Ninguna prueba más elocuente de la inquietud que la conducta de Padilla y sus valedores produjo en el régimen, y de por qué la produjo, que el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, celebrado en La Habana a fines de abril de 1971, una semana después de la autocrítica de Padilla. Castro usó ese congreso para «fusilar» políticamente, aprovechando el prestigio que entonces nimbaba a la Revolución, a la intelectualidad democrática que lo había apoyado hasta el «caso Padilla» y que él presentaba ahora como azafata del imperialismo. Allí cerró el cerco en torno a la libertad de expresión en Cuba con el fin de asfixiar en el huevo a una oposición antitotalitaria que ya sentía nacer. En el discurso de clausura, un Fidel Castro que quiso ser despectivo y resultó estridente aseguró, aludiendo a su problema con los intelectuales, que no se referiría a esa «basura», pero a esa «basura» dedicó treinta párrafos virulentos de su discurso. Es significativo que en aquella catilinaria anunciara, como si se tratase de las tranqueras de una finca suya, el cierre por tiempo indefinido de las fronteras cubanas a los intelectuales extranjeros –«ratas» los llamó– que condenaron el encarcelamiento de Padilla y denunciaron el giro de la Revolución hacia el estalinismo.
Aprobando la intervención armada soviética en la Checoslovaquia secesionista de Alexander Dubček y, simultáneamente, rompiendo su ya inconveniente romance con la izquierda heterodoxa, para lo que le vino pintado el «caso Padilla», Castro halló la manera de reparar sus relaciones con el Kremlin, averiadas desde la crisis de los misiles.
Como hemos visto, hace medio siglo el encontronazo entre escritores y dirigentes políticos castristas sembró el desconcierto, o el desencanto, en muchos intelectuales partidarios de la Revolución cubana, algunos de los cuales –como Jean-Paul Sartre, Juan Goytisolo y Mario Vargas Llosa– rompieron con el castrismo. En uno de sus últimos libros, Y Dios entró en La Habana, un reportaje sobre la Cuba castrista, el narrador y periodista español Manuel Vázquez Montalbán confiesa que cuando se enteró de lo que estaba pasando con Padilla quedó como «estatua de sal». «¿Cómo era posible que también aquella Revolución tan diferente cayera en el error de crearse enemigos de papel?» (Vázquez, 1998), afirma que se preguntó entonces. En el mismo libro, no obstante seguir siendo un nostálgico de la Revolución cubana, Vázquez Montalbán no vacila en calificar de «oprobiosa» la noche de abril de 1971 en que el poeta de Fuera del juego interpretó, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el falso harakiri de su autocrítica, bajo la dirección escénica del oficial de la Seguridad del Estado que llevaba su «caso».
Apareció hace algunos años, publicado en Nueva York por Ediciones Nueva Atlántida –en español, sin fecha y firmado por Lourdes Casal–, un libro titulado El «caso Padilla»: Literatura y Revolución en Cuba. Documentos. Es una obra que facilita el acceso a fuentes fundamentales de datos sobre el tema que nos ocupa. Entre los diecinueve documentos que la integran, figuran dos cartas públicas dirigidas a Fidel Castro. Tanto por su contenido como por quienes las suscriben, estas misivas, históricas, me parecen ideales para cerrar el presente artículo. Además, son un resumen elocuente de cuanto acabo de exponer.
PRIMERA CARTA DE LOS INTELECTUALES A FIDEL CASTRO (LE MONDE, 9 DE ABRIL DE 1971)
Comandante Fidel Castro, primer ministro del Gobierno revolucionario:
Los abajo firmantes, solidarios con los principios y objetivos de la Revolución cubana, le dirigimos la presente para expresar nuestra inquietud debida al encarcelamiento del poeta y escritor Heberto Padilla y pedirle reexamine la situación que este arresto ha creado.
Como el Gobierno cubano hasta el momento no ha proporcionado información alguna relacionada con este arresto, tememos la reaparición de una tendencia sectaria mucho más violenta y peligrosa que la denunciada por usted en marzo de 1962, y a la cual el comandante Che Guevara aludió en distintas ocasiones al denunciar la supresión del derecho de crítica dentro del seno de la Revolución.
En estos momentos –cuando se instaura en Chile un gobierno socialista y cuando la nueva situación creada en el Perú y Bolivia facilita la ruptura del bloqueo criminal impuesto a Cuba por el imperialismo norteamericano– el uso de medidas represivas contra intelectuales y escritores quienes han ejercido el derecho de crítica dentro de la Revolución puede únicamente tener repercusiones sumamente negativas entre las fuerzas antiimperialistas del mundo entero, y muy especialmente en la América Latina, para quienes la Revolución cubana representa un símbolo y estandarte.
Al agradecerle la atención que se sirva prestar a nuestra petición, reafirmamos nuestra solidaridad con los principios que inspiraron la lucha en la Sierra Maestra y que el Gobierno revolucionario de Cuba ha expresado tantas veces por medio de las palabras y acciones de su primer ministro, del comandante Che Guevara y de tantos otros dirigentes revolucionarios.
Firman: Carlos Barral, Simone de Beauvoir, Italo Calvino, Josep Maria Castellet, Fernando Claudín, Julio Cortázar, Jean Daniel, Marguerite Duras, Hans Magnus Enzensberger, Jean-Pierre Faye, Carlos Franqui, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Alain Jouffroy, André Pieyre de Mandiargues, Joyce Mansour, Dionys Mascolo, Alberto Moravia, Maurice Nadeau, Hélène Parmelin, Octavio Paz, Anne Philipe, Pignon, Jean Pronteau, Rebeyrolle, Rossana Rossanda, Francisco Rossi, Claude Roy, Jean-Paul Sartre, Jorge Semprún, Mario Vargas Llosa (Casal, 1971, pp. 74-75).
SEGUNDA CARTA DE LOS INTELECTUALES A FIDEL CASTRO (PARÍS, 20 DE MAYO DE 1971)
Comandante Fidel Castro, primer ministro del Gobierno cubano:
Creemos un deber comunicarle nuestra vergüenza y nuestra cólera. El lastimoso texto de la confesión que ha firmado Heberto Padilla solo puede haberse obtenido por medio de métodos que son la negación de la legalidad y la justicia revolucionarias. El contenido y la forma de dicha confesión, con sus acusaciones absurdas y afirmaciones delirantes, así como el acto celebrado en la UNEAC, en el cual el propio Padilla y los compañeros Belkis Cuza, Díaz Martínez, César López y Pablo Armando Fernández se sometieron a una penosa mascarada de autocrítica, recuerda los momentos más sórdidos de la época estalinista, sus juicios prefabricados y sus cacerías de brujas.
Con la misma vehemencia con que hemos defendido desde el primer día la Revolución cubana, que nos parecía ejemplar en su respeto al ser humano y en su lucha por su liberación, lo exhortamos a evitar a Cuba el oscurantismo dogmático, la xenofobia cultural y el sistema represivo que impuso el estalinismo en los países socialistas, y del que fueron manifestaciones flagrantes sucesos similares a los que están sucediendo en Cuba.
El desprecio a la dignidad humana que supone forzar a un hombre a acusarse ridículamente de las peores traiciones y vilezas no nos alarma por tratarse de un escritor, sino porque cualquier compañero cubano –campesino, obrero, técnico o intelectual– pueda ser también víctima de una violencia y una humillación parecidas. Quisiéramos que la Revolución cubana volviera a ser lo que en un momento nos hizo considerarla un modelo dentro del socialismo.
Firman: Claribel Alegría, Simone de Beauvoir, Fernando Benítez, Jacques-Laurent Bost, Italo Calvino, Josep Maria Castellet, Fernando Claudín, Tamara Deutscher, Roger Dosse, Marguerite Duras, Giulio Einaudi, Hans Magnus Enzensberger, Francisco Fernández Santos, Darwin Flakoll, Jean Michel Fossey, Carlos Franqui, Carlos Fuentes, Ángel González, Adriano González León, André Gorz, José Agustín Goytisolo, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Rodolfo Hinostroza, Mervin Jones, Monty Johnstone, Monique Lange, Michel Leiris, Mario Vargas Llosa, Lucio Magri, Joyce Mansour, Dacia Maraini, Juan Marsé, Dionys Mascolo, Plinio Mendoza, István Mészáros, Ralph Miliband, Carlos Monsiváis, Marco Antonio Montes de Oca, Alberto Moravia, Maurice Nadeau, José Emilio Pacheco, Pier Paolo Pasolini, Ricardo Porro, Jean Pronteau, Paul Rebeyrolle, Alain Resnais, José Revueltas, Rossana Rossanda, Vicente Rojo, Claude Roy, Juan Rulfo, Nathalie Sarraute, Jean-Paul Sartre, Jorge Semprún, Jean Schuster, Susan Sontag, Lorenzo Tornabuoni, José-Miguel Ullán, José Ángel Valente (Casal, 1971, pp. 123-124).
BIBLIOGRAFÍA
Casal, Lourdes. El «caso Padilla»: Literatura y Revolución en Cuba. Documentos, Ediciones Universal, Miami, 1971.
Cortázar, Julio. Papeles inesperados, Alfaguara, Madrid, 2009.
Padilla, Heberto. Fuera del juego. Edición conmemorativa (1968-1998), Ediciones Universal, Miami, 1998.
La mala memoria, Pliegos, Madrid, 2008.
Vázquez Montalbán, Manuel. Y Dios entró en La Habana, El País / Aguilar, Madrid, 1998.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]