
Esta casa está invadida por el ruido y el silencio…, por el miedo.
Esta vieja casa de los días idos.
Carlos Fong
Aviones dentro de la casa
Antecedentes mínimos
Por su posición geográfica, Panamá ha jugado, en manos de otros, un papel estratégico. Desde la idea primigenia del rey de España Carlos I de un canal, pasando por el Camino Real, la fiebre del oro, la francesa Compañía Universal del Canal Interoceánico, y hasta la intervención de los Estados Unidos de América, negociando con Colombia la construcción del Canal, y luego su eventual apoyo a la independencia del país, los panameños han vivido una cronología histórica articulada desde fuera, que ha generado una serie de sucesos que han merecido la consideración de los escritores.
Otros hechos, como el primer avistamiento del Mar del Sur, la decapitación de Vasco Núñez de Balboa, «el Incidente de la tajada de sandía», la Guerra de los Mil Días, los sucesos del 9 de enero de 1964 y otros tantos, pasados y más recientes, han ocupado un lugar literario dentro del imaginario nacional, sobre todo cuando se logró la independencia del país y las letras panameñas fueron fijando la memoria colectiva. Si bien es cierto que la ficción no se ha alimentado solo de lo relativo a su posición geográfica y la recuperación de su soberanía sobre el Canal de Panamá, qué duda cabe que una obra de tal magnitud se ha llevado gran parte del esfuerzo y la atención de los escritores: la huella del Canal es profunda y sigue abierta por un suceso relativo a esos años de lucha.
El 20 de diciembre de 1989, Estados Unidos invadió Panamá. En su momento fue el movimiento de tropas más importante hecho por Washington desde la guerra de Vietnam: más de 27.000 soldados entraron en territorio panameño con la idea de deponer al entonces general Noriega: el buen vecino del Norte volvía a disparar contra sus aliados más fiables, lo que supuso un trauma nacional sobre el cual seguimos reflexionando desde la literatura. Un buen ejemplo, el más reciente, es la antología de cuentistas panameños, Resistir: once escritores ponen en marcha una suerte de memoria sentimental sobre su relación con los Estados Unidos desde la ficción: once cuentos contra el relato establecido.
Una novela corta para una larga memoria
¿Cómo explicar este hecho traumático y sostener su memoria en este tiempo de olvidos? Panamá escribe con mayúscula la palabra «Invasión» al referirse a aquella tragedia, de la que todavía hoy no sabemos el número de muertos, y que dejó comprometido para siempre el mes de diciembre en la memoria emocional de los panameños.
En 2016, Carlos Fong (Panamá, 1967), ensayista, narrador oral, activista de la lectura y cuentista, se alzó con el Premio Sagitario Ediciones de Novela Corta 2016, con una historia que se ha convertido en una de las más queridas y significativas para los lectores panameños, Aviones dentro de la casa.
A la ya destacada tradición de novela corta que Panamá ha practicado durante su historia literaria (El ahogado, de Tristán Solarte, El desván, de Ramón H. Jurado, Loma ardiente y vestida de sol, de Rafael Pernett y Morales, Gamboa Road Gang, de Joaquín Beleño o La novela de Remón, de Juan Gómez), Carlos Fong suma una obra redonda, de acabado luminoso y emocionante, que es capaz de explicar qué ocurrió, cómo lo vivimos, qué perdimos y cómo nos afecta todo ello. Los motivos geopolíticos, huecos y tan alejados de lo cotidiano, no aparecen, como no aparecen nunca en las grandes obras: nada puede explicar ni justificar la barbarie.
¿Dónde está Ricardo Stanziola, teniente de las Fuerzas de Defensa? La noche en la que los Estados Unidos invaden Panamá, su hija Vielka, de catorce años, reconstruye la historia familiar en medio del caos y la destrucción, mostrándonos la angustia de la espera, la tristeza de la ausencia y la búsqueda de respuestas a una situación inesperada. Julia, su madre, Nati, su hermana enferma que necesita cuidados especiales, su otra hermana, Brenda, y el novio de esta, Paolo, son el resto de los personajes que, junto al propio Ricardo, reconstruyen lo que ocurrió en Panamá antes, durante y después del 20 de diciembre de 1989, con un manejo de la brevedad, la intensidad y la profundidad de los grandes maestros de la novela corta. Aviones dentro de la casa es, sin duda, una de las que mejor reconstruyen lo que ocurrió, ahonda en las emociones y templa las pasiones del lector, sumergiéndolo en una búsqueda de lo que motivó todo aquello y cómo reaccionaron los panameños. Desde lo particular, el autor consigue retratar a todo un país que sintió, como la protagonista, cómo los aviones se instalaron dentro de la casa y de la memoria de todos para siempre.
La novela por fuera: la forma
En lo formal, Carlos Fong arriesga optando por un mosaico de técnicas narrativas que quiebran la linealidad esperada en una novela. Opta por grandes diálogos (uno tenso que sostienen Ricardo Stanziola y Paolo), el cuento introducido como elemento de seguimiento de la trama (en esto es experto, es narrador oral y cuentista, e introduce un cuento que explica la sensibilidad del pensamiento de Ricardo), el monólogo interior (un profundo y conmovedor capítulo 8) y un hermoso poema en prosa poética dedicado a las manos de Paolo (con la tonalidad del capítulo 7 de Rayuela), que pone en labios de Brenda, hermana de la protagonista.

Lo onírico juega un papel fundamental en la construcción de la conciencia de Vielka durante esos días de profunda tensión vital. No huye de los tintes de lo que se llama «realismo mágico», esa literatura fantástica de toda la vida, color caña brava, cruzada de aparecidos, fantasmas y muertos que dialogan con los vivos, que consigue construir una expectativa de vida en el lector. El autor tampoco huye de la constante muda de narrador, casi lo vemos iluminando la oscuridad de aquellos sucesos en la memoria con una linterna que habilita las voces de los personajes cuando los enfoca, lo que, sumado a la brevedad de los capítulos y a la variedad de formas narrativas, comunica una visión fragmentada, como los recuerdos, de cómo transcurrieron los días de la Invasión de los Estados Unidos, no solo la noche del 20 de diciembre de 1989, sino también las semanas posteriores de incertidumbre.
Otro de los aciertos formales, que pone de manifiesto el compromiso del autor con los antecedentes inmediatos del suceso, es la analepsis, los flashbacks: son un recurso narrativo al servicio de la memoria con dos objetivos: el recuerdo para los que conocen los antecedentes y la curiosidad por ellos para los que se asoman por primera vez a este hecho. Recuerda el terrible Viernes Negro, la Matanza de Albrook (donde Noriega mandó a fusilar a los que participaron en el golpe militar en su contra, meses antes de la Invasión, y da voz a Moisés Giroldi, compadre del dictador y mayor del ejército panameño, cabecilla de la asonada), las grandes manifestaciones de la Cruzada Civilista (el movimiento ciudadano contra la dictadura), y varios otros que dibujan el pasado reciente del país.
El escenario no es el habitual a la hora de abordar el suceso, y esta es otra decisión arriesgada, ya que se suele contar la Invasión desde la ciudad capital, y casi siempre desde el barrio del Chorrillo, donde se dieron la mayoría de los muertos aquella noche. Carlos Fong se lleva el escenario a la Chorrera, otro distrito del país, proponiendo lo que por obvio se olvida: en ese momento, todos, en todas partes del país, sufrimos los aviones dentro de la casa, vivimos la incertidumbre (este es el sentimiento más compartido entre panameños en esos días) sobrevenida en fechas que invitaban a la paz o a la fiesta, pero se impuso la espera, la oscuridad, el silencio preventivo, la ausencia por cuestiones de seguridad o por muerte. En un entorno más rural entonces, despejado del ruido de la gran urbe, una familia, como todas, afronta en el silencio oscuro de aquella noche su primera vez con la violencia de un ejército poderoso.
La novela por dentro: el fondo
El protagonismo lo tiene una chica de casi quince años, desprovista de ideología, testigo desde su infancia del proceso de reversión del Canal a manos panameñas, salpicada como todos por la lucha por la soberanía y con un padre que forma parte del ejército panameño. Vielka encarna la generación entre los protagonistas de la historia pasada y los que en menos de una década recibirían de vuelta los resultados: el Canal en manos panameñas. Pero poco importa todo aquello cuando quien falta en casa es un padre, cuando en la oscuridad todo ha sido invadido por el miedo, cuando van pasando los días y todo es más hostil y complejo y el padre no vuelve. Sobrecoge cómo los recuerdos son los cotidianos, cómo se desechan recuerdos familiares, fotos, por estar vinculados al ejército, cómo hay que pensar en seguir a pesar de todo. Fong antepone la humanidad a la militancia, a la familia frente a la causa, porque en aquellos días la «causa» era mantenerse con vida.
«Hay recuerdos que se van a la mierda. Agarramos nuestro pasado y lo echamos a la mierda. Sabemos que vamos a vivir el resto de nuestras vidas lamentando lo que hicimos. Cuando se siente miedo como lo sentimos nosotras hay que borrar cualquier cosa, hasta los recuerdos. Por mi parte, sé que no voy a olvidar la forma en que mamá miraba por última vez la foto donde estaba con papá. Se le aguaron los ojos y dijo: hay que destruirlas». (Página 31)
La novela entra y sale de los recuerdos familiares a los hechos previos a la Invasión, tejiendo con sutileza imperceptible la historia reciente de una sociedad que quería quitarse de encima al dictador y que experimentó en ese proceso cómo el buen vecino la atacó con una rudeza terrible e inesperada. Con ritmo oral (se habla mucho en esta novela, son los personajes los que se narran), con la controlada e intencional confusión de los que recuerdan y se duelen, los hechos familiares y nacionales van floreciendo delante de la conciencia del lector, que se ve construido por un andamiaje emocional que lo prepara para encontrarse con el fondo de los hechos. Vemos a las tres mujeres esperando el regreso de Ricardo, añorándolo mientras construyen su personalidad para que le conozcamos. Incluso Nati, la hija que requiere cuidados especiales también, desde su postración, extraña al padre.
Se retrata también, fuera de la casa, a la comunidad dividida entre los que desprecian a los militares y aquellos que ven su parte humana, Ricardo la tenía, siempre cooperó con sus vecinos, pero formaba parte del aparato represor de la dictadura. Este planteamiento, que muchos todavía hoy hacen, se pone delante del lector para que juzgue, quien con la construcción de un personaje que parece bueno, dicte a su conciencia lectora su veredicto, y lo mismo ocurre con las ideologías que se cruzaron aquellos días de la Invasión. En un diálogo tenso y maravillosamente expuesto que ya mencionamos, Paolo y Ricardo argumentan delante del lector, «¿qué es el hombre?», esa es la pregunta que le hace el militar al estudiante universitario, una pregunta cuya respuesta tienen que leer en esta novela.
¿Habrá final feliz? Aquí no les desvelo nada: búsquenla, acérquense a una historia que alimentará su curiosidad por una herida que sigue abierta y que explica, hacia atrás y hacia adelante hasta nuestro presente, qué ocurrió aquel 20 de diciembre de 1989, y cómo todo ello nos sigue afectando. Una novela que es educación sentimental, que es recuerdo y lección de memoria, que sin un solo indicio de política es capaz de abordarla y explicarla desde la sensibilidad de un país que, como ninguno, estaba preparado para semejante barbaridad. Por eso esta obra es tan importante. Escrita en este siglo, hace ya diez años, tiene una ventaja que agranda su profundidad: el tiempo, la perspectiva. Nos dio tiempo para ver las consecuencias, para ver desplegarse «el futuro», en el que no contábamos con el olvido, y justo por eso, Aviones dentro de la casa apareció en el panorama literario panameño como una sencilla pero profunda advertencia: tenemos que escribir contra el olvido que estamos siendo. Con la memoria refrescada por las emociones de esta novela, podemos volver a conversar sobre todo.
El siglo XXI ha dado grandes novelas, algunas galardonadas con el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró, el más importante del país, y otras se han abierto paso por sí mismas entre los lectores. Autores como Osvaldo Reyes, Justo Arroyo, Consuelo Tomás, Juan David Morgan, Rogelio Guerra Ávila, Rosa María Britton, Ernesto Endara, Carlos Wynter, Gloria Guardia, Javier Medina Bernal o Ariel Barría, son algunos de los novelistas panameños que hay que leer y seguir, que llevan años haciendo buena literatura, también en otros géneros, pero la novela en torno a la cual nos agrupamos todos con cariño admirado es Aviones dentro de la casa, de Carlos Fong. Una novela de este siglo que les invito con entusiasmo a leer.