«¿Cómo puede la producción de textos migratorios proporcionar agencia social y política a los migrantes?» Con esta pregunta comienza el crítico y escritor Chris Campanioni (nacido en Nueva York, primera generación de emigrados) la exégesis de las cartas y textos exílicos que Walter Benjamin escribió en 1940. Su punto de partida, para investigar las conexiones entre textos literarios de resistencia y actos de resistencia en sí, es la reescritura contemporánea de los textos benjaminianos, en lo que denomina «la xenófoba Europa actual».
La cuestión de Campanioni me permite introducir el hecho de que, hoy, «migrado» ha dejado de ser una categoría descriptiva para convertirse en lugar epistémico. De ahí que Campanioni denuncie en Drift Net: The Aesthetics of Literature and Media in Migration (2025) la proliferación de voces «privilegiadas» académicas, literarias o políticas, que se apropian del discurso migrante sin dejar espacio a la autorrepresentación. Continúa las reflexiones que comenzó con los textos de Benjamin, ahondando en su pesquisa sobre los momentos en los que las producciones liminares, fragmentadas, parciales de las personas migrantes contestan o contradicen las prácticas institucionales y pueden mostrar «algo más» (something else). Resume este «algo más» en ir más allá de ser objeto de debate o representación o de ser inteligible mediante la asimilación a una lengua y lógica dominantes, lo que permite apreciar las fisuras y las transformaciones de las relaciones entre Estado, ley y ciudadanía.
Este es el potencial del texto migrante, que no se sitúa en una tradición nacional o lingüística y contradice toda la lógica del dentro/fuera, aquí/allá, nosotros/ellos, lenguaje propio/ajeno… En fin, que contesta las variantes de argumentación sobre las oposiciones binarias como eje paradigmático de identidad, legitimidad y reconocimiento dentro de lo que viene siendo el canon de la crítica literaria comparada.
En Líneas de fuga. Ciudadanía, frontera y sujeto migrante, Mabel Moraña subraya una condición iluminadora de las literaturas migrantes respecto a las transformaciones sociales y culturales: su capacidad para mostrar el papel de la comunicación lingüística, semiótica y performativa como herramientas cargadas política e ideológicamente. Sitúa la experiencia migrante en el simbólico espacio de la frontera, exponente de la hibridación intercultural y, por ello, lingüística, que muestra el juego de desposesión (de territorio/lengua/ identidad…) y territorialización del individuo plasmado en las subversivas literaturas fronterizas, siempre en pugna contra el canon de las literaturas nacionales.
Moraña se afianza en una línea de pensamiento que percibe «al migrante como una unidad biopolítica capaz de revelar, con su misma existencia y activación colectiva, la radical debilidad sistémica, en su torsión neoliberal y necropolítica». Esta perspectiva acompaña y complementa la idea de Campanioni, según la cual el texto migrante subraya cómo el fenómeno migratorio incide, rearticula, desarbola, cuestiona y amenaza las instituciones ciudadanas de la nación-estado y sus principios excluyentes.
Tanto la visión de Campanioni como la de Moraña representan un planteamiento teórico que concierne a la experiencia migratoria en su cuestionamiento de la cultura hegemónica, visión que concibe al migrante y a la frontera como agentes de significado social y simbólico, en la línea de otros teóricos también migrados a la academia anglosajona como Appadurai (NYU), Said (Columbia), Bhabha (Harvard), Gilroy (UCL) o Stuart Hall (Birmingham).
Desde Europa existen aproximaciones diversas, siendo una de las que cuenta con más proyección la ligada al concepto de «postmigración». En septiembre de 2025 algunas participantes del proyecto de investigación Literaturas Extranjeras [ESEX] asistimos a un congreso sobre literatura y migración en Europa que tuvo lugar en la Université Catholique de Louvain, Bélgica. La categoría que articulaba el evento era, precisamente, la de «postmigración»; las lenguas vehiculares de las comunicaciones, francés, alemán, inglés e italiano; y los países y culturas de las que trataban las comunicaciones, centroeuropeos: Alemania, Francia, Suiza, Dinamarca, Italia, Bélgica y Reino Unido. Nuestra intervención fue la única que trataba de la literatura en español de las cien exposiciones presentadas (lo cual denota el papel periférico de esta lengua y su literatura en el contexto europeo, asunto que merecería consideración aparte).
La postmigración se puede considerar una tendencia epistémica netamente europea, que gana interés como perspectiva teórica no solo en áreas que tienen que ver con las ciencias sociales, sino también en otros campos económicos o políticos; así, se utiliza como una producción de conocimiento crítica contra la interpretación tradicional de las relaciones económicas, políticas o culturales, que deja atrás la convencional separación entre migrante y ciudadano. Epistemológicamente, esta perspectiva entiende que las obras de creación surgidas de la experiencia migrante no deberían ser tratadas aparte de la producción hegemónica. Así sucede en Alemania, por ejemplo, con la situación de la literatura migrada (Literatur mit dem Motiv der Migration -literatura con el motivo de la migración- o Migrationsliteratur -literatura de la migración- entre otros apartados), que debería estar en el centro porque expresa situaciones sociales y culturales que, claramente, deben ser entendidas como medulares.
La propia génesis del término convoca esas características. Según Anne Ring Petersen, el término «postmigrante» fue utilizado públicamente en Berlín por la directora de teatro Shermin Langhoff en los años 2004-2008. Langhoff, junto con otros artistas y activistas, llamó a su teatro «postmigrante» como reacción al estatus de «migrante», nunca considerado «teatro alemán», que se confería a su creación. El término fue concebido como gesto de resistencia y provocación (la directora es de origen turco) frente a la exclusión de los migrantes y sus descendientes de la producción cultural alemana. Bien es cierto que hay quienes critican el prefijo «post» porque parece considerar superado -o pasado- el estadio de migración, pero, como argumenta Patersen, la gente desplazada y sus descendientes se encuentran en un estado de «migración» perpetua.
Así, se pueden distinguir diferentes instancias en cuanto al significado de postmigración: tendríamos una visión histórica, en la que el término denomina asuntos relacionados con hijos o nietos de emigrados, que no han realizado el viaje pero a los que se considera «migrantes». Esta situación provoca también un uso del término de forma beligerante y crítica contra las políticas excluyentes de la ley y cultura hegemónicas. Por otra parte, la postmigración permitiría una perspectiva analítica de una sociedad y una cultura que, en la actualidad, está constituida sobre las bases de la migración.
Autores como Hall, Gilroy, Bhabha o Appadurai están en la base de las consideraciones sobre el término, aunque el germen de la teorización haya surgido de las artes escénicas berlinesas. Así, una perspectiva postmigrante significaría observar la sociedad desde los márgenes en que esta ha relegado a la migración; es decir, obtener una visión desde la extranjería, el afuera y el límite o frontera. Una tendencia que se aparta de conceptos como integración, diversidad cultural, multiculturalismo, interculturalismo, o superdiversidad… y que manifiesta una perspectiva mucho más crítica; exponiendo, precisamente, las fracturas, ambigüedades e inoperatividad de las categorías creadas desde el centro intelectual.
En el caso de las investigaciones llevadas a cabo en el proyecto Literaturas extranjeras sobre literaturas hispanófonas migrantes en Europa y Estados Unidos -codirigido por Meri Torras y quien suscribe estas líneas- resulta insoslayable el estudio de esta producción híbrida, que se hace prácticamente imposible de visibilizar en el estudio de las «literaturas nacionales». Así, los fenómenos de desplazamiento, extranjería y dislocación confrontan los conceptos de nación y cultura, canon y «literatura nacional» como organismos autocontenidos y conclusos, desafiando los métodos de la crítica literaria y exigiendo otras formas de acercamiento analítico. Los análisis muestran lo que implica la construcción narrativa de los discursos minoritarios en cuanto a la significación de la metrópoli occidental: cómo la interpelan a nivel formal y semántico con estrategias y propuestas literarias significativas, que exponen sus fisuras. Así, reconfiguran el imaginario mundial por sus evidentes interconexiones con el extractivismo capitalista y las guerras transnacionales en una época denominada «era de la migración».
Los textos han de visualizar esta situación con un enfoque inclusivo y flexible, que responda a las nuevas realidades culturales, sociales y económicas de un planeta fuertemente interconectado. Enfoque que se implementa en el estudio de la inter y transconexión entre obras literarias de diferentes tradiciones ya que, como explica Campanioni, la obra migrante tiene la potestad de proponer un modelo relacional interactivo.
No se puede obviar que la internacionalización de los mercados editoriales y la circulación de obras literarias a través de fronteras geográficas y lingüísticas exige nuevas maneras de pensar las conexiones y los diálogos entre literaturas. Esto nos lleva a un replanteamiento del campo de la literatura comparada, de los estudios latinoamericanistas y de los peninsulares, que tradicionalmente se centraban en compendios cerrados y/o delimitados. Replanteamiento que ha de atender a estos desplazamientos y dislocaciones, propiciando diálogos interculturales dinámicos y asumiendo significados inapropiables, especialmente productivos en una crítica relacional que, hoy, debe mostrarse interactiva.