3. EL SIGLO XXI
El nuevo milenio llegó al Perú junto con el retorno a la democracia, la modernización y globalización y un inesperado crecimiento económico, que permitió reducir radicalmente el porcentaje de la población en situación de pobreza. Sin embargo, la grave crisis que atravesó el país a fines del siglo xx, especialmente la violencia política, se convirtió en el tema dominante de la novela peruana. Hubo también un renacimiento de la novela histórica y aparecieron nuevos nombres que se sumaron a los de aquellos narradores que iniciaron su obra en el siglo anterior.

 

3.1. LOS NOVELISTAS MAYORES

Mario Vargas Llosa inició el siglo entregando un viejo proyecto suyo: El paraíso en la otra esquina (2003), novela basada en las vidas de la pensadora socialista Flora Tristán (1803-1844) y el pintor Paul Gauguin, ambos franceses y con ancestros peruanos. Un libro que la crítica suele considerar entre las obras menos logradas de Vargas Llosa. Mucha mejor recepción tuvo Travesuras de la niña mala (2006), que puede leerse, simplemente, como una fascinante historia de amor y de aventuras o como una revisión, más irreverente y cáustica que reflexiva o rigurosa, de temas como el exilio, la historia peruana de las últimas décadas, los límites entre la realidad y la ficción y hasta el propio lenguaje, a partir del cual definen sus identidades los dos protagonistas. Además, tiene un aspecto testimonial, pues Vargas Llosa traslada a la ficción momentos importantes de la historia reciente, que él vivió muy de cerca. En suma, una muy buena novela, un divertimento literario en la línea de Los cuadernos de don Rigoberto, pero más logrado.

Mario Vargas Llosa obtuvo el Premio Nobel de Literatura 2010 y ese mismo año publicó El sueño del celta, que recrea la vida de Roger Casement (1864-1916), héroe nacionalista irlandés, además de testigo de las atrocidades —y uno de los primeros en denunciarlas— cometidas en África y América por las empresas recolectoras de caucho. A pesar del minucioso trabajo de documentación y los enormes recursos literarios desplegados por el autor, el relato se vuelve —en algunas páginas— demasiado moralizante, enfático y reiterativo. No obstante, esta novela es muy superior a las dos últimas publicadas por Vargas Llosa: El héroe discreto (2013) y Cinco esquinas (2016), ambas ambientadas en el Perú actual, y en las que ya se nota una falta de sintonía y un creciente desconocimiento de la realidad peruana de hoy.

Alfredo Bryce inició el siglo con una serie de problemas (incluida la acusación de plagio de artículos periodísticos) y su obra no ha estado a la altura de aquella que publicó en el siglo xx. Las novelas El huerto de mi amada (2002) y Las obras infames de Pancho Marambio (2007) son, sin lugar a dudas, los puntos más bajos de una narrativa que tuvo una franca mejoría con la novela Dándole pena a la tristeza (2012), en la que vuelve a su tema más propicio: la decadencia de la vieja oligarquía limeña. Y lo hace contando, con su peculiar desmesura, la historia de cuatro generaciones de la familia De Ontañeta, que abarca todo el siglo xx, desde el patriarca Tadeo (empresario minero) hasta José Ramón, dueño del Banco Internacional del Perú. En esta época también Bryce publicó su interesante libro de memorias Permiso para vivir (1993).

Eduardo González Viaña (La Libertad, 1941) es autor de Sarita Colonia viene volando (1990), una novela cercana al realismo mágico y emblemática de inicios de los años noventa. Poco después se marchó a Estados Unidos, desde donde comenzó a publicar una serie de relatos sobre los migrantes latinoamericanos en el país del norte, en la línea, asimismo, del realismo mágico, que lo hicieron ganar varios premios y reconocimientos internacionales. Las más destacas de esas novelas son El corrido de Dante (2006) y El camino de Santiago (2017).

Carlos Calderón Fajardo (Juliaca, 1946-Lima, 2015) también fue autor de una novela de culto a inicios de los años noventa: La conciencia del límite último (1990). Pasaría después una larga temporada fuera del país y, a su regreso, comenzó a publicar una interesante serie de libros de narrativa, entre los que destacan la novela La conquista de la plenitud (2001), un relato histórico en el que uno de los personajes principales es el héroe nacional Miguel Grau (1834-1879); y El fantasma nostálgico (2013), una novela que abordaba, desde el más puro realismo mágico, las consecuencias de la violencia política en el Perú de finales del siglo xx.

Alonso Cueto sigue tan productivo como en los noventa y ya lleva publicadas en el nuevo siglo una decena de novelas. Entre ellas destacan Grandes miradas (2003), un prolijo retrato de la corrupción imperante durante el Gobierno de Alberto Fujimori; La hora azul (2005), la historia de un exitoso abogado limeño, quien repentinamente tiene que enfrentar las consecuencias de las atrocidades cometidas por su padre, militar responsable de un cuartel en Ayacucho a mediados de los años ochenta; y El susurro de la mujer ballena (2007), una original incursión en el universo emocional femenino y una revisión de uno de los temas centrales en esta narrativa: el peso del pasado y la culpa, ya sea individual o colectiva.

 

3.2. LA NOVELA DE LA VIOLENCIA

Como se puede apreciar en los anteriores párrafos, a mediados de la primera década del siglo la violencia política de los años ochenta y noventa se había vuelto un tema dominante en la narrativa peruana. Algunos escritores que iniciaron sus obras en el siglo pasado, y que tenían experiencias personales relacionadas con la violencia, encontraron en el interés de los lectores y las editoriales por este tema una posibilidad de potenciar su obra.

Ése fue el caso José de Piérola (Lima, 1961), quien tras figurar como finalista en varios concursos de narrativa obtuvo el Premio de Novela Corta del Banco Central de Reserva con Un beso de invierno (2001), la primera parte de una saga novelesca sobre la violencia política. La segunda entrega de esa saga es El camino de regreso (2007), un relato mucho más extenso y elaborado que remite a 1992, y cuyas acciones abarcan los más diversos ámbitos —desde barrios residenciales limeños hasta pequeños pueblos y comunidades andinas— y aspectos de la sociedad (judicial, académico, minero, agrícola, etcétera), dando lugar a un abarcador retrato del Perú que hace énfasis en problemas como la extrema pobreza, la injusticia, la marginación, la corrupción y los abusos de poder.

Doctor en Literatura Peruana y Latinoamericana, Julián Pérez Huarancca (Ayacucho, 1954) es hermano de un dirigente de Sendero Luminoso, desaparecido en el incidente de Lucanamarca (1980). A partir de este suceso, Julián Pérez elaboró la novela Retablo (2004), considerada por la crítica como una de las más importantes sobre eta temática. Hay muchos aspectos que destacar en Retablo: su carácter testimonial, la correcta integración de la violencia política a la tradición de la narrativa indigenista, lo logrado de los personajes o lo arriesgado del lenguaje, pues el español diglósico de los protagonistas une elementos del quechua con otros de la jerga urbana y costeña. Julián Pérez ha continuado desarrollando esta línea narrativa, con novelas como Criba (2014), ganadora de la prestigiosa Bienal de Novela Premio Copé.

Óscar Colchado Lucio (Ancash, 1947) es autor de una extensa obra narrativa, dedicada casi exclusivamente al cuento. Pero en 1997 dio el salto a la novela con Rosa Cuchillo, una de las primeras novelas que abordó la violencia política de manera directa y que es considerada un hito dentro de la narrativa peruana. Se trata de un relato complejo que une hechos y personajes reales con mitos, leyendas y relatos orales andinos; especialmente, aquellas relacionadas con el mundo del más allá, el uku pacha andino, uniendo las propuestas indigenistas con el realismo mágico. Una obra literariamente lograda y sumamente compleja, que ha sido objeto de numerosos estudios académicos. Colchado publicó después la novela Hombres de mar (2011), una saga que cubre treinta años (1970-2000) de historia de la ciudad de Chimbote: su auge y caída como centro pesquero y siderúrgico.

También es chimbotano Luis Fernando Cueto (1964), quien ganó la Bienal de Novela Copé 2011 con Ese camino existe, una novela en la que recrea sus experiencias como policía de investigaciones en Ayacucho, en el periodo 1983-1990, los años más difíciles de la violencia interna en el Perú. Más de veinte años le tomó a Cueto procesar las historias que conoció entonces; y tres años escribir esta novela, que Oswaldo Reynoso consideraba entre las mejores dentro de esta temática. Cueto es autor de otras cuatro novelas, entre las que destaca El diluvio de Rosaura Albina (2014), una incursión en los predios del realismo mágico.

Víctor Andrés Ponce (Huánuco, 1964) es un conocido periodista y analista político, pero también un novelista con una gran capacidad de fabulación. Entre sus cinco novelas destaca nítidamente De amor y de guerra (2004), la peculiar historia de un maestro de escuela, en el apartado pueblo de Apurímac, quien, cansado de los abusos de los senderistas, forma con sus alumnos una «ronda campesina». Ponce plantea el relato como una novela total: no solamente se cuentan los sucesos violentos, también se muestra cómo es la vida cotidiana en esta región y los sueños y proyectos de los personajes. Todo ello con un lenguaje frondoso y literariamente trabajado, lo que acentúa el barroquismo de la narración.

Hay varios autores que han publicado una sola novela y que, justamente, abordan el tema de la violencia: Rafael Inocente con La ciudad de los culpables (2007), Martín Roldán Ruiz (Lima, 1970) con Generación Cochebomba (2007), Daniel Alarcón (Lima, 1977) con Radio Ciudad Perdida (2007), Claudia Salazar (Lima, 1976) con La sangre de la aurora (2013) y Erick Ramos (Lima, 1982) con Informe bajo tierra (2016), entre otras.

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