Si bien, además del ya citado Maples Arce, en la primera línea del estridentismo podemos catalogar a Germán List Arzubide, Arqueles Vela, Luis Quintanilla (Kyn Taniya), Salvador Gallardo, Miguel Aguillón Guzmán, Francisco Orozco Muñoz, Salvador Novo, Carlos Noriega Hope y Humberto Rivas, no hay que obviar a aquellas otras personalidades que en diferentes momentos y con desigual intensidad participaron de esta vanguardia. Debemos hablar, pues, de algunos pintores vinculados a los inicios del muralismo, como Ramón Alva de la Canal y Fernando Leal; del grabador Leopoldo Méndez; del pintor galo Jean Charlot; del escenógrafo Emilio Armero o del escultor Germán Cueto. La fotografía estuvo presente de la mano del citado Edward Weston, y también a través de la italiana Tina Modotti. El estridentismo incluso terminó por aglutinar al mundo de la música: es el caso del entonces compositor en ciernes Silvestre Revueltas, hermano, por cierto, del ya aludido Fermín.
Esta conjunción de creadores de diferentes tendencias y latitudes mostraba no sólo la clara vocación interdisciplinar del estridentismo, sino también el gusto personal de Maples Arce por hallar puntos de encuentro y diálogo entre el arte mexicano y el de otros países, especialmente los relacionados con el ámbito americano. Tal aspecto se entendía como vía fundamental para la verdadera modernización de México. Esta inquietud fue constante en la trayectoria de Maples Arce. Tiempo después de la desaparición del estridentismo, en una alocución titulada La pintura en América Latina, emitida por la bbc en abril de 1944, afirmaba lo siguiente:
«Sabido es que la única forma de conocimiento serio del arte consiste en la observación directa de las obras originales. Y la falta de esta jamás puede suplirse por los medios gráficos y de reproducción que sólo deben considerarse como medios auxiliares de divulgación. Pero, concretamente en lo que toca a América Latina, es verdad que la personalidad pictórica de algunos países es conocida y apreciada por los otros, pero no existen relaciones directas, ni intercambios artísticos. Y yo quisiera aprovechar la onda de la bbc para proponer la iniciativa de que se envíen periódica y regularmente de unos a otros países exposiciones que realicen su función social y estética de establecer contacto directo entre la obra de arte y el espectador lejano».[i]
Se ha hablado de pintura y de fotografía; lo cierto es que la poética estridentista quedará determinada por dichas relaciones. Los poemarios del estridentismo resultan tremendamente visuales, se patentiza la influencia que sobre ellos ejerció el facetado cubista o el divisionismo futurista. La esquina, los ángulos, la yuxtaposición, tan en boga en la pintura de aquel momento, se convierten en piedra angular para unos versos que, precisamente a partir del simultaneísmo, generarán nuevas imágenes.
A propósito de la poética de List Arzubide, Francisco Javier Mora ha afirmado: «A veces, las imágenes se yuxtaponen con extraordinaria solidez formando un entramado metafórico creado con la intención de simultanear determinados estados emocionales que suscita la gran ciudad».[ii] Y precisamente Mora, a partir de la poesía listiana, establece unos parámetros que bien pueden definir algunas de las características más notables de lírica estridentista, sobre todo cuando señala las técnicas antipoéticas, como el uso de números y abreviaturas, el empleo de recursos tomados de los anuncios periodísticos o la frecuencia de extranjerismos.[iii]
La ciudad fue el leitmotiv de todos estos escritores y creadores. La megalópolis como emblema de la contemporaneidad, como imagen de una nueva sociedad y de unos renovados postulados políticos y culturales, llegará a su eclosión en lo que podríamos identificar como el último periodo del estridentismo, es decir, cuando la actividad del grupo se traslada hasta la capital del estado de Veracruz, Xalapa.
Fueron varios los hechos que precipitaron la conversión de la capital veracruzana en la capital del estridentismo. Ya se ha hablado del papel que ocuparían los Contemporáneos en la Ciudad de México y de la consecuente dificultad para que los estridentistas tuvieran la necesaria presencia y repercusión social, también en cuanto al activismo ideológico se refiere. No olvidemos que ambas dimensiones son fundamentales para entender la verdadera vocación que esta vanguardia tiene como agente transformador de la Historia.
A lo dicho no fue ajena la situación del alma mater del grupo, Manuel Maples Arce, quien, concluidos los estudios de Derecho, regresaría a su tierra de origen, Veracruz, en 1925. El mismo año, por cierto, se proclamó el tercer manifiesto estridentista en Zacatecas, en esta ocasión firmado por Salvador Gallardo, Guillermo Rubio, Adolfo Ávila Sánchez y Aldegundo Martínez.
De la mano del gobernador de Veracruz, Heriberto Jara, Maples Arce fue nombrado juez de primera instancia. Poco tiempo después, en 1926, llegaría a ocupar el puesto de secretario general del Gobierno del estado de Veracruz. Qué duda cabe de que a partir de este momento el estridentismo contaría con el apoyo del gobierno de dicho estado. Por ello no es extraño que Maples Arce fuese secundado en Xalapa por lo que bien podríamos considerar el núcleo fundamental de este movimiento: List Arzubide, Gallardo, Leopoldo Méndez, Ramón Alva de la Canal, Enrique Barreiro Tablada, Eduardo Colín y Miguel Aguillón Guzmán.[iv]
La consolidación de los estridentistas en Xalapa coincidió con el lanzamiento de su cuarto y último manifiesto, Chubasco Estridentista, que tuvo lugar en 1926 en Ciudad Victoria, la capital del estado de Tamaulipas, en el marco del iii Congreso Nacional de Estudiantes. El texto no dejaba de ser un homenaje a lo que este grupo había significado en la cultura mexicana. Pero, lo más importante, reparemos en que la iniciativa para la redacción de la proclama procedía no tanto de un grupo de intelectuales como del ámbito estudiantil. En efecto, la semilla del estridentismo había germinado con fuerza entre los más jóvenes. Bien es verdad que este movimiento fue fugaz, pero, de alguna manera, como demuestra el último manifiesto, la realidad estética y cultural mexicana tuvo un antes y un después del estridentismo. El interés generado posteriormente entre la crítica y la historiografía da buena cuenta de la inquietud que el movimiento comandado por Maples Arce despertó, y que, de hecho, sigue generando.
Ciertamente, puede resultar un tanto llamativo que una vanguardia que como tal se había opuesto al poder establecido terminara por aliarse con el mismo para seguir desarrollando su actividad. Sin embargo, no debemos olvidar el ya citado activismo izquierdista de todos sus miembros, activismo que comulgaba con los presupuestos revolucionarios y, por ende, con el gobierno jarista. Tampoco el estridentismo es excepcional en este sentido: recordemos la dispar labor política y social de los futuristas o de los dadaístas una vez concluidas sus respectivas actividades eminentemente artísticas y culturales.
Esta situación de aquiescencia estético-política, como afirma Joy Rashkin, tuvo una evidente repercusión social, hasta el punto de lo que la autora llega a calificar como «estridentización» del estado veracruzano:
«La modernidad se reflejaba en elementos como la defensa de los derechos de los trabajadores; la centralidad de la educación pública, gratuita, racional, laica y activa; el rechazo al dominio ideológico de la Iglesia; y, en general, un programa de corte moderadamente socialista que asumía la posibilidad de racionalizar la sociedad a través de planificación y reformas legislativas, y de controlar, si no eliminar, los intereses capitalistas en beneficio de la mayoría».[v]
El apoyo gubernativo del estado permitió que las actividades y, sobre todo, las publicaciones estridentistas se multiplicasen. Es en este contexto donde surge y se desarrolla el que se convertiría por el momento en el principal órgano difusor del estridentismo tanto a nivel artístico como a nivel político: la revista Horizonte, de la que se llegaron a publicar diez números entre abril de 1926 y mayo de 1927. En sus páginas, evidentemente, se insertaban poemas estridentistas, así como textos pertenecientes no propiamente a autores ligados a esta vanguardia pero sí considerados por aquellos como verdaderamente modernos y renovadores. En las páginas de Horizonte fueron relativamente frecuentes también las reproducciones de obras de algunos de los pintores ya citados, ilustraciones que presentaban evidentes similitudes con la producción artística dimanada del cubismo sintético y del futurismo, amén de algunos aspectos del grabado expresionista; incluso determinadas imágenes ya preconizaban ciertos guiños hacia un ulterior realismo socialista. Desde el punto de vista de la proyección política del estridentismo antes comentada, en las páginas de Horizonte también hallaron acogida algunos textos sobre agricultura e industria, así como reseñas que abordaban algunas iniciativas gubernamentales de carácter social.[vi] Evidentemente, ante los parámetros editoriales de esta revista y la vinculación del estridentismo con el gobierno jarista se plantean ciertas dudas: ¿activismo, propaganda, estética…? Juzgue el propio lector.
Al margen de esta publicación periódica, es también ahora cuando surgen ciertos libros estridentistas de gran relevancia. Simplemente por compendiar algunos ejemplos significativos no citados hasta ahora, podemos destacar de Maples Arce Los poemas interdictos (1927) y el Movimiento social de Veracruz (1927), este último centrado más en la vertiente política del movimiento. Por su parte, Javier Icaza publicó Magnavoz (1926) y List Arzubide, El viajero del vértice (1927) y El movimiento estridentista (1926), primer ensayo que ofrecía una historia –personal y subjetiva, lógicamente– de esta vanguardia. En vísperas del traslado de los estridentistas a Xalapa, en 1925, había visto la luz el Pentagrama eléctrico de Salvador Gallardo.
Xalapa se convirtió durante este periodo en Estridentópolis, esa ciudad soñada, anhelada, en la que los estridentistas volcaban sus afanes estéticos y políticos. Las imágenes gráficas y poéticas de Estridentópolis nos retrotraen a aquella Città Nuova otrora proyectada por el arquitecto futurista Antonio Sant’Elia. A lo largo del presente artículo se ha insistido en varias ocasiones en cómo la ciudad industrial y moderna se convierte en metáfora del ansia renovadora de todos estos creadores. Estéticamente, la urbe del estridentismo no queda muy lejos de los referentes futuristas o incluso de la belleza maquinal de esa megalópolis que podemos encontrar en el Metrópolis, célebre filme de Fritz Lang cuyo desenlace, además, tanto se vincula al activismo ideológico de los estridentistas.[vii] Los medios de transporte, el cableado, los postes eléctricos, las antenas, las fábricas humeantes, la publicidad serán cantadas y loadas por las letras y la pintura del estridentismo como lo será esa masa compuesta por la clase obrera, la gran protagonista de esta urbe, y, por extensión, este orbe renovado. No vamos a insistir más en el protagonismo de la ciudad en la literatura estridentista, suficientemente estudiado por Aragon o Prieto González. Precisamente, la siguiente reflexión del último de los citados nos habla de hasta qué punto la ciudad será nexo de unión y experiencia estética común para la producción pictórica y poética del estridentismo:
«La literatura estridentista empezó a pergeñar Estridentópolis desde el primer momento, es decir, desde la aparición, en 1922, del poemario Andamios interiores, de Maples Arce, libro que tendrá un interesante eco plástico al año siguiente a través del cuadro Andamios exteriores, del pintor Fermín Revueltas. Andamios interiores es el primer libro de poesía mexicana sobre temática urbana y cosmopolita; poesía, por tanto, «acorde con los tiempos». La idea del andamio remite al mundo de la construcción, que no es privativo del medio urbano, pero los poemas se encargan de anclar esa actividad en la ciudad. El primero de ellos, «Prisma», expresa ya en el título el espíritu de la nueva urbe, puesto que la ciudad moderna «deviene prismática, caleidoscópica, eléctrica y veloz». El principio cubista de simultaneidad es un atributo de la urbe moderna: Esquina es el título de un libro de poemas de otro estridentista, Germán List Arzubide, pero es también una palabra que evoca una imagen de simultaneidad, puesto que «nos indica un punto en el espacio desde donde nos es posible percibir de una sola vez diferentes sensaciones».[viii]
En fin, Estridentópolis sólo fue un sueño que se desvaneció tras una serie de conflictos que avocaron al derrocamiento del gobierno de Heriberto Jara en septiembre de 1927, fecha que, consecuentemente, marca el fin del estridentismo como realidad y el inicio del estridentismo como mito.
En estas páginas tan sólo hemos querido ofrecer un acercamiento global al estridentismo sin la intención de ser exhaustivos, pues la intensidad de los acontecimientos históricos y estéticos que en tan breve espacio de tiempo generó esta vanguardia mexicana, así como la literatura historiográfica que ha generado a posteriori y que supera ampliamente en cantidad a la del propio Maples Arce, lo imposibilitarían.