El 23 de febrero de 1920, se celebraron elecciones en Barcelona para nombrar a un secretario de la Asociación de la Prensa Diaria en Barcelona. En aquellos años, nuestro autor también colaboraba esporádicamente para Las Noticias. El elegido fue Eugenio d’Ors. Fue el último cargo que desempeñó en su ciudad natal antes de partir unos meses hacia Argentina y antes de establecerse definitivamente en Madrid. Como secretario primero de la Asociación de la Prensa Diaria, fundó la Biblioteca del Pueblo, sostenida por la Asociación de la Prensa de Barcelona, instalada en el número 13 de la calle Canuda, muy cerca del Ateneu, e inaugurada por José María Francos Rodríguez el 26 de febrero de 1922.

El Glosario desembarca en ABC el 16 de mayo de 1923. Posiblemente fuera Azorín quien ayudara a D’Ors en su nueva etapa de reinstalación cultural. En la empresa de Torcuato Luca de Tena, Prensa Española, D’Ors encontrará un medio favorable a sus intereses económicos. No podemos olvidar que, en ningún momento de su vida, D’Ors dejó de vivir, fundamentalmente, de sus columnas periodísticas. En enero de 1925, ampliaba su presencia en la casa iniciando la serie «Calendario y lunario. La vida breve. Por un ingenio de esta corte», que se fue publicando en Blanco y Negro. Esta serie fue sustituida en junio de 1929 por «Monitor estético y gran museo del mundo».

Torcuato Luca de Tena murió en abril de 1929. Su hijo Juan Ignacio tomó las riendas de la empresa. El 30 de abril de 1931, las glosas dejaron de aparecer en ABC y las condiciones de trabajo de D’Ors cambiaron. El 17 de enero de 1931, Juan Ignacio Luca de Tena ofrecía al escritor la posibilidad de publicar cinco glosas al mes en ABC. Los textos iban a aparecer cada jueves. El 3 de marzo, el empresario extendía la oferta a Blanco y Negro. D’Ors empezó a publicar allí su sección fija «La vida breve». Esta serie se firmó con el seudónimo Monitor, que utilizó, asimismo, a veces en ABC, aplicado a la serie «El gran teatro del mundo».

En la revista Nuevo Mundo, D’Ors fue publicando sus clarinianos «paliques». El primero se publicó el 23 de junio de 1922 y el último, el 5 de julio de 1929. El autor ya vivía en París, desde 1927, ejerciendo una embajada cultural. Aunque mantenía buenas relaciones con la dictadura, parece que Madrid también se le había quedado pequeño. Para tomarle el pulso al periodismo orsiano de esta época, es fundamental acudir a la reedición de los paliques que fue publicada por Áltera en el año 2006, así como al fabuloso volumen que se tituló Teatro, títeres y toros. Exégesis lúdica con una prórroga deportiva, editado, asimismo, en 2006, por Renacimiento.

Cuando llegó la Segunda República, D’Ors se alineó con la derecha católica antidemocrática. Mantuvo una entrevista con el nuncio papal, Tedeschini, y trasladó el glosario a El Debate (junio de 1932). Duró allí tres años, hasta que las tareas parisinas del autor pudieron impedir que continuara colaborando con tanta asiduidad para un medio madrileño. El glosario no se restauró plenamente hasta empezada la Guerra Civil. Y anduvo instalado en muy diversas publicaciones: en ABC entre el 16 de mayo de 1923 y el 9 de mayo de 1931; en La Voz de España, de San Sebastián, entre el 8 de diciembre de 1938 y el 31 de marzo de 1939; en Amanecer, de Zaragoza, entre el 12 de diciembre de 1939 y el 2 de enero de 1940; en La Vanguardia, del 1 de febrero al 14 de abril de 1940; en Tajo, entre el 15 de junio y el 27 de julio de 1940; en Tarea, del 7 de diciembre de 1940 al 26 de abril de 1941; en la revista Destino, entre el 22 de febrero y el 28 de junio de 1941; y en Santo y Seña, de Madrid, entre el 5 de octubre y el 24 de noviembre de 1941. Asombroso nomadismo del glosario, que no ha sido explicado con razones satisfactorias. Al colaborar D’Ors con la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, es posible que sus superiores intentaran dispersar los glosarios para multiplicar su poder de propaganda.

Entre 1932 y 1936, D’Ors dirigió la Revista Española de Arte, publicación que hasta ese momento se había llamado Arte Español. Aparecía cuatro veces al año y tenía la sede en el número 20 del paseo de Recoletos. En el primer número, de marzo de 1932, D’Ors publicaba su trabajo «Arte portugués», parte esencial del futuro libro Lo barroco; en el segundo, de junio del mismo año, escribía sobre uno de sus pintores predilectos, Mario Tozzi. Ensayo que concluiría en el tercer número, de septiembre. Esta labor de escritura y dirección también resulta fundamental para entender la trayectoria del autor, definitivamente inclinado hacia la crítica artística, género en el que era imbatible. Cuando se repite hasta la saciedad que entre D’Ors y Ortega mediaba una relación de rivalidad, o incluso de enemistad, debe entenderse que D’Ors fue alejándose de los ámbitos en que señoreaba Ortega para ocuparse del tipo de crítica para la que Ortega no estaba tan bien dotado.

Entre el 4 de junio y el 16 de julio de 1936, D’Ors publicó algunos artículos en La Vanguardia. Se trata de «El ángel y el espejo», «Jornadas portuguesas», «De Salazar a Prisciliano», «Exámenes», «París se enciende», «Que se enciende París» y «Ministerio de conversación». Fueron a parar al volumen tercero del Nuevo glosario (1949). Esta breve reaparición se vio interrumpida por la Guerra Civil. En general, el D’Ors central, el que va desde su establecimiento definitivo en Madrid hasta 1937, es el menos conocido por la crítica.

 

LA POSGUERRA
Durante los años treinta, el Glosario fue un Guadiana. En verano de 1937, D’Ors viajó desde París hasta Pamplona, deseoso de resultar útil para el bando en el que combatían sus tres hijos. Se puso a las órdenes del sacerdote Fermín Yzurdiaga, responsable de Prensa y Propaganda (y también ferviente admirador del glosador). El Glosario, pues, que llevaba dos años sin ver la luz, reaparece en 1937 en las páginas de ¡Arriba España! Son algunas de las glosas y crónicas del volumen La tradición, publicado en 1939. Estamos ante el libro más fascista de D’Ors, perfectamente acomodado al contexto bélico. Afirma Varela que el autor no fue estrictamente fascista: esto carece de cualquier tipo de fundamento. D’Ors no sólo fue explícitamente fascista, sino que, además, inspiró a todos los fundadores de la versión española del fascismo: la impronta orsiana sobre José Antonio Primo de Rivera, Ernesto Giménez Caballero, Ramiro Ledesma Ramos, Fermín Yzurdiaga, Dionisio Ridruejo, Antonio Tovar o Pedro Laín, como la de Maeztu, es inmensa. El sustrato ideológico maurrasiano lo predispuso a ello.

Con el paso de los años, la capacidad de D’Ors por multiplicar sus colaboraciones en prensa no dejó de aumentar. Desde el 24 de marzo de 1941, se publica la sección «Estilo y cifra» en La Vanguardia barcelonesa. Entre 1939 y el año de su muerte, los responsables de Prensa y Propaganda del Movimiento no dejan de encargarle trabajos. Por ejemplo, Juan Aparicio, delegado nacional de Prensa entre 1941 y 1945, lo anima a escribir sobre arte español y busca acomodo para sus textos. Como antes lo había hecho José María Alfaro, subsecretario de Prensa y Propaganda hasta octubre de 1940. D’Ors colabora, asimismo, en Escorial y en Cuadernos para el Diálogo. Su relación con los prohombres del régimen que apuestan por cierto posibilismo católico (Laín, Aranguren, el Ridruejo de transición y, sobre todo, el ministro Ruiz Giménez, como evidencian los epistolarios conservados en Sant Cugat) ven en él un superviviente de la cultura liberal y buscan su trato y su escritura como modelo reformista dentro de los límites impuestos (y asumidos) por la dictadura. D’Ors es el intelectual más importante de las dos primeras décadas del franquismo. Es el eslabón que permitió conservar la memoria de las vanguardias estéticas durante los años cuarenta.

Entre el 18 de mayo de 1941 y el 18 de enero de 1942, D’Ors colaboró en la revista Primer Plano. Revista Española de Cinematografía con un total de siete haces de glosas sobre «civilización visual», algo que entroncaba muy bien con su filosofía basada en imágenes. El Novísimo glosario fue viendo la luz en el periódico Arriba entre el 2 de abril de 1944 y el 21 de enero de 1951. Para conocer estas colecciones es una referencia obligada la página web panorámica preparada por Pía d’Ors y la Universidad de Navarra, que reconstruye buena parte de la trayectoria periodística del glosador.

Para el periodismo orsiano de esta época contamos también con otro instrumento de lujo: la edición del Último glosario, a cargo de Ángel d’Ors y Alicia García y la editorial Comares. Helvecia y los lobos (1997) recoge las glosas de Arriba de 1946. De la ermita al Finisterre (1998), las de 1947. El cuadrivio itinerante (2000), las de 1948. El designio y la ensalada (2002) —¡qué genial título!—, las de 1949. Y, por último, El guante impar (2002), las de 1950 y enero de 1951. Si detallamos esta iniciativa fundamental, es para romper un tópico que se ha venido repitiendo hasta la saciedad, según el cual Eugenio d’Ors era un escritor totalmente acabado en sus últimos años. Invito al lector a que frecuente estos últimos glosarios: el escritor podía ser una figura enferma e histriónica, pero no me cabe la menor duda de que continuaba siendo un periodista mentalmente en forma, y dotado de una capacidad especial para el periodismo cultural. Otra cuestión es si había cambiado de temas. Cojamos una glosa cualquiera, por ejemplo, la del jueves 24 de enero de 1946. Tema: «El ejemplo del coleccionista que se adelanta al museo». Personajes, los de siempre: los pintores Fortuny, Zuloaga, el Greco, Velázquez, Delacroix, Solana, Cézanne… La del sábado 6 de mayo de 1950, sobre la naturaleza y la función ideal de los museos. El Glosario avanzaba en espiral revisitando distintos frentes fijos, desde 1906. La «heliomaquia» fue una larga guerra de desgaste contra la ignorancia y los lugares comunes. Una lucha por la dignificación de la crítica y el oficio de periodista.

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