Así, entre los artículos en que González-Ruano recoge los cambios de la fisonomía urbana de Barcelona hallamos textos que se integran de forma clara dentro de un «costumbrismo retrospectivo», según sintagma de Correa Calderón. Noticias como la demolición del teatro-circo Olimpia, después de más de veinte años de espectáculos en la esquina de la ronda San Pablo con Aldana; o la sustitución del funicular del Tibidabo, recogidas en los artículos de La Vanguardia «El canto de la piqueta» (16 de febrero de 1947) o «El viejo funicular» (17 de abril de 1956), le hacen reconocer a Ruano: «No podemos remediar que el alma sensible, y tal vez un poco boba, de los escritores sufra de vez en cuando con noticias así» («El viejo funicular», La Vanguardia, 17 de abril de 1956).
Junto con estas crónicas, caracterizadas por el tono de lamento, debido a la pérdida de unos lugares u objetos que están cargados de la historia personal y colectiva, y que convierten a la memoria en «huésped de unas ciudades desconocidas elevadas en el área familiar de nuestros más entrañables recuerdos» («El canto de la piqueta», La Vanguardia, 16 de febrero de 1947), Ruano nos ofrece otros artículos estructurados a partir de la creencia en la necesidad de modernizar los espacios y la arquitectura de Barcelona. Alguno de ellos puede sorprender si se tiene en cuenta el casticismo llorón relatado hasta ahora, como su elogio al arquitecto Francisco Ferrer, el hombre conocido por haber «mandado fusilar a las malas mujeres con el pelo suelto […], haber roto los terribles jarrones novecentistas […], haber segado el cuello de tantas flores del mal» («Contra las flores del mal», La Vanguardia, 31 de marzo de 1944), que alude a sus trabajos en la casa Lleó Morera, que Ruano concibe, a pesar de todo, como un ejemplo positivo de asimilación europea de la decoración. Quizá se explican mejor sus hasta cuatro artículos dedicados a la inauguración del primer tramo del paseo marítimo de Barcelona en febrero de 1959,[xiv] cuya necesidad para la ciudad el escritor había referido con anterioridad en varias ocasiones. Entusiasmado con aquel primer tramo, González-Ruano futurizaba la estampa de Barcelona cuando contara con los cinco kilómetros que preveía el proyecto, con su construcción de viviendas, tiendas, zonas verdes, y lo que el escritor consideraba más relevante: «Edificios que cubran algunas casas feas de la Barceloneta» («En la encendida víspera. [Más sobre el paseo marítimo]», La Vanguardia, 14 de febrero de 1959):
[…] no podemos regatear nuestro aplauso a esos edificios-pantalla que oculten lo feo de algunas casas: los gasómetros de «La Catalana», la factoría de «la Maquinista» y el hospital de infecciosos. Una cosa es que ciertos aspectos del casticismo puedan incluso divertir en una tournée des grand ducs, y sobre todo que tengan un derecho vital de existencia, y otra que su visión hubiese sido forzosa. Conformes en que también las casas tienen su corazoncito, pero cuidado —¡gran cuidado!— con esas ropas tendidas, con esos niños que juegan al toro o al fútbol, con esa cochambre que ha sido, por ejemplo, el mayor lastre de Nápoles, y que si a veces tiene gracia otras veces puede no tener maldita la gracia («El Paseo. Inauguración oficial y emoción oficiosa», Blanco y Negro, 21 de febrero de 1959).
Al tiempo que se detenía en celebrar que se ocultara aquello que afeaba la estética de la ciudad, Ruano nos aclaraba qué entendía por casticismo.
De una manera u otra, Barcelona no dejó nunca de ser fuente de inspiración y objeto literario para la «obra en marcha» de César González-Ruano. A pesar de la necesidad, casi imperiosa, de abandonar definitivamente el aparente retiro sitgetano, por las consecuencias terribles que para su salud tuvo la sucesión vertiginosa —ya fuera en Barcelona o en su casa de Sitges— de los largos encuentros nocturnos rociados de alcohol, Ruano siempre volvió. A pesar de que «es siempre peligroso volver sobre las tierras, sobre las gentes, sobre las cosas», el escritor sintió en cada vuelta «el pulso de los años pasados», un regreso a casa inalterable. Aún en 1960, cuando contaba con múltiples viajes a Barcelona a sus espaldas, confesaba: «Es una pena irse. Barcelona me sabe siempre a poco».[xv]
Universitat de Barcelona
[i] Así ocurre con los procesos de idealización o poetización que subyacen en las recreaciones que realiza Ruano del barrio Chino, por ejemplo, fruto de una mirada de flâneur noctívago y curioso que se acerca literariamente, casi folclóricamente, a un barrio degradado.
[ii] Sus bases han sido asentadas, principalmente, por Westphal y Tally. Cf., por ejemplo, Bertrand Westphal (2007): La Géocritique. Réel, fiction, espace, París, Les Éditions de Minuit, y Robert T. Tally (2011): Geocritical Explorations: Space, Place and Mapping in Literary and Cultural Studies, Nueva York, Palgrave Macmillan.
[iii] Luis Romero y Català-Roca, Barcelona (1954); Manuel Vigil, Barcelona de nuevo (1958); Sempronio, Los barceloneses (1959) y Minutero barcelonés (1963); Rafael Manzano, sección de Barcelona en Revista.
[iv] Con el título «Otra vez en Madrid», aparecido el 16 de septiembre de 1947, González-Ruano anunciaba su llegada en un diario madrileño (Madrid).
[v] El 4 de enero de 1959, por ejemplo, dejaba escrito en las páginas de La Vanguardia, en uno de sus viajes a Barcelona: «Al escritor le gusta Barcelona. Cree que ama a Barcelona. Exactamente, y empleando la muy precisa —en Barcelona todo es más preciso que precioso— expresión de su idioma, el escritor la “estima”» («Intimidad de Barcelona», La Vanguardia, 4 de enero de 1959).
[vi] Tomo prestado el sintagma de Eric Marty, que lo utiliza como título de su estudio de 1985 (L’écriture du jour. Le «Journal» d’André Gide. París, Éditions du Seuil, 1985).
[vii] La edición fue objeto de un homenaje el 18 de noviembre que la ciudad de Sitges le brindó al escritor con motivo de la compra del Ayuntamiento de un ejemplar para la biblioteca de Sitges. En dicho homenaje, el propio Masoliver hizo un estudio-disertación sobre la poesía de González-Ruano.
[viii] Ya a partir del segundo número el título fue, con un ligero cambio, Revista. Semanario de Información, Artes y Letras.
[ix] Todas las novelas cortas de ambos volúmenes fueron republicadas por Ediciones G. P. (Germán Plaza) de Barcelona en la Enciclopedia Pulga. En esta misma editorial, en la colección Quién Fue, verían la luz las reediciones de sus biografías sobre Miguel de Unamuno (1954), Mata Hari (1958) y el general Primo de Rivera (1959). El año 1946 fue altamente productivo para Ruano, que vio cómo la editorial Amigos del Libro, dirigida por el amigo Carlos Mir y Paul Meunier, publicaba su obra en colaboración con el pintor José Miguel Serrano, Un día de Tiberio en Capri, verdadera edición de bibliófilo. Por otra parte, fue el año también de una ambiciosa Antología de poetas españoles contemporáneos, publicada por Gustavo Gili, y que Revista no dudó en promocionar desde sus páginas.
[x] Como la vez que necesitado de descanso se alojó en casa del poeta Emilio Miñambres, situada en el paseo de Nuestra Señora del Coll, lejos de las callejuelas y rincones de su Barcelona, la nuit, «para alejar tentación de Ramblas» («Salutación de marzo en Barcelona», La Vanguardia, 13 de marzo de 1951).
[xi] La mayor parte de artículos vertebrados en torno a las Ramblas aparecieron de manera natural en La Vanguardia. Algunos de ellos son «Ramblear» (25 de abril de 1954), «Cuidado con las Ramblas» (9 de enero de 1959), «el problema y el hombre: La cuesta de febrero» (8 de febrero de 1963), «el tema y el hombre: También vosotras» (29 de febrero de 1964).
[xii] Cf. «Vida de los poetas en Barcelona» (Madrid, 26 de mayo de 1945) y «Proclamación de Camilo José Cela en Barcelona» (Madrid, 27 de noviembre de 1945), glosa y recuerdo de la visita de Camilo José Cela a Barcelona, incluida la noche «baudelairiana» en la casa de Ruano en Sitges.
[xiii] Cf. González-Ruano, «La otra Barcelona. Comedia del barrio Chino» (12 de enero de 1930), Crónica, una literaturización del barrio Chino que se aleja de las imágenes realistas y crudas del lugar a la altura de los años veinte presentes en historias del barrio Chino más o menos recientes, como la de Augusto Pasquer (1962) o la de Paco Villar (2009).
[xiv] «El paseo marítimo de Barcelona» (La Vanguardia, 8 de febrero de 1959); «En la encendida víspera. (Más sobre el paseo marítimo)» (La Vanguardia, 14 de febrero de 1959); «El paseo. Inauguración oficial y emoción oficiosa» (Blanco y Negro, 21 de febrero de 1959), reescritura-refrito del artículo de La Vanguardia publicado el 14 del mismo mes; «Requiebros para Carmen Amaya» (La Vanguardia, 20 de octubre de 1959).
[xv] Cf. «Cuando el que viene ya estaba y el que viene no se va» (26 de noviembre de 1950) y «Nieve en Barcelona» (12 de enero de 1960), ambos publicados en La Vanguardia.
[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]BIBLIOGRAFÍA
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