POR LAURA FREIXAS

2001

2 de octubre

Ayer releí por encima el diario que llevé en febrero y marzo del 83. Me sorprendió el cambio de lengua: catalán, español, francés, inglés —entre catalán y castellano no sé si hay algún criterio, pero el francés lo usé para distanciarme de lo que estaba viviendo y el inglés, cuando ya lo que vivía me dolía demasiado y la distancia era una necesidad vital—.

Me sorprendió también encontrar al principio una actitud alegre y cariñosa hacia X.; la tenía olvidada y me va a ser muy difícil resucitarla para la novela. Me sorprendió, asimismo, lo rápido que fue todo: en un mes, o dos escasos, pasé del amor y entrega totales a sentirme herida y hostil… Tendría que releer, a ver cuándo y cómo y por qué ese cambio (entre otras cosas, ocurre que él promete que nos veremos y luego lo anula, varias veces).

Luego releí un reencuentro con él en el 90, con dos frases inolvidables y que, sin embargo, no recordaba: «Nunca conseguiste que te dijera que te quería» (pero qué idiota…, como si yo hubiera estado intentando exprimirle esa confesión; no lo pensé nunca; además, es mentira que no me lo dijera…; aunque hoy me reiría y le contestaría: «Pues qué suerte, porque imagínate que me lo hubieras dicho y que yo me lo hubiera creído»…) y que «el noventa y siete por ciento» (no el noventa y cinco ni el noventa y nueve, sino precisamente el noventa y siete) de los recuerdos que tenía de mí eran eróticos.

 

2002

12 de enero

Estoy pensando en publicar mucho más adelante parte de mi diario. Podría ser el de la calle del Pez. Suena bien como título, y fueron tres años cruciales: maternidad, calvario de mi primera novela, escritura de la segunda y un barrio de Madrid que para mí es una isla y como un paréntesis en mi vida. Quizá con comentarios desde la actualidad (el yo de hoy analiza al yo de antaño; un tema muy mío por otra parte), intervenciones en cursiva.

 

14 de enero

No, no sé si es una buena idea hacer acotaciones desde la actualidad; quizá equivale a usurpar el lugar del lector.

 

2003

6 de junio

Hoy pensaba en eso que escribe Sylvia Plath en su diario: «Algún día mientras doy el biberón al bebé o frío unos huevos —para los “genios bebiendo ginebra en la cocina” de los que habla en algún momento—, cogeré algo de Joyce o de Kafka y sentiré nostalgia, veré esas mentes que me han dejado atrás»… Siento nostalgia de la riqueza intelectual que podría estar atesorando y haciendo fructificar si tuviera más libertad. Durante mucho tiempo pensé que la maternidad me daba otra cosa tan valiosa o más: me completaba como persona. Pero ahora tengo la impresión de que en vez de ese enriquecimiento humano lo que me encuentro es con toneladas de prosa insípida, insignificante, sin emoción ni sentido: gestionar la tintorería, la jardinería, las obras, el aire acondicionado, el IRPF, los billetes de avión…

 

6 de agosto

Cuando por fin esté en marcha el proceso de separación, voy a cogerme un fin de semana y leerme de un tirón los diarios de los últimos años. Tengo una gran curiosidad por ver, ahora, toda esa etapa desde fuera.

 

4 de septiembre

De todas las formas posibles de literatura autobiográfica, o de toda la gama que va de la novela con narrador omnisciente estilo decimonónico a esa especie de vómito que es (la novela de Christine Angot) Sujet Angot, pasando por todas las variantes: el diario, la confesión, la «autoficción», la autobiografía, etcétera, creo que la que más me convence, en la que me siento más cómoda, es en la practicada por Jean Rhys: novelas autobiográficas, pero novelas —con argumento, relato, personajes; la vida (materia prima) pasada a limpio—. O como la de Olivier Rolin, Tigre en papier. Mejor eso que lo de Camille Laurens o Annie Ernaux. Aunque sólo sea porque exponerse una así al público me resultaría incómodo, y exponer a los demás sin su consentimiento —como ha hecho Camille Laurens con su marido (que, por cierto, ha perdido el juicio que le puso por «atteinte à la vie privée») o Ernaux con su amante ruso—, ilegítimo.

 

22 de septiembre

A veces hojeo al azar el diario de años anteriores y me quedo espantada: nada está claro, ninguna conclusión se impone, nada se ve venir…

 

19 de octubre

Me levanté desanimada. Creo que me influye el haber vuelto a hojear el diario de Rosa Chacel, esa vida tristísima, temo que me pase lo mismo: confiar demasiado en un reconocimiento futuro y que éste no llegue o sea decepcionante («La charca de decepción y fracaso en la que vivo», escribe en su vejez).

 

2004

26 de febrero

Me gustaría publicar el diario —«¡No escribáis poemas, novelas, eso caerá en el olvido! ¡Llevad un diario!», arengaba ayer Lejeune al público—, de forma periódica, pero tengo que decidir varias cosas:

– Qué quito, dónde pongo la frontera de mi intimidad (que, evidentemente, quiero poner, para protegerme, para tener algo mío y nada más; y también por los derechos ajenos).

– Cómo incluyo personajes sin que sean reconocibles, mejor dicho, de tal modo que lo sean para el lector (en tanto que personajes con una coherencia interna en sus distintas apariciones), pero no para los interesados, o no para el público en el sentido de identificarlos con nombres y apellidos.

– Cómo divido los diarios (por años sería lo más sencillo, aunque eso produciría extensiones muy desiguales) y cómo los titulo (¿por la fecha?, ¿por el nombre de la calle en que vivía?, ¿por un título?…).

 

2005

15 de julio

Charlando con Anna Caballé después de mi conferencia (hablé de «madre escritora, hija de papel: historia de una vocación»), observamos que los escritos autobiográficos de escritoras españolas actuales adolecen de idealización, de triunfalismo, de superficialidad. Ningún conflicto, ninguna vulnerabilidad. Todo color de rosa. Según Anna, porque «su inserción en la vida literaria es demasiado precaria». Tengo que pensarlo mejor, para no caer en lo mismo. La única, coincidimos Anna y yo comiendo, que hace otra cosa es Chacel en su diario.

 

16 de julio

Cuadernos de todo, de Carmen Martín Gaite: al principio, misógino y rancio; luego ya no, pero deslavazado y, como muchos diarios, demasiadas cosas incomprensibles para el lector, porque son sólo notas. Aunque hay buenos pasajes, sobre todo de narración y descripción; las reflexiones me aburren un poco más. Y admiro lo mucho y bueno que lee, en dos o tres lenguas. Y su arrojo en irse a Estados Unidos. Me ha hecho gracia ver cómo se parecen sus viajes americanos a los míos: clases en las mismas universidades, a veces invitadas por las mismas profesoras. Me extraña que nunca hable de amor o seducción. Tiene una gran vida social, muchos amigos, curiosidad por la gente, pero parece faltar la dimensión erótica.

 

2006

30 de noviembre

En Barcelona comí con Anna Caballé, interesante como siempre, y hablamos de diarios. Le reprocha a casi todos los diarios españoles que se están publicando que en ellos el autor «construye un personaje», el cual «siempre tiene razón» y «no hay conflicto». Muy cierto.

 

2007

26 de junio

Acabo de leer el diario de José Antonio Gabriel y Galán. Me ha gustado y conmovido mucho, es un hombre lúcido que tiene el valor y la inteligencia de entenderse a sí mismo, y la honradez y valentía de dejar por escrito, de confesar, aunque sólo fuera a sí mismo, sus debilidades, y de ir a ver a un psicoanalista. (Hay un momento en que a quien va a ver es un psiquiatra; y es para llevarse las manos a la cabeza: el tipo, por ejemplo, le dice que tiene toda la razón de estar resentido porque en una revista literaria no lo nombran y le aconseja que exprese su furia ¡¡¡rompiendo la revista!!!). Yo recuerdo haberlo visto una sola vez: era un acto literario y él estaba sentado en la última fila; tan visiblemente débil y enfermo que daba angustia.

 

2008

7 de enero

Me pregunto qué argumento tiene mi diario, o sea, mi vida. (Si es un buen diario tiene que reflejarla a un nivel lo bastante profundo como para ser un primer paso hacia su interpretación). Yo creo que es la conquista de la felicidad a través de la autenticidad…

 

22 de marzo

Leo el diario de Max Aub. Supongo que es la obra suya que quedará, por su autenticidad. Es muy triste —por el exilio, la amargura, el fracaso, los otros exiliados que van muriendo, el padre que muere, la madre que muere, sin haberlos vuelto a ver o casi, los sobrinos a los que no conoce, el aislamiento…—, como el de Rosa Chacel. Sin embargo, tiene una dignidad y una lucidez que inspiran respeto y hay en estas páginas una verdad humana que les da vida.

 

26 de abril

He entrado en el archivo «Diario 2007», he buscado la palabra «feliz» y aparece muchas veces. Sí, no cabe duda, desde que me divorcié, me vine a Chueca, empecé mi nueva vida, soy muy feliz. En cambio, he buscado en el de 2002 y las pocas veces que sale la palabra «feliz» es referida a otros (y, si es a mí, referida a la escritura).

 

28 de abril

Leo el diario de Christa Wolf. Original idea la de escribirlo un solo día —el mismo, 27 de septiembre— todos los años, durante cuarenta años. Interesante, una mujer reflexiva, profunda, comprometida con sus ideas… (y se ve que la división entre adeptos al régimen y disidentes no era tan clara como puede parecer). Las dos preguntas que me hago siempre ante un diario: ¿es cotidiano? ¿Es íntimo? Cotidiano, sí. Hasta cuenta lo que cocina, y por cierto que me suena exótico: jugo de saúco, albóndigas de cereales… Íntimo…, sí, habla de su marido, de sus hijas, de sus pensamientos, de sus preocupaciones, de su obra…, pero es una intimidad seca, abstracta. No tiene ni asomo de sensualidad ni poesía. Un poco demasiado intelectual para mí.

Veo, por su ejemplo, que, si se tiene éxito, se termina dedicando más tiempo y energía a hacer de administrador de la propia obra ya creada, gestor del pasado, que de creador. Y realmente es mejor estar en la otra etapa, la de la creación. Aunque sea al precio de la incertidumbre sobre la acogida que tendrá.

 

8 de mayo

Escuchando el disco que me he comprado de Satie veo que tocadas en el piano, las Gymnopédies y las Gnossiennes son maravillosas, pero, en cambio, con orquesta —como las tocan al final— quedan de lo más banal. Es como si escribes la misma historia en tu diario o en una carta o en una novela, el efecto es completamente distinto. Siempre me ha parecido que el género era una decisión crucial y muy poco explorada. Otra reflexión sobre Satie: toda una vida dedicada a la música, para escribir unos pocos minutos de música que sobrevive al tiempo. ¿Vale la pena? Sí, por supuesto.

 

28 de septiembre

Si alguna vez publico el diario, habrá que hacer tres tipos de corte (que se comerán al menos la mitad del texto). Uno está muy claro: las alusiones (al menos aquellas que no les gustarían) a personas fácilmente reconocibles: padres, hijos, marido, exmarido… Los otros dos son extremos opuestos: los pasajes que pondrían demasiado en evidencia lo doloroso, lo vulnerable, los fracasos íntimos… y los que podrían, al contrario, parecer presuntuosos, exhibicionistas. Ah, y me olvidaba lo que de manera convencional se llama «íntimo»: sexualidad, sobre todo. Pero para mí lo verdaderamente íntimo es, como decía Éric Marty en su prólogo al diario de Gide, «la mirada de uno sobre uno mismo».

 

1 de diciembre

Preparo el prólogo al diario de Barbey d’Aurevilly, sin dejar de preguntarme: ¿cuántos lectores habrá en este país para las seiscientas páginas del diario de un oscuro dandy francés decimonónico, reaccionario, católico y escandaloso, que escribe (en sus novelas) cosas como una pelea nocturna entre una mujer y su esposo, en que se arrojan uno a otro el corazón embalsamado de su hijito muerto, del que la madre confiesa a su marido que no era hijo suyo, sino de un amante al que ocultó en un armario —sic—, y el marido la castiga introduciéndole una barra de lacre —supongo que ardiendo— por «allí donde había pecado»?

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