáculos literarios de ocasión y evidenciando una considerable influencia recibida de la obra de Octavio Paz, sobre todo después de sus estudios de maestría en la Universidad Nacional Autónoma de México. Es un hombre humilde pero brillante que repiensa cada uno de los renglones que escribe. (Los tres libros aludidos fueron publicados por la Editorial Universitaria de la unah).
Un poeta, articulista y ensayista más o menos joven, paralelo al anterior, es el abogado J. Enrique Cardona Chapas, con voracidad singular en su capacidad de lectura y generosidad al momento de escribir artículos sobre autores de diversas generaciones y tendencias ideológicas de Honduras. Amigo, y posiblemente discípulo, de Ramón Oquelí, ha experimentado una obsesión incansable hacia autores españoles como Ortega y Gasset y, principalmente, José Luis López Aranguren. En los últimos años le han interesado algunos escritores anglosajones y la temática filosófica en general. Igual que López Lazo, el ensayista Chapas comenzó a escribir a comienzos y mediados de los años noventa en el mencionado 18-Conejo y en el diario La Tribuna de Tegucigalpa, dándole continuidad a sus textos, en la primera década del siglo xxi, en la revista Caxa Real. Uno de sus trabajos extensos más atractivos, publicado por entregas, ha sido sobre la obra del poeta Edilberto Cardona Bulnes (en concreto, sobre el poema «Jonás»). Otro texto llamativo es la conferencia pronunciada en las instalaciones de la Academia Hondureña de la Lengua en ocasión de conmemorarse los diez años del fallecimiento de Ramón Oquelí.
Rolando Sierra Fonseca, el más cercano discípulo de Ramón Oquelí Garay, se lanza a la plazuela de las publicaciones en los finales de los años noventa con el libro La filosofía de la historia de José Cecilio del Valle (Ediciones Subirana, 1998). Es un rastreo denodado de conceptos filosóficos posibles en la obra ensayística variada, principalmente económica, del «sabio» hondureño. Conviene recordar que Del Valle nunca publicó un libro en el sentido estricto del término. Su obra se ha recopilado en antologías tomadas de sus textos dispersos en periódicos (El amigo de la patria) y de varios manuscritos inéditos de las tres primeras décadas del siglo xix. Un segundo volumen importante de Rolando Sierra Fonseca es la biografía Ramón Oquelí: una lucha tenaz contra el olvido (Subirana, 2004), coincidente con el fallecimiento del biografiado. Sin olvidar que Sierra Fonseca ha publicado otros libros, más algunos proyectos pendientes en el tintero, hay que destacar que varios de sus ensayos históricos (y algunas semblanzas) se encuentran publicados en Caxa Real y en la revista Paraninfo. También ha publicado en revistas internacionales latinoamericanas. Concluyendo se podría afirmar que Rolando Sierra es uno de los intelectuales más dedicados al trabajo ensayístico en Honduras, con posibles influencias del filósofo español Xavier Zubiri.
El historiador y ensayista Jorge Alberto Amaya Banegas, con estudios en Tegucigalpa y en España, pareciera haberse especializado en el tema de las extranjerías, de tal suerte que ha publicado sendos libros sobre la presencia de judíos, palestinos, árabes y chinos en Honduras. Cuando se habla de extranjerías diversas se ha de mencionar el nombre ineludible de Jorge Amaya, y los receptores opinan de diversas formas sobre su obra. En fecha más o menos reciente publicó el llamativo libro Historia de la lectura en Honduras, recomendable para las nuevas generaciones de lectores locales. Otro escritor que ha abordado el tema de los extranjeros en la costa norte de Honduras es el diligente historiador hondureño-estadounidense Darío Euraque, con varios libros salidos de su pluma; pero quizás de una promoción anterior a la de Amaya. Casi a la misma promoción de historiadores universitarios pertenece el importante investigador archivístico Porfirio Pérez Chávez, con publicaciones sobre la Estructura económica de Honduras en el Gobierno del general Francisco Ferrera, 1840-1844 (Edición del 2001) y sobre los problemas políticos, económicos y militares de Centroamérica durante el gobierno hondureño de Santos Guardiola.
Un historiador insoslayable de los últimos veinticinco años es Juan Manuel Aguilar F., quien se ha metido en los archivos coloniales de Tegucigalpa y en parte de Guatemala casi a tiempo completo. Ha publicado unos dieciocho textos (la mayoría folletos y fascículos) sobre la historia colonial y el siglo xix hondureños, con énfasis en la arquitectura de los inmuebles. En esta tarea le han acompañado los historiadores Sergio Antonio Palacios y Rossibel Herrera. Juan Manuel Aguilar ha investigado minuciosamente el proceso urbanístico de Tegucigalpa en una obra sólo comparable a la de la joven historiadora –muy talentosa, por cierto– Daniela Navarrete Cálix, quien ha publicado dos importantes libros de urbanismo, con hincapié colonial, sobre Tegucigalpa y la antañona Comayagua. Los tres ensayistas mencionados son seguidores directos e indirectos del historiador Mario Felipe Martínez Castillo.
Casi en la misma línea de investigadores archivísticos de nueva generación, ha descollado en las primeras dos décadas del siglo xxi Ismael Zepeda mediante la elaboración de interesantes cronologías históricas y biográficas dadas a conocer en el suplemento Annales Históricos, que coordina Juan Ramón Martínez. Igualmente cuenta con por lo menos un libro publicado. Podría decirse que Zepeda es un seguidor del capítulo relacionado con las cronologías de Ramón Oquelí Garay y de Hostilio Lobo. Por otra parte, no se puede ni se debe hablar de ensayistas históricos recientes sin mencionar el nombre de Jesús Evelio Inestroza M., quien ha publicado algunas de sus investigaciones, como Historia de la policía nacional de Honduras, 1526-2002 (Ediciones Nai, 2002), Documentos clasificados de la policía secreta de Carías, 1937-1944 (Instituto Hondureño de Antropología e Historia, 2009) y Jurla en el valle de Otoro. Historia de Jesús de Otoro y de los pueblos antiguos (Banco Central) –esto es, su valle natal–. El nombre de Elizet Bayne Iglesias resalta indispensable por causa de su monografía El puerto de Truxillo, un viaje hacia su melancólico abandono (Editorial Guaymuras). Y es de mucho valor informativo, por otra parte, el volumen Honduras en el siglo xix, su historia socioeconómica (1839-1914), de José Guevara Escudero, quien reside en los Estados Unidos de Norte América. El cuentista y ensayista Mario Membreño Cedillo ha publicado en fecha reciente Estado, poder e identidad (2013). Parejamente sería injusto olvidar al biógrafo principal de José Reina Valenzuela, es decir, Alexis Machuca, quien también publicó, en los años ochenta, el trabajo monográfico La Paz, semblanza histórica de una ciudad y su gente (Secretaría de Cultura, 1983). Sin embargo, los nombres y los textos de los historiadores locales, como Darío González y de Armando José Ramos, los postergaremos para un artículo aparte. También merecerían un capítulo especial, aparte, los grandes promotores culturales del país, como Froylán Turcios, Rafael Heliodoro Valle, Medardo Mejía, Oscar Acosta, Manuel Salinas Paguada, Helen Umaña, Juan Ramón Martínez, Segisfredo Infante, Litza Quintana, José Luis Quesada, Fausto Maradiaga, Rolando Kattan, Rubén Izaguirre y Salvador Madrid.
Un joven ensayista que ha aparecido en el horizonte hondureño desmarcándose de ciertas tradiciones historiográficas es Libny Rodrigo Ventura Lara, con investigaciones realmente novedosas como Los criptojudíos en Honduras (Editorial Universitaria, 2009) y el Linaje de Lara en Honduras, siglos xvi al xix: conquistadores, encomenderos y hacendados (Instituto Hondureño de Antropología e Historia, 2010). Para reforzar sus investigaciones sobre los criptojudíos y el periodo colonial hondureño, Ventura Lara realiza estudios de doctorado en la Universidad de Haifa, en el Estado de Israel. Aparte de los dos libros mencionados, ha publicado algunos ensayos sustantivos sobre arquitectura colonial en revistas hondureñas y extranjeras.