En México, la tradición del poema extenso se remonta a la poesía novohispana y su mejor ejemplo es Primero sueño de sor Juana. Notables poemas largos son parte de nuestra tradición: La suave patria, de Ramón López Velarde; Muerte sin fin, de José Gorostiza; Sinbad el Varado, de Gilberto Owen; Canto a un dios mineral, de Jorge Cuesta; Piedra de sol, Blanco, Nocturno de san Ildefonso y Pasado en claro, de Paz; Algo sobre la muerte del mayor Sabines y Tarumba, de Jaime Sabines; Lamentación de Dido, de Rosario Castellanos, Anagnórisis, de Tomás Segovia, y un largo etcétera, hasta llegar a poemas de generaciones más recientes, como El ser que va a morir (1982) o Ese espacio, ese jardín (2003), de Coral Bracho; Recuerdos de Coyoacán (1997), de Castañón; Tierra nativa (1982), de José Luis Rivas; Incurable (1987), de David Huerta; De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios (1988) o Habla Scardanelli (1992), de Francisco Hernández.

Si pensamos en los primeros, son poemas que nacen de una concepción poética que reclama la reunión de sentido, sonido, metros y tropos clásicos de forma indisoluble. Ya los poemas extensos de generaciones posteriores, teniendo como horizonte a los últimos grandes poetas de la modernidad vigesémica (Eliot y Pound, por ejemplo), fraccionaron el poema extenso. Por lo general, ya no son una tirada larga de versos de arte mayor. El diálogo, el monólogo, la aparición de personajes y voces muchas veces coloquiales, la inclusión de diarios o recortes de la prensa hacen su aparición en un mismo poema y tenemos libros ejemplares de este cambio: pienso en Muerte en la rúa Augusta (2009), de López Mills, para traer a cuento a la generación posterior a los desencantados de los sesenta.

23

Y así empieza el libro:

«Desde épocas remotas

el hombre o los seres humanos

siempre han trabajado.

¡El trabajo es lo más saludable que hay!

En la Biblia todos trabajan y por eso progresan…».

[¡Qué mentira! Adán no hacía nada,

dice Gordon,

andaba paseándose todo el día en el paraíso,

se ríe Gordon,

cogiendo con Eva,

que fue antes su costilla. Asqueroso].

«¿Qué es el trabajo? Difícil responder a esa pregunta…».

[¿Por qué es difícil? Tonto libro de Ralph.

Sigue leyendo, Gordon].[xviii]

 

«Cantar y contar», decía Paz, que dedicó un largo ensayo a ese asunto. Hoy muchos libros de poetas menores de treinta y cinco años son unitarios, cuentan una historia fragmentada, pero el asunto de «cantar» se elude (o cambió el canto). El yo lírico necesario para la construcción del poema extenso que Paz solicitaba como forzoso en este tipo de poemas se escinde o desaparece y, en su lugar, escribe un voyeur. Más cuentos que poemas. Más fábulas que mundo. Retratos extendidos. Esto no es extraño si se piensa en la considerable cauda de poetas retratistas mexicanos, empezando, en el siglo pasado, con José Emilio Pacheco y llegando a Hernández, por ejemplo. Pero ahora ha dado un giro: si antes el retrato de otro servía para saber del poeta mismo y, en consecuencia, saber algo de nosotros, lo que ahora observo es un tipo de poesía más intelectual o sarcástica que motivo de introspección o comunión.

¿Debe la poesía provocar una comunión? Ya no lo sé. El problema, como siempre, es lo real. ¿Cómo asirlo? Julián Herbert, el poeta más significativo de su generación, propone lo siguiente en el poema «1991»:

Desde ese día bebo el agua de lo real sin agacharme, alzándola en el cuenco de la mano: como enseñan los Libros de Sabiduría. Pero siempre desde la orilla, nunca hundido en su lecho de combas escamas: como enseña el manual de urbanismo.[xix]

 

Fuera del manual de urbanismo o dentro de él; con diagonales en vez de comas o con una puntuación tradicional; que busca la trascendencia del instante o de carácter político; corta o larga, lírica o narrativa; intimista o exhibicionista, la poesía mexicana se despliega como un amplio abanico, imposible de abarcar en este ensayo. Quiero creer (y perdónenme la referencia) que es como aquel «alto surtidor» que el viento arqueaba:

Un caminar de río que se curva,

avanza, retrocede, da un rodeo

y llega siempre.

 

[i] Aurelio Asiain, «Polemizar», Vuelta, 182 (enero de 1992), p. 22.

[ii] Octavio Paz, «Cuantía y valía», Vuelta, 188 (julio de 1992), p. 12.

[iii] Poetas parricidas. Generación entre siglos, México D. F., Cuadrivio, 2014 (ebook).

[iv] Octavio Paz, «Carta de renuncia al FONCA», La Jornada (9 de febrero de 1992), p. 37.

[v] José Luis Martínez, «Los caciques culturales», Letras Libres, 7 (julio de 1999), p. 29.

[vi] Luis Felipe Fabre, «Divino tesoro», en Divino tesoro. Muestra de nueva poesía mexicana. (Autores nacidos entre 1976 y 1999), México D. F., Fundación del Centro Histórico de la Ciudad de México, p. 11.

[vii] Octavio Paz, «Poesía mexicana contemporánea», México en la Cultura, 271 (30 de mayo de 1954), p. 1.

[viii] Inti García Santamaría, «Parque de los venados acariciables (estribillo)», Tierra Adentro. Recuperado de <http://www.tierraadentro.cultura.gob.mx/parque-de-los-venados-acariciables-estribillo/>

[ix] Apenas hace una semana, por ejemplo, se presentó una plaqueta de Agustín Vizcayno (Querétaro, 1986) con largos poemas dedicados a Batman y a Superman: Cuando Dios usa mallones, México D. F., Ediciones El Humo, 2017.

[x] José Carlos Becerra, «Batman», en Breve antología, selección y carta de Hugo Gutiérrez Vega, México D. F., Universidad Nacional Autónoma de México, 2008 (Material de Lectura), p. 24.

[xi] Eduardo de Gortari, «Spider-Man», en Código Konami, México D. F., Proyecto Literal, 2015 (colección Limón Partido), p. 27.

[xii] Gabriel Zaid, «Poemas fallidos», Letras Libres, 120 (diciembre de 2008), p. 45.

[xiii] Adolfo Castañón, «El único recurso contra el conformismo es el resentimiento», La Cultura en México, 710 (17 de septiembre de 1975), p. viii.

[xiv] Evodio Escalante, «Un minuto de silencio, dijo el presidium», La Cultura en México, 712 (1 de octubre de 1975), p. x.

[xv] Álvaro Ruiz Rodilla, «Sombra roja: antología novedosa de poetas mexicanas», Nexos (12 de enero de 2017). Recuperado de <http://cultura.nexos.com.mx/?p=11844>

[xvi] Gabriel Zaid, «Explicación», en Asamblea de poetas jóvenes de México. México D. F., Siglo XXI, 1980, p. 12.

[xvii] Sara Uribe, Antígona González, México D. F., Surplus Ediciones, 2012, p. 47.

[xviii] Tedi López Mills, Muerte en la rúa Augusta, México D. F., Almadía, 2010, p. 88.

[xix] Julián Herbert, Pastilla camaleón, Toluca, Bonobos, 2009, p. 14.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Total
13
Shares