3.3. NOVELISTAS DEL SIGLO XXI

Por último, haremos un breve recuento de los más destacados novelistas peruanos surgidos en lo que va del siglo xxi o que han desarrollado lo más importante de sus obras en estos años. Pero para ello hay que señalar que existen tres líneas dominantes en la producción novelística peruana actual. La primera es la del mainstream, heredera del realismo urbano de la generación del cincuenta y de la obra de Mario Vargas Llosa. Es aquella que está más enfocada en el retrato social y colectivo, en retratar la realidad política y el espíritu de la época. En esta línea, el autor más destacado es Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964), quien se inició en la novela con Los años inútiles (2002), un complejo retrato del Perú de fines de los ochenta. A través de grandes saltos temporales, espaciales y de puntos de vista, se cuentan las historias de tres personajes provenientes de diversos sectores sociales; todos ellos empujados, por la crisis política y económica, a un acelerado proceso de degradación y corrupción. Benavides apela en esta narración a la estructura y muchos de los recursos técnicos de las primeras novelas de Mario Vargas Llosa.

A Los años inútiles siguieron las novelas El año que rompí contigo (2003) y Un millón de soles (2008), esta última ambientada en la dictadura militar de los años setenta, que conforman una lograda trilogía política sobre el Perú de la segunda mitad del siglo xx. En estos libros se notaba, además, una evolución positiva en la narrativa de Benavides: un mejor y más cuidado manejo del lenguaje y del estilo, un mayor trabajo con los personajes y más eficacia en el empleo de los recursos narrativos. Benavides ha continuado su obra con las novelas La paz de los vencidos (2009), Un asunto sentimental (2012) y El enigma del convento (2014).

Doctora en Antropología y especialista en temas culturales, Karina Pacheco (Cuzco, 1970) hizo su debut literario con la novela La voluntad del molle (2006), un relato que abordaba el tema de la violencia política desde una perspectiva diferente, uniendo el melodrama con una documentada reflexión social. La novela obtuvo elogiosos comentarios críticos y Pacheco ha continuado trabajando su obra en esa misma línea y con un ritmo sorprendente. Desde entonces ha publicado otras cinco novelas: No olvides nuestros nombres (2008), La sangre, el polvo, la nieve (2010), Cabeza y orquídeas (2012), El bosque de tu nombre (2013) y Las orillas del aire (2017). En todas ellas hay, además, un elaborado trabajo con los elementos simbólicos, especialmente aquellos provenientes del imaginario popular.

El escritor Diego Trelles Paz (Lima, 1977) alcanzó el reconocimiento, tanto dentro como fuera de nuestro país, con Bioy (2012), su segunda novela, ganadora del Premio Internacional Francisco Casavella y finalista del prestigioso Premio Rómulo Gallegos. La novela aborda el tema de la violencia en el Perú, tanto la política como la delincuencial, en un relato en el que se alternan continuamente los «personajes narradores» (cada uno con su peculiar forma de hablar) con abundantes saltos en el tiempo y el espacio. Todo ello da como resultado lo que podría ser la versión posmoderna de una novela total. Trelles ha publicado posteriormente La procesión infinita (2017), en la que amplía sus recursos narrativos, con mejores resultados incluso que en Bioy.

Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) es acaso el escritor peruano más internacionalmente exitoso de entre los surgidos en el presente siglo. Ha publicado ocho novelas —desde El príncipe de los caimanes (2002) hasta La noche de los alfileres (2016)—, además de libros de cuentos, de ensayos y de crónicas. Su novelística se caracteriza por apelar a diferentes subgéneros narrativos provenientes del cine y la televisión, para otorgarles una dimensión literaria. Algo similar, y guardando las distancias, a lo que hace el novelista británico Kazuo Ishiguro, premio Nobel de Literatura 2017. Así, Roncagliolo ha abordado la comedia con Pudor (2004), el thriller con Abril rojo (Premio Alfaguara de Novela 2006), la ciencia ficción con Tan cerca de la vida (2010) o el terror con La noche de los alfileres, entre otros géneros.

Una segunda línea de novelistas es la de aquellos más enfocados en su propio mundo interior y cuyas historias podrían desarrollarse en cualquier lugar del mundo. En esta línea, la autora más destacada es, sin lugar a dudas, Patricia de Souza (Ayacucho, 1964), quien publicó un par de novelas en el siglo pasado, pero cuya obra de madurez se inicia con El último cuerpo de Úrsula (2000), la historia de una mujer que sufre algún tipo de parálisis y por eso se dedica a escribir sobre sus recuerdos. La parálisis y el dolor le dan a estas memorias un tono sumamente pesimista, lleno de aforismos de gran fuerza expresiva. De Souza ha continuado desarrollando esta original retórica en las novelas Stabat Mater (2001), Electra en la ciudad (2006), Ellos dos (2007), Tristán (2010) y Vergüenza (2014).

Marco García Falcón (Lima, 1970) es considerado uno de los mejores prosistas entre los narradores peruanos de la actualidad. Ha publicado tres novelas, todas ellas protagonizadas por escritores que enfrentan problemas familiares y domésticos más bien comunes, pero que los llevan a reflexionar sobre los grandes temas de la existencia humana: la soledad, el amor, la muerte. En El cielo de Capri (2007), se trata de un anciano escritor limeño que rememora su relación con su esposa, desde que ambos eran estudiantes universitarios. En Un olvidado asombro (2014), el eje es más bien la relación con el padre; y en Esta casa vacía (2017) lo son más bien los problemas del protagonista como esposo y padre de familia.

La escritora Jennifer Thorndike (Lima, 1983) debutó literariamente con un libro de cuentos, aunque fue recién con la novela [Ella] (2012) que llamó la atención de los lectores y de la crítica. Se trataba de un relato breve (cien páginas) pero sumamente intenso que se desarrolla casi exclusivamente en el interior de una casa, con todas las puertas y ventanas selladas, y que abordaba la siempre problemática relación de madre e hija, llevándola hasta extremos de odio y crueldad. La segunda novela de Thorndike, Esa muerte existe (2016), sigue con la exploración de los vínculos enfermizos dentro del propio hogar, esta vez a través de la historia de dos hermanas.

Hay una tercera línea novelística, la de aquellos que desarrollan sus obras no en el contexto social en el que viven ni en su mundo interior, sino en los universos alternos, ya sean otros momentos históricos, universos literarios o fantasías puras. De alguna manera, continúan las propuestas de lo que llamamos «novela utópica» de los años noventa. En esta línea, el autor que tiene una mayor trayectoria es Luis Hernán Castañeda (Lima, 1982), quien debutó con la novela Casa de Islandia (2004), una fantasía metaliteraria en la que los personajes conviven con su autor, llamado Pierre Menard (como el personaje del famoso cuento de Borges). Su siguiente novela, Hotel Europa (2005), literariamente más arriesgada, está más cerca del universo del cómic. Las siguientes novelas de Castañeda —El futuro de mi cuerpo (2010), La noche americana (2011) y La fiesta del humo (2016)— cuentan con una mayor dosis de realidad, pero siempre mantienen aspectos irreales, fantásticos o metaliterarios.

El escritor Sandro Bossio (Huancayo, 1970) se hizo conocido con su primera novela, El llanto en las tinieblas (Premio BCR 2001), un relato ambientado en el puerto del Callao de hace trescientos años y que es a la vez una historia de amor y un detallado retrato de época, en el que destaca el trabajo con el lenguaje, pues se «recrea, con pasmosa espontaneidad y con seguridad extrema, léxico y giros expresivos de los siglos xvi y xvii» (Luis Jaime Cisneros). La segunda novela de Bossio, La fauna de la noche (2011), se desarrolla en dos escenarios paralelos: la Lima de los siglos xvi y xx. Y en El aroma de la disidencia (2017) se traslada al Perú de inicios del siglo xix.

Las obras de otros autores son el principal referente para los personajes de las novelas de Irma del Águila (Lima, 1966). En Moby Dick en Cabo Blanco (2009), la protagonista trata de recrear la visita que en 1956 hiciera el escritor norteamericano Ernest Hemingway a esa playa del norte del Perú. Y, en La isla de Fushía (2016), la misma protagonista (un evidente alter ego de la autora) va tras las huellas no de un escritor, sino de la persona en la que se basa un personaje de ficción: Juan Fushía, de La casa verde (1966), de Mario Vargas Llosa. Pero la mejor novela de Del Águila es El hombre que hablaba del cielo (2011), un relato histórico que cuenta la vida de Esteban Quintero, un marino peruano tomado prisionero por los corsarios holandeses en 1615.

Hay otras novelas que han llamado la atención de la crítica, aunque sus autores no han publicado todavía una segunda novela. Entre esos libros están Casa (2004), de Enrique Prochazka (Lima, 1960); El cielo sobre nosotros (2007), de Carlos Garayar (Lima, 1942); Bombardero (2007), de César Gutiérrez (Arequipa, 1966); El anticuario (2010), de Gustavo Faverón (Lima, 1965); Contarlo todo (2013), de Jeremías Gamboa (Lima, 1975), y Nuevos juguetes de la Guerra Fría (2015), de Juan Manuel Robles (Lima, 1978).

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