POR JAVIER VELA

La escritora mexicana Margo Glanz. Fuente: Wikicommons.

Jacobo Glantz y Elizabeth Shapiro llegan a México en 1925 con apenas cinco dólares en los bolsillos. Procedentes de Odessa, en la actual Ucrania, portan consigo un equipaje invisible: el yiddish, el ruso, los pogroms y el decidido empeño de echar raíces en una tierra nueva. Durante años, oscilarán entre el respeto por las férreas tradiciones judías y la integración paulatina en los círculos artísticos mexicanos (el padre, poeta proveniente de una modesta familia de campesinos, trabará amistad con el muralista Diego Rivera). De ese cruce de lenguas, de ese desarraigo fundacional, nace, el 28 de enero de 1930, la que con los años devendrá en una de las voces más lúcidas y rompedoras de las letras mexicanas: Margo Glantz.

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La doble herencia cultural de la autora marcará de manera ostensible su desempeño ulterior. Glantz estudiará Letras Inglesas y Españolas, así como Historia del Arte, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde tendrá como profesores a figuras de la talla de Alfonso Reyes o Julio Torri. En 1953 se traslada a París, donde obtiene un doctorado en Letras Hispánicas en La Sorbona. A su regreso, inicia una larga y fructífera trayectoria académica en la UNAM —impartiendo asimismo clases como visitante en algunas de las más prestigiosas universidades europeas, estadounidenses y latinoamericanas—, donde ejercerá como docente durante más de cincuenta años y de la que es profesora emérita. En 1966 funda y dirige la influyente revista universitaria Punto de partida. A lo largo de su carrera, ocupará igualmente varios cargos de dirección en el ámbito cultural (dicha secuencia incluye el Instituto Cultural México-Israelí, el Instituto Nacional de Bellas Artes o la Embajada de México en Londres, entre otros). Tres décadas más tarde, no en vano, será elegida miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, lo que, aun siendo anecdótico, redundará no obstante en la construcción de su perfil intelectual.

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Escritora, ensayista, crítica literaria, su obra, un vasto territorio de ficciones, ensayos y autoficciones, se caracteriza por una fuerte pulsión fragmentaria, por la obsesión por el cuerpo y por una continua indagación en los pliegues de la memoria y la identidad. Todo lo que escribe es, hasta cierto punto, autobiográfico, y es esa convicción la que recorre como un río subterráneo su producción literaria. Como es bien sabido, la escritura de Glantz tiende a «pulverizar» las clasificaciones genéricas tradicionales. De su obra narrativa, tan sorprendente como heterodoxa, conviene destacar Las genealogías (1981); El día de tu boda (1982); Síndrome de naufragios (1984); De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos (1984); Apariciones (1996; Firmamento, 2022); Zona de derrumbe (2001); El rastro (2002); Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador (2005), Saña (2006) o Por breve herida (2016).

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En Las genealogías, Glantz actúa como una etnógrafa de su propia historia, grabando y ensamblando los relatos de sus padres en el contexto de la inmigración judía desgajada de la Europa del Este. Continuando con su exploración de las relaciones y los ritos sociales, El día de tu boda profundizará en las complejidades y los rituales que rodean la institución del matrimonio, siempre bajo su lupa crítica y desmitificadora. En Síndrome de naufragios, la autora teje una acerada reflexión sobre ciertos náufragos históricos, como Álvar Núñez Cabeza de Vaca, con sus propias derrotas y desvelos, confirmando que su escritura es un obsesivo palimpsesto en el que un mismo tema es reescrito una y otra vez ganando nuevas capas de significado con cada aparición. De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos es toda una rareza literaria en la que el pelo se erige en territorio erótico; en ella, Glantz aborda las metáforas más sensibles y tangibles del deseo, convirtiendo un detalle aparentemente frívolo en un poderoso símbolo del modo en que se trenzan las relaciones humanas. Apariciones es, por su parte, un texto bello y perturbador que combina tres secuencias narrativas complementarias: la relación lúbrica de una mujer con su amante, espiada por la hija; la flagelación de dos monjas en busca de su unión con Cristo y la voz de la autora que escribe ambas historias. Este brocado de enorme ambición estética, que me cupo el honor de rescatar para Firmamento, explora los límites del cuerpo femenino y las fronteras entre lo sacro y lo profano, el placer y la mortificación. Zona de derrumbe conforma un estudio íntimo del cuerpo femenino en declive, trazando una cartografía de las cicatrices, las enfermedades y los estigmas que el tiempo y la vida imprimen en la carne. También El rastro indaga en las huellas que deja un cuerpo, cabe decir una vida, en un ejercicio de duelo y reconstrucción que es a la vez profundamente doloroso y literariamente magistral. Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador redundará en esa idea poniendo el foco en los pies —los juanetes— en los que se imprime el sufrimiento de su madre, quien tras cada tropiezo amoroso acudirá a comprarse zapatos más pequeños…: de ahí, de esa marca física, nace una novela que convierte el dolor en todo un artefacto literario. Saña y Por breve herida explorarán, por último, a través de fragmentos hilvanados por técnicas espurias —desde la apropiación al autoplagio—, las pasiones humanas más oscuras con el estilo singular de la autora, empleando una escritura cortante y policéntrica para templar y diseccionar la emoción.

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Pero si para Glantz la narrativa es el territorio de la invención autobiográfica, el ensayo es el espacio donde su mirada crítica se despliega con toda libertad. En sus últimos libros, estas dos facetas se funden en una reflexión poderosa sobre la contemporaneidad. Así, Y por mirarlo todo, nada veía apunta a la sobreabundancia de información inherente a la era digital y explora la dificultad de discernir lo esencial en el torrente de datos a que estamos sujetos. En El texto encuentra un cuerpo, las «marcas» de la lectura impulsan la mano que escribe: Glantz se adentra con gracia en textos clásicos de la literatura sentimental y libertina y recorre la literatura inglesa, francesa y norteamericana para conformar una cartografía íntima de autoras y heroínas literarias olvidadas u opacadas por la historia oficial. Por su parte, Cuerpo contra cuerpo, antología de ensayos compilados por Ana Negri, es acaso la síntesis más clara de su proyecto intelectual: cuerpos martirizados, enfermos o envejecidos, a los que el erotismo de la literatura confiere una nueva vida.

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No casualmente, Margo Glantz mantiene todavía hoy una lucidez y una actividad creativa encomiables. Su amplia y fecunda obra, un universo siempre en expansión, sigue siendo un faro de inteligencia, erudición y creatividad que se resiste a toda clasificación: un collage de fragmentos que, vistos con distancia, termina por revelarnos la magnitud de una de las escritoras más frescas y deslumbrantes de la lengua española.

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