POR CARLOS F. GRIGSBY

Hay una entrevista de la escritora mexicana Fernanda Melchor en que comenta que su novela Temporada de huracanes nació después de su primera visita a Managua, para el festival Centroamérica Cuenta de 2015. En ella explica que vio en la «fuerza» y el «vigor» del español de Managua algo similar al de Veracruz, donde tiene lugar Temporada de huracanes. Este descubrimiento la motivó —cuenta Melchor— a tratar de imprimir esa fuerza en el habla de sus personajes. Luego menciona, al pasar, una novela que fue su inspiración para eso: Managua, Salsa City (¡Devórame otra vez!) de Franz Galich.

Entre los lectores que la conocen, la frase que abre la novela se ha vuelto de culto: «A las seis en punto de la tarde, Dios le quita el fuego a Managua y le deja la mano libre al Diablo». En Managua, Salsa City (¡Devórame otra vez!) seguimos a Pancho Rana, un exmilitar sandinista convertido en chofer y ladrón ocasional, que sale de juerga una noche antes de huir con las joyas de sus patrones. En La Piñata conoce a la Guajira, una prostituta hermosa y astuta que se gana la vida atrayendo a hombres para que sean asaltados por una banda de delincuentes llamada los Perrarrenca. Estos son sus cómplices (uno de ellos, Mandrake, está enamorado de ella). El modo en que la banda opera es rondando ciertos bares y lupanares de Managua a una distancia discreta, para que no sea notorio que la Guajira trabaja con ellos. Una vez que la Guajira atrapa a su víctima, los Perrarrenca la siguen adonde vaya para, luego, justo cuando la víctima de turno cree haberla seducido, robarle todo. En la novela, Pancho Rana va de bar en bar intentando seducir a la Guajira, invitándola a comer, beber y bailar, fingiendo ser un hombre con más dinero y poder del que tiene. Los Perrarrenca los siguen a cierta distancia difícil de mantener por los muchos tránsitos y movimientos de la pareja. Con el tiempo, empiezan a sospechar que quizá su colaboradora los esté traicionando. Toda la acción de la novela ocurre en una sola noche al ritmo de un thriller, entre alcohol, sexo y violencia (con persecución en auto incluida). En el transcurso hay desvíos y despistes; entran actores insospechados en escena, se complica la trama. Al final, todo escala a escenas de violencia dignas de las películas con Sylvester Stallone y Jean-Claude Van Damme.

Managua, Salsa City (¡Devórame otra vez!) fue ganadora del Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán (1999-2000), el concurso de narrativa más importante de la región. La novela fue publicada en el 2000 en Ciudad de Panamá como resultado del premio, y luego, en 2001, hubo otra edición en Managua. No es exagerado decir que la novela inaugura el siglo XXI de la narrativa nicaragüense y acaso centroamericana, pues rompe radicalmente con la literatura de la utopía política y el testimonio que habían sido predominantes en la región hasta entonces. En su lugar, Galich nos da una amarga y desopilante reflexión sobre la Nicaragua posrevolucionaria tras la derrota del sandinismo, después de que el neoliberalismo entrara a arrasar con las instituciones públicas y recortar el Estado, movilizando consigo un individualismo sin escrúpulos que marcó políticamente toda la década de los noventa y el inicio de los dos mil.

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Franz Galich nació en Guatemala en 1951. En los años setenta, cuando publicó su primer libro, Ficcionario inédito y otros cuentos (1979), el régimen de Romeo Lucas García lo consideraba un pensador de izquierda y por lo tanto una amenaza. Tras sobrevivir a un atentado a manos de unos sicarios, en 1980 tuvo que salir al exilio. A partir de ese año, se establecería en Nicaragua hasta el día de su muerte.

Si en la Guatemala de 1980 estaba desatada la persecución contra voces críticas con el régimen, en la Nicaragua de entonces acababa de triunfar la revolución sandinista. Galich se metió de lleno en ese nuevo contexto cultural e hizo vida como escritor y académico. Su primera novela, Huracán corazón de cielo (1995), aunque escrita en Nicaragua, está ambientada en Guatemala, al igual que la colección de cuentos de los setenta. Sin embargo, a partir de Managua, Salsa City (¡Devórame otra vez!) (2000), su segunda novela, su obra sale de la Guatemala de su universo ficcional y se incorpora al país que lo acogió. La obra estaba pensada como parte de una tetralogía sobre la condición centroamericana, que quedaría trunca por la muerte del autor en 2007. La serie de cuatro incluía Y te diré quién eres (Mariposa traicionera), publicada en 2006, que retoma la historia de Pancho Rana; y Tikal Futura. Memorias para un futuro incierto, novela distópica de ciencia ficción situada en Guatemala, que fue publicada póstumamente en 2012. La cuarta novela nunca llegó a ser escrita.

Si en Guatemala Galich escribió como un escritor guatemalteco, en Nicaragua lo hizo como uno centroamericano. Ciertamente hacía falta un extranjero para explorar el habla nica como lo hizo Galich en Managua Salsa City, sin caer en el folclorismo de autores nacionales como Fernando Silva y sin los complejos inculcados por un sistema educativo que les enseña a los nicaragüenses a conjugar los verbos con tú y vosotros, aunque estos pronombres nunca sean usados en el voseo cotidiano. A la vez, hacía falta que fuera un extranjero que viniera de un contexto lo suficientemente similar (como Guatemala, como cualquier otro país centroamericano) para poder comprender ese mundo y esa lengua tan bien como lo haría un local. De lo contrario, nada de Managua, Salsa City (¡Devórame otra vez!) sería convincente, pues el lenguaje es uno de los protagonistas del texto. En su relación con Nicaragua, Galich supo ser compatriota y extranjero al mismo tiempo.

Imagen de Franz Galich.

También supo escribir con un estilo inconfundible. Quizá los rasgos que más distingan su obra sean, primero, una propuesta radical a favor de la cultura popular en todas sus vertientes: la música, el habla, las personas de clases populares. Managua, Salsa City (¡Devórame otra vez!) tiene por subtítulo ¡Devórame otra vez!, en referencia a la famosa salsa de Lalo Rodríguez. La novela abre y cierra con versos de esa canción que pertenece al género de la salsa romántica, en el que no es raro que aparezca un erotismo explícito y apasionadamente chabacano. Galich incorpora la misma estética para su novela y la despliega a varios niveles: si, por un lado, durante la única noche en que ocurre la acción de Managua, Salsa City (¡Devórame otra vez!) no deja de sonar la salsa, como lo muestran los versos de las canciones hilvanados a lo largo del texto, por otro, las descripciones mismas de las escenas de amor y sexo parecieran trasladar lo que se oye en la salsa romántica a la forma de la novela. Los pasajes eróticos son de un lirismo kitsch felizmente vulgar y jocosamente explícito. En la novela, Galich desarrolla esta estética popular con ironía y desparpajo, de una manera que recuerdan a un Perlongher menos hermético por lo que atañe a lo sexual o a un Puig menos meticuloso y más tropicalizado. Como harían Manuel Mejía Vallejo y luego Andrés Caicedo en Colombia, en esto Galich se adelanta a algunos autores latinoamericanos contemporáneos, como Rita Indiana o Yuliana Ortiz Ruano, que entretejen los versos de canciones en el texto mismo de sus novelas.

En este uso de la cultura popular, la novela de Galich parecería haber influido en —o al menos motivado a— otros autores nacionales de más renombre, como Sergio Ramírez, cuyas novelas policiacas más recientes también tienen a exmilitares o exguerrilleros por personajes. De hecho, los títulos y universos simbólicos de este también juegan con la música popular, con la salvedad de que Ramírez prefiere los boleros, las rancheras y las canciones sentimentales propias del cine clásico mexicano. Por otro lado, si miráramos las obras centroamericanas más emblemáticas de los años setenta, ochenta y noventa, incluyendo las novelas de Ramírez, veríamos que Managua, Salsa City (¡Devórame otra vez!) es el perfecto revés de todos esos libros.

El segundo rasgo distintivo es el humor, que Galich usa tanto para jugar con la lengua —explorando así la riqueza del habla nica— como para articular una visión crítica del mundo que también es amarga, cínica y profundamente desencantada. Las bromas de sus personajes van desde el retruécano y la ironía ligera hasta las oscuridades de un humor negro, truculento, donde se bromea con la violencia misógina y las vidas sacrificadas de los pobres. Su lectura incomoda y hace reír a un mismo tiempo.

Además de novelista, Galich fue también un académico (si bien, un académico heterodoxo e irreverente), y en tanto que académico fue un centroamericanista. En este sentido, también representó un nuevo modo de ejercer la literatura que en el campo cultural nicaragüense no era común: compaginó la crítica cultural desde la academia con la escritura literaria. Algo de la liviandad y la ironía de su narrativa se encuentra también en su trabajo académico. Esto se ve, por ejemplo, en su noción de «letrado subalterno», como famosamente se definió a sí mismo. Galich acuñó este término deliberadamente contradictorio para referirse con ironía a los intelectuales o académicos que, como él, a pesar de poseer un horizonte amplio de preparación intelectual, se ven impedidos de lograr su «realización plena creadora en su máxima capacidad» por vivir en unas circunstancias similares a las de un subalterno (término en boga en la academia de los estudios culturales de los ochenta y noventa). Dicho impedimento sería producto —según Galich— del atraso material y la indolencia de las instituciones estatales y universitarias de los países víctimas del subdesarrollo donde el letrado subalterno vive. Es decir, Galich se refería a los intelectuales que viven en Centroamérica. Gracias a su labor académica, influyó en toda una generación de centroamericanistas, colegas y pupilos suyos, de lo que dan fe los numerosos obituarios publicados por ellos después de su muerte y el volumen de ensayos Franz Galich. El legado artístico y humano de un “subalterno letrado” (2021).

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El académico Misha Kokotovic llamó a Managua, Salsa City (¡Devórame otra vez!) y otras novelas centroamericanas «neoliberal noir». Es decir, novelas negras latinoamericanas que usan las convenciones del policial para articular una crítica social de la corrupción institucional y el fracaso del Estado en la protección de sus ciudadanos. Según Kokotovic, en el caso específicamente centroamericano, estas novelas, además, expresan una profunda desilusión con las luchas revolucionarias y se distancian explícitamente de los discursos de izquierda. En el trabajo donde amoneda el término, Kokotovic analiza la novela de Galich junto a Que me maten si… (1996) de Rodrigo Rey Rosa y La diabla en el espejo (2000) de Horacio Castellanos Moya.

En su estudio clásico sobre el tema, Estética del cinismo (2010), Beatriz Cortez también coloca a Galich junto a Castellanos Moya y Rodrigo Rey Rosa como escritores que representan un giro nuevo en la narrativa centroamericana del cambio de siglo, en el cual la caducidad de las utopías da lugar a la fragmentación social, la desilusión, el cinismo, la violencia urbana y la descomposición moral. Castellanos Moya y Rodrigo Rey Rosa son escritores reconocidos internacionalmente y publicados por algunas de las editoriales más grandes del mundo hispano, Random House y Alfaguara. En cambio, Galich —en coherencia con su estética popular— siempre apostó por las editoriales independientes y locales, ya fuera F&G Editores de Guatemala o Anamá Ediciones de Nicaragua, y ha tenido poca proyección fuera del istmo de Centroamérica. Su obra es rabiosamente vernácula y antisolemne. A pesar de estar llenas de humor, en sus novelas nunca hay final feliz. Al contrario, en las novelas de Galich sobrevivir ya es casi un acto de resistencia.