EL ESPLENDOR DE LA CIENCIA VIRREINAL
Para algunos historiadores, el siglo xvii constituye une de las etapas más fructíferas de la ciencia novohispana y, en particular, de la cosmografía novohispana (Trabulse, 1994). Tras una primera fase de contacto durante el siglo xvi, marcada por la llegada de cosmógrafos procedentes de la metrópoli con objeto de reconocer las nuevas tierras y los mares adyacentes (y que en el caso de la elaboración de las relaciones geográficas de Indias contaron con la inestimable colaboración de los pintores nativos), el siglo xvii conoció cómo los cosmógrafos naturales ya de la Nueva España ponían a punto múltiples programas científicos relacionados con la cosmografía, conforme a directrices que, en unas ocasiones, emanaron de la península, pero, en otras, atendían a intereses locales. Unos intereses que orbitaron en torno a la localización (latitud y longitud) de la ciudad de México, el problema de infraestructura relacionado con las continuas inundaciones del valle de México, la determinación exacta de las fronteras de un virreinato en expansión hacia el septentrión y diversas cuestiones astronómicas o náuticas que aún caían dentro del ámbito de trabajo de los cosmógrafos. Sobre este sustrato en que el compás, el mapa y la espada avanzaron al unísono, cimentaría la ciencia ilustrada hispanoamericana del xviii.
La viveza propia de la cosmografía novohispana y, en general, de la ciencia novohispana en los siglos xvi y xvii es —a nuestro entender— la razón de que no pueda atraparse bajo las nociones de ciencia periférica o ciencia colonial (propuestas por historiadores anglosajones para referirse a la ciencia trasplantada a Norteamérica o Australia), tornándose preferible la expresión ciencia virreinal, por cuanto la Nueva España no era una colonia sino un virreinato. Acaso sea éste otro de los indicios que apuntan al carácter más generador que depredador del imperio español (Bueno, 2019).
BIBLIOGRAFÍA
· Bueno, Gustavo (1989), «La Teoría de la Esfera y el Descubrimiento de América», El Basilisco 1, 3-32.
–. (2019), España frente a Europa, Obras Completas I, Pentalfa, Oviedo.
· Insua, Pedro (2019), El orbe a sus pies. Magallanes y Elcano: cuando la cosmografía española midió el mundo, Ariel, Barcelona.
· León-Portilla, Miguel y Aguilera, Carmen (2016), Mapa de México-Tenochtitlan y sus contornos hacia 1550, UNAM, México.
· Madrid Casado, Carlos M. (2013), «España y la Revolución Científica: estado de la cuestión de una polémica secular», Circumscribere 13, 1-28.
· Moreno Corral, Marco A. (1999), «La astronomía en el México del siglo xvii», Ciencias 54, 52-59.
–. (2007), «Fray Alonso de la Veracruz: introductor de la astronomía y de la física en México», en C. Ponce Hernández (coord.), Innovación y tradición en fray Alonso de la Veracruz, UNAM, México, 297-310.
· Mundy, Barbara (1996), The Mapping of New Spain: Indigenous Cartography and the Maps of the Relaciones Geográficas, The University of Chicago Press, Chicago.
· Navarro Brotóns, Víctor (1999), «La Libra astronomica y philosophica de Sigüenza y Góngora: la polémica sobre el cometa de 1680», Cronos 2/1, 105-144.
· Portuondo, María (2013 [2009]), Ciencia secreta. La cosmografía española y el Nuevo Mundo, Iberoamericana-Vervuert, Madrid.
· Sala Catalá, José (1992), «La localización de la capital de la Nueva España como problema científico y tecnológico», en A. Lafuente y J. Sala Catalá (eds.), Ciencia colonial en América, Alianza, Madrid, 143-161.
· Sánchez Martínez, Antonio (2010), «Los artífices del Plus Ultra: pilotos, cartógrafos y cosmógrafos en la Casa de la Contratación de Sevilla durante el siglo xvi», Hispania LXX/236, 607-632.
· Sánchez Martínez, Antonio y Pardo Tomás, José (2014), «Between imperial design and colonial appropriation: the Relaciones Geográficas de Indias and their pinturas as cartographic practices in New Spain», Bulletin for Spanish and Portuguese Historical Studies 39/1, 1-20.
· Trabulse, Elías (1992), «La obra científica de Carlos Sigüenza y Góngora, 1667-1700», en A. Lafuente y J. Sala Catalá (eds.), Ciencia colonial en América, Alianza, Madrid, 221-252.
–. (1994): Los orígenes de la ciencia moderna en México: 1630-1680, FCE, México.
· Trejo Rivera, Flor de María (2009): El libro y los saberes prácticos: Instrucción náutica de Diego García de Palacio, Tesis Doctoral, UNAM, México.
· Vélez, Iván (2019), La conquista de México. Una nueva España, La esfera de los libros, Madrid.
[1] En el De Revolutionibus (Núremberg, 1543), Copérnico todavía dio beligerancia a esta teoría y apeló a los descubrimientos de los reyes de Portugal y España como prueba de la existencia de unas antípodas secas y, por tanto, de que «la Tierra forma una sola esfera con el agua» (libro i, capítulo iii). El debate sobre la forma de la Tierra no se cerraría hasta el siglo xviii, cuando, tras las expediciones a Laponia y al Perú impulsadas por la Academia de Ciencias de París, los newtonianos se impusieran a los cartesianos, estableciendo que la Tierra es una esfera achatada por los polos (no por el ecuador).
[2] Cf. Bueno 1989, Sánchez Martínez 2010, Madrid Casado 2013, Insua 2019.
[3] Felipe II y el virrey Luis de Velasco consideraban, según atestiguan sus cartas, a Urdaneta como «el mejor y más cierto cosmógrafo que hay en esta Nueva España» (carta del virrey al rey del 28 de mayo de 1560).
[4] Ya en 1616 el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México había prohibido explícitamente la práctica de la astrología judiciaria (la rama de la astrología que emite juicios por los astros de los futuros contingentes), permitiendo, sin embargo, la práctica de la astrología natural, donde la posición de las estrellas no afecta al mundo moral sino sólo al mundo natural (calendario, mareas, orientación, etcétera).[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]