EMILIA PARDO BAZÁN Y SUS OBRAS EN LA PANTALLA

El interés de los cineastas españoles por la obra de doña Emilia llegará en los años cuarenta, cuando algunos de los directores más influyentes de la posguerra se acercarán a sus relatos. Precisamente, en el mismo año 1947 se estrenan dos películas basadas en sus novelas: Un viaje de novios, de Gonzalo P. Delgrás, y La sirena negra, dirigida por Carlos Serrano de Osma. Trece años más tarde, uno de los más destacados representantes del cine franquista, José Luis Sáenz de Heredia, realiza El indulto (1960).

Habrá que esperar a los estertores del régimen para encontrar una nueva transposición, esta vez del relato Por el arte, realizada por Pilar Miró para el programa Cuentos y leyendas de Televisión Española con el título Ópera en Marineda (1975). Adaptación muy libre, perpetró el disparate de localizar la cinta en Santiago de Compostela en lugar de A Coruña, el inequívoco referente de la Marineda pardobazaniana.

La gran transposición de la novela más importante de doña Emilia, Los pazos de Ulloa, llegará en 1984 en formato de serie de calidad, también para Televisión Española, al amparo precisamente de la llamada Ley Miró. La directora general de Cinematografía promulgó entonces varios Reales Decretos (1067, 3004 y 3304/1983) en virtud de los cuales se subvencionaban anticipadamente proyectos de prestigio histórico y literario relacionados con la cultura y la literatura españolas, privilegiando los guiones que adaptaban grandes novelas de Galdós, Pardo Bazán, Miguel Delibes o Torrente Ballester, entre otros, para ser emitidos por la televisión estatal o por las cadenas autonómicas (Zunzunegui, 1987, pp. 174-194).

Dirigida por Gonzalo Suárez, se trata de una lograda transposición –esta vez sí– del ambiente y del medio rural gallego tal como se refleja en las páginas de Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza, según el guion hábilmente redactado por Carmen Rico-Godoy y Manuel Gutiérrez Aragón en colaboración con el director.

Lo más interesante de esta relación de amor/odio entre doña Emilia y el cinematógrafo Lumière es que terminó basculando hacia el lado del segundo y tal fue el idilio que, como ya hemos dicho, hacia 1920 una cámara de cine grabó a la condesa de Pardo Bazán para la posteridad por iniciativa de Eduardo Zamacois[2].

Esta secuencia impagable de 1 minuto y 40 segundos forma parte de una cinta de 11 minutos titulada Escritores y artistas españoles, producida por Eduardo Zamacois y realizada por el operador Alberto Arroyo Villaroel, en la que Pardo Bazán comparte cartel con Santiago Rusiñol, Blasco Ibáñez, Mariano Benlliure, el también coruñés Manuel Linares Rivas y Amadeo Vives.

Vemos a doña Emilia primero en un plano medio corto, sentada a la mesa del jardín tomando una taza de café, hablando y poniéndose sus anteojos, que le cuelgan del cuello con una amplia cinta. A continuación, en un plano general apreciamos su talla no muy alta y su porte elegante y señorial, con una abrigo largo de pieles, aproximándose a un banco, tras saludar a unos pájaros en su jaula. La escritora coruñesa, que se acercaba a los setenta años, muestra un andar y movimientos algo torpes hasta que se sienta en el jardín a leer un libro. En plano medio corto, la escritora mira dubitativa a cámara y podemos apreciar dos curiosos rasgos físicos: un leve estrabismo y una gran verruga en la mejilla derecha, a la altura del pómulo, junto a toda la profundidad de su mente prodigiosa.

Además, la escritora coruñesa ha dado lugar a un biopic televisivo de resultados más que felices. En su primer largometraje, Emilia Pardo Bazán. La condesa rebelde (2011), Zaza Ceballos consigue la cuadratura del círculo: convierte un telefilme de bajo presupuesto en una notable producción de época, con una impecable ambientación histórica y reconstruyendo con rigor la controvertida biografía de Pardo Bazán.

El guion de Puri Seixido es sólido y riguroso, pues sigue las últimas investigaciones biográficas sobre la autora de Los pazos de Ulloa, muchas de ellas publicadas en la revista La Tribuna. Cadernos de Estudos da Casa-Museo Emilia Pardo Bazán. Resulta evidente en aspectos poco conocidos, como la relación de la escritora con el intelectual ruso Pavlovski o los verdaderos motivos de la separación de su esposo, relacionados con un problema de herencia (Pepe Quiroga había sido prácticamente desheredado por su familia, lo que nunca perdonó don José Pardo). Cosa poco habitual, directora y guionista han sabido documentarse concienzudamente gracias al asesoramiento de especialistas como Xosé Ramón Barreiro o Darío Villanueva.

Contribuye a la calidad de la película la exquisita dirección de arte de Alexandra Fernández y del equipo artístico de la productora Zenit, que ha utilizado localizaciones reales en la vida de la Pardo Bazán: su casa de la calle Tabernas, las torres de Meirás –su residencia de verano– o el Ateneo de Madrid. La recreación de esos espacios referenciales no hace perceptible el paso del tiempo, lo cual agradaría a la condesa, quien en 1915, comentando Cabiria, elogiaba precisamente cómo «los edificios, la cerámica, los trajes, cada accesorio denuncian el esmero exquisito con que se ha estudiado esta película».

El peso de la cinta recae en la actriz Susana Dans, quien sin duda será para la posteridad el rostro vivo de la aristocrática escritora: a partir de un parecido físico indudable, intensificado por una caracterización y vestuario directamente inspirados en la abundante iconografía conservada, su interpretación transmite todos los matices expresivos de aquella mujer decidida, audaz y tenazmente comprometida con la lucha por la igualdad femenina en todos los ámbitos. La apariencia de la actriz dota al personaje de un atractivo sensual que sin duda tuvo doña Emilia, por eso sedujo o se dejó seducir por algunos de los hombres más ilustres de su época, en la que el canon de belleza era muy diferente al actual, y razón por la que sobran las alusiones a una supuesta miopía de Galdós en las escenas de alcoba con su ilustre amante.

Un extraordinario elenco de actores gallegos completa el excelente trabajo interpretativo: Manuel Lourenzo llena la pantalla con su modesta y a la vez poderosa presencia en un muy verosímil conde de Pardo Bazán, a quien da adecuada réplica César Cambeiro como su antagonista, José Quiroga. Si Mabel Rivera muestra contención en su papel de madre de la escritora, Antonio Durán «Morris» se aleja de su registro cómico habitual dando vida al intelectual y librero coruñés Martínez Salazar. Para los miembros de la sociedad literaria madrileña, un casting acertado convoca a Manolo Solo, Albert Forner o Jordi Ballester.

Sin lugar a dudas, el cinematógrafo clásico silente y el cine digital más contemporáneo nos han acercado definitivamente la figura –real y ficcional– de la condesa de Pardo Bazán, haciéndola creíble y accesible a los espectadores de ayer y de hoy.

 

NOTAS

[1] El telekino es el primer mando a distancia, puesto a punto por Torres Quevedo.

[2] Ya en 1916 Zamacois había realizado una película en la que aparecía una decena de personalidades españolas para ilustrar una gira de conferencias que impartió por América, de la que habla ampliamente en sus memorias, Un hombre que se va (S. Rueda, Buenos Aires, 1969).

 

BIBLIOGRAFÍA

Burch, Noel. La lucarne de l’infini: naissance du langage cinématographique, Nathan, París, 1986 (segunda edición, 1991; editado en español como El tragaluz del infinito [Cátedra, Madrid, 1987]).

Herrero Figueroa, Araceli. «La Esfera Cinematográfica, 4, julio de 1920», Estudos sobre Emilia Pardo Bazán e recopilación de dispersos, Diputación Provincial de Lugo, Lugo, 2004, pp. 118-121.

Lefebvre, Thierry. «Une maladie au tournant du siècle: la cinématophtalmie», Théorème. Cinéma des Premiers Temps, 4, 2004, pp. 131-137.

Lo Duca, Giuseppe.  Histoire du cinéma, Presses Universitaires de France, París, 1942.

Pardo Bazán, Emilia. «La vida contemporánea: laberintos», La Ilustración Artística, 946, 12 de febrero de 1900, p. 106.

La Ilustración Artística, 1249, 4 de diciembre de 1905, p. 778.

La Ilustración Artística, 1406, 7 de diciembre de 1908, p. 380.

La Ilustración Artística, 1643, 23 de junio de 1913, p. 410.

La Ilustración Artística, 1726, 25 de enero de 1915, p. 78.

Paz Gago, José María. «Clarín y el cine», A Distancia, 19.2, 2001-2002, pp. 158-163.

«La muda narración. Pardo Bazán y el cine», Pardo Bazán y las artes del espectáculo, Real Academia Gallega, A Coruña, 2008, pp. 23-33.

Zunzunegui, Santos. «El cine español en la época del socialismo», Cuatro años de cine español (1983-1986) (editado por F. Llinás), Dicrefilm, Madrid, 1987, pp. 174-194.

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