En 1946, Charles E. Nowell (pp. 450-466) escribió un artículo para la Hispanic American Historical Review atribuyendo a una persona específica el título de Rey Blanco: «Aleixo Garcia and the White King». Nada más comenzar, el autor deja claro que los primeros en llegar al Río de la Plata y Paraguay no fueron Irala, Ayolas y Cabeza de Vaca; ese honor correspondía a un portugués llamado Aleixo Garcia.

Cuando los aventureros españoles Irala, Ayolas, Cabeza de Vaca y Nufrio [sic] de Chaves exploraron el Paraguay y atravesaron el Chaco, se dieron cuenta plenamente de que otro hombre blanco los había precedido y que solo estaban siguiendo su rastro. El verdadero pionero en esa región a principios del siglo xvi fue Aleixo Garcia, de quien todas las evidencias coinciden en que era portugués. La historia ha encontrado poco lugar para Aleixo. La suya ha sido una figura fantasma, considerada por algunos como legendaria. Escritores de renombre han ignorado su existencia o, si es que lo han reconocido, lo han pasado por alto como un aventurero de poca importancia. Otros se han deshecho de él en una sola línea o lo han relegado a una nota a pie de página (Nowell, 1946, p. 450).[3]

Lo cierto es que Nowell no iba muy descaminado. Sin embargo, desconocía otras expediciones anteriores al Cono Sur en las que ya había sido mencionado el Rey Blanco. Que yo sepa, la primera relación donde aparece la expresión «Rey Blanco» como tal es la «Carta de Luis Ramírez a su padre» (Ramírez, 2007).[4] Dicha carta fue escrita en 1528 por Luis Ramírez, miembro de la tripulación que llevó Sebastián Caboto en su armada y del que poco se sabe.[5] El manuscrito de esta relación, cuya transcripción y estudio llevé a cabo en el año 2007, cuenta las penalidades que tuvo que sufrir la tripulación de Sebastián Caboto cuando este pasó a ser el piloto mayor de Indias y le fue encomendado por la Corona española realizar un viaje hasta la Especiería. Desobedeciendo las órdenes de sus superiores, Caboto acabó en el Río de la Plata, alentado precisamente por todas las golosas noticias que corrían de boca en boca acerca de los tesoros que en esa región existían y de ese mítico Rey Blanco. En el año 1526 llegó al Río de la Plata con la misión de realizar el mismo recorrido que habían hecho anteriormente Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano alrededor del mundo. Sin embargo, al llegar a la isla Santa Catalina, frente a las costas del Brasil, se perdió una de las naves principales y Sebastián Caboto se encontró con otros supervivientes de la expedición de Juan Díaz de Solís que habían permanecido entre los indios desde 1516 y que habían explorado el interior del continente hasta las faldas de los Andes. Estos españoles relataron a Caboto la existencia de una región en la que abundaba el oro y la plata y a la que era posible llegar remontando los ríos Paraná y Paraguay. Deslumbrado por los relatos de estos hombres, Sebastián Caboto desistió de la misión que le había encomendado la Corona española y decidió unilateralmente explorar la región del Río de la Plata.

Dicho esto, sería injusto no incluir que después de las presuntas y tempranas expediciones portuguesas y de la de Juan de Díaz de Solís (1515-1516) –de las que presumiblemente algunos de los supervivientes trajeron increíbles noticias del Rey Blanco y de las «sierras de plata»–, resultaría ingenuo pensar que Sebastián Caboto fue el único o el primero en dejarse llevar por la «codicia» ante tan increíbles historias. En el manuscrito «Carta de Luis Ramírez a su padre desde el Brasil» (1528), conservado en la biblioteca del Real Monasterio de El Escorial, se narra la experiencia de algunos españoles supervivientes de la expedición de Sebastián Caboto en 1526 al Río de Solís, más tarde llamado de la Plata. Basándose en esta relación de 1528, algunos defienden que hubo expediciones clandestinas a esas tierras –como las de Diogo Ribeiro y Estevão Fróes en 1511– anteriores a la de Solís, que tuvo lugar en 1515-1516. Dice el manuscrito:

[Y] que en esta sierra abia mucha manera de metal y que en ella abia mucho oro y plata y otro jenero de metal que aquello no alcanzaba que metal hera mas de quanto ello no hera cobre e que de todos estos jeneros de metal abia mucha cantidad y questa sierra atrabesaba por la tierra mas de duçientas leguas y en la alda della abia asimesmo muchas minas de oro y plata y de los otros metales. Y este dho dia sobre tarde vino a la mesma nao capitana el dho melchor ramirez su compañero porque al tpo [tiempo] que supieron nra [nuestra] benida no estaban juntos y como cada uno lo supo lo puso por obra la benida este tambien dixo mucho bien de la riqueza de la tierra el qual dixo aver estado en el rio de Solis por lengua de una armada de portugal y el señor capitan jeneral por mas se çerteficar de la verdad desto le pregunto si tenian alguna muestra de aquel oro y plata que dezian u otro metal que deçian los quales dixeron quellos quedaron alli siete onbres de su armada sin otros que por otra parte se abian apartado y que destos hellos dos solos abian quedado alli estantes en la tierra y los demas bista la gran riqueza de la tierra e como junto a la dicha sierra abia un rey blanco que traya […] bestidos como nosotros (Ramírez, 2007, p. 25).

También hay que tener en cuenta la «Relación de Juan de Mori» (1535) sobre la jornada del explorador Simón de Alcazaba desde el estrecho de Magallanes hasta lo que se pasaría a llamar Nueva León, al igual que la del veedor Alonso (1536) sobre la misma expedición, cuya importancia radica en ofrecer información sobre el hecho de que algunos de los supervivientes con los que se encuentran salpicados por ese enorme territorio afirmaban haber llegado a esas tierras en la primera década del siglo XVI (1509-1511), esto es, unos nueve o diez años antes que Magallanes. La Corona española, consciente de la existencia de estos viajes portugueses clandestinos, no estaba en ese momento interesada en la creación de asentamientos permanentes en territorios tan lejanos. Este detalle es relevante, ya que son estos viajes los que de alguna manera darán información e inteligencia geográfica y cartográfica a navegaciones posteriores tan importantes como la llevada a cabo en 1519 por Magallanes alrededor del mundo.

Así pues, estos supervivientes habrían llegado cinco años antes de la expedición de Juan Díaz de Solís, quince antes de la expedición de Sebastián Caboto y veinticuatro o veinticinco antes de las fechas de 1534 y 1535 en que comienzan las expediciones de Alcazaba y Pedro de Mendoza respectivamente. Muy probablemente, al hablar de estos «hombres blancos» nos estemos refiriendo a supervivientes de las expediciones de Diogo Ribeiro y Estevão Fróes de 1511.[6] Juan de Mori nos informa de cómo en una ocasión un grupo de españoles en situación desesperada fueron ayudados por unos hidalgos portugueses que aparecieron de la nada y les salvaron la vida:

En esta baya hallamos un portogues q[ue] avia veynte e cinco años q[ue]  estaba ally entre los yndios y con el otros seis o siete portogueses q[ue] avian quedado ally de una armada de Portogal q[ue]  se avia perdido en aquella costa / Y este portogues me dio lo que tenya que es la comida de aquella tierra harina de un palo que dizen yuca y algunas batatas y rayzes de apio y harto poco y ally cierta gente de la que yo llebaba salto en tierra y los yndios los pusieron qual su madre los pario y aun segun despues supe estubieron para los comer si no fuera por un otro hidalgo portogues que estaba ally que lo estorbo…[7]

No obstante, el Archivo de Indias en Sevilla conserva documentación sobre Alexo García que nos informa sobre el nombre del jefe de su expedición, el nombre de sus padres y el lugar del que era natural. Aleixo Garcia –más bien Alexo García– no llegó en la expedición de Juan Díaz de Solís, como afirmaba Nowell, sino en la de Simón de Alcazaba en 1535, como podemos constatar gracias a lo que se dice en el siguiente documento: «Alejo García, hijo de Baltasar García y de Juana Martín, vecinos de Paredinas [sic]. Pasó con Simón de Alcazaba». Así pues, no era portugués, sino de Paradinas, un pueblo salmantino muy cercano a Portugal. El documento también nos dice que «no es de los proybidos», esto es, que no era de origen moro o judío.[8] Por lo tanto, la afirmación de Nowell (1946, p. 454) sobre la llegada de Alexo García en la expedición Juan Díaz de Solís –«Aleixo and his Portuguese comrades were originally members of the Juan Diaz de Solis expedition. This left Spain in 1515 and explored the Rio de la Plata, which for some years thereafter the Spaniards generally termed Rio de Solis»– es incorrecta.

Hasta hace relativamente poco tiempo se consideraba la expedición de Juan Díaz de Solís de 1516 como la primera armada europea en llegar al Río de la Plata. El cronista portugués Gaspar Correia, en su obra Lendas da India, escribe que un piloto portugués llamado João de Lisboa llegó al menos hasta la boca del estuario del Río de la Plata, esto es, hasta el cabo de Santa María (hoy Uruguay), en 1514, poco más de un año antes que Juan Díaz de Solís: «E d’aquy forão nauegando até chegarem ao cabo de Santa Maria, que João de Lisboa descobrira no anno 1514» (Correa, 1861, tomo 2, parte 2, cap. 14, p. 628). El historiador Antonio de Herrera (1601, década 2, libro 9, capítulo 10, vol. 1, p. 294) confirma la información de Correia en su obra Historia de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano haciendo mención del citado suceso: «No pudieron reconocer otra señal, sino tres cerros que parecian islas, los quales dixo el piloto Caravallo que eran el cabo de Santa Maria, y que lo sabia por relacion de Juan de Lisboa, piloto Portugues, que avia estado en él».