POR IRENE GARCÍA CHACÓN Y CARMEN RODRÍGUEZ MARTÍN
Maria Teresa León. Fuente: wikicommons.

La trayectoria de María Teresa León se sitúa en un tiempo (1903-1988) y múltiples espacios (Burgos, París, Buenos Aires o Roma). Está atravesada por una vocación (la escritura) y múltiples géneros (novela, teatro, cuento o ensayo). A pesar de que su nombre suele, por lo general, vincularse menos con la poesía, esta forma de expresión le interesó sobremanera y se acercó a ella tanto en su obra (por ejemplo, tradujo al español los versos de Mihai Eminescu o Paul Éluard) como en su vida (fue una ávida lectora de poetas como Antonio Machado o Pedro Salinas). En los textos de León encontramos numerosas referencias que le confieren vital importancia, atribuyéndole un poder transformador. Según relató en Memoria de la melancolía, su autobiografía, la poesía fue siempre una fructífera herramienta capaz de construir nuevos mundos en los que refugiarse o con los que huir:

En nuestra familia todas las mujeres han sido decentes. La niña cerró los ojos ante aquella palabra amenazadora de decencia para toda la vida. Pero una vez alcanzó a subir a un escenario y dijo versos. Toda poesía es una nevada, una lluvia fertilizante. Se sintió satisfecha hasta el borde y siguió diciendo versos, declamando lo que deseaba vivir y que ya estaba escrito. En la poesía iba encontrando todo lo que tan insistentemente le había negado la vida. Cerraba los ojos, inundada de sensaciones nuevas hasta colmarse. Era su estado de gracia. Había encontrado aquella muchacha un seguro asilo. Dejaba la pequeñez de su vida tirada a sus pies como un montón de olvidos y decía, casi sollozando, los versos que ella no sabía escribir2.

Si en su infancia recitar estrofas ajenas había supuesto una acción liberadora, en su madurez escribir libros propios había significado una vía de emancipación. Años más tarde, en el contexto de un largo exilio donde fue —por virtud y por necesidad— una prolífica autora, publicó en Buenos Aires Nuestro hogar de cada día. Breviario para la mujer de su casa (1958), un manual de consejos domésticos dirigido al público femenino en el que recetas de cocina, instrucciones de limpieza o indicaciones de puericultura convivían con datos históricos, microbiografías de personajes célebres o una selección de poemas que, como advertía en su introducción, quería que funcionasen «a modo de bancos de jardín donde descansar […] preocupaciones»3.

Tras estas palabras preliminares, el volumen quedaba articulado en once epígrafes que se iniciaban con once textos breves que habían visto la luz previamente entre enero de 1955 y julio de 1956 en la revista Mucho gusto, impulsada por Jacobo Muchnik, director de Compañía General Fabril Editora, sello responsable de Nuestro hogar de cada día. León se adaptaba a un formato (que para Torres Nebrera conectaba con precedentes como La cocina española antigua de Pardo Bazán4), pero también lo tensionaba o, como expresa Vosburg, lo minaba deliberadamente a través del «conocimiento del mundo» y de «la erudición de la autora»5.

Entre los diferentes recursos empleados, la inclusión de la poesía es una estrategia significativa que entendemos como una mediación capaz de trasladar al género a una habitación impropia donde las imágenes líricas encarnan y fijan conceptos. Así, el ars combinatoria de la poesía dentro de la heterogeneidad de los materiales del volumen fabrica una nueva poiética de sentido para las lectoras que pueden apropiarse de lo literario, transformando de algún modo su propia cotidianeidad. Siguiendo a De Certeau interpretamos que, en un contexto en el que Breviario funciona como estructura estratégica, las intervenciones de León son operaciones de carácter táctico que aprovechan los intersticios del género prescriptivo para introducir y promover la formación de nuevas subjetividades en un hacer cotidiano que integra saber y acción6.

Leer es demorarse, detenerse, permitir que el tiempo estético interrumpa el tiempo de trabajo, de cuidados de la familia y del hogar, generando posibles espacios de emancipación cuando la lectora se adueña activamente del intervalo. León, consciente de este poder de la lectura, alterna recomendaciones domésticas con menciones a autoras como Safo o con citas de escritoras como Gabriela Mistral pero, sobre todo, insta a las destinatarias de su texto a tener alguna vez en sus manos un libro de poemas:

No siempre, porque tampoco llevamos constantemente flores, pero si abres las Rimas de Bécquer no te creas anticuada. O Todo el Amor, de Pablo Neruda. O Antología Poética de Juan Ramón Jiménez. O Retornos de lo Vivo Lejano, de Rafael Alberti. O El Son Entero de Nicolás Guillén. O Corazón del Oeste de Vicente Barbieri. O Canto Ciego de Fryda Schultz de Mantovani. O El Romancero Gitano de Federico García Lorca. O Tiempo de Amor Perdido de González Carbalho. O Veinte Poemas para leer en el Tranvía de Oliverio Girondo. O Las Estrellas de Francisco Luis Bernárdez… En estos puntos suspensivos quedan los muchos grandes poetas del mundo. Y trata de no olvidar a Lugones, Enrique Banchs, Alfonsina Storni, Ricardo Molinari. Ni a los jóvenes poetas argentinos, caminantes por la estrecha senda lírica, esperando que les llame la Gloria7.

Guillermo de Torre, escritor español, director de la editorial Losada desde Buenos Aires. Fuente: biografias y vidas.

Estas sugerencias son un corpus complementario a un conjunto de dieciocho poemas que se intercalan en el volumen y que implican otros dos tipos de mediación: la prescriptiva, que no se limita a enumerar un conjunto de títulos, sino que enseña, orienta y forma; y la antológica. Así, teniendo en cuenta en todo momento el contexto de enunciación, León, convertida en compiladora, realiza una personalísima selección en la que, con la excepción de una redondilla de Juana Inés de la Cruz y de un soneto de Garcilaso de la Vega, los versos corresponden a autores contemporáneos (en gran medida a figuras del siglo xx) que escriben, salvo en el caso de Elizabeth Barrett Browning, en español, ya fueran procedentes del país de nacimiento de la antóloga, ya fueran del continente que la acogía en su exilio. En la ambigüedad y en la hibridez radica también la potencia que emana del propio género del manual como fuente de disciplinamiento y domesticación de lo femenino donde cohabitan poemas como «Madre» de Juan Ramón Jiménez, «Te mueres de casta y de sencilla» de Miguel Hernández o «Me gustas cuando callas» de Neruda, que podrían reforzar imaginarios de maternidad, amor y entrega incondicional, con la presencia de «Hombres necios que acusáis» de Juana Inés de la Cruz que denuncian la doble moral masculina.

Elegir implica la producción de un sentido, un orden que jerarquiza, interpreta y resignifica. Su recopilación no responde a lo institucional. No se trata de un compendio académico ni equitativo, sino que expresa motivaciones personales y, muy especialmente, el interés por conectar con sus lectoras a través del encuentro de dos formas de saber experiencial: la poesía y las actividades de la vida doméstica. Si las habilidades culinarias son prácticas culturales construidas sobre «secuencias de acciones mil veces eslabonadas» y una tarea «siempre recomenzada»8 que, simultáneamente, exigen competencias de reconocimiento de texturas, olores y temperaturas, revelando que la preparación de alimentos no es una acción pasiva, León cocina sus referencias y su antología, jugando con la tradición desde su trayectoria vitalográfica a la vez que marida creación con saber. Si la receta combina ingredientes y mide tiempos de cocción, conservando una utilidad pragmática; la poesía produce imágenes y asociaciones, manteniendo una indeterminación estética. En este sentido, la heterogeneidad del volumen obedece a lo planteado en la propia introducción del Breviario donde explicita una metodología personal de recolección de lo disperso con la que conforma un libro «echando de todo un poco»9.

Este principio vector de la organización del repertorio está indisolublemente unido a un eje de intervención programático-cultural que se materializa en su red de sociabilidad amistosa-literaria presente en las recomendaciones de lectura, en el conjunto de poemas y en los usos de la memoria, la particular y la histórica. Desde luego, no pasa desapercibido que León tuvo contacto con muchos de los poetas presentes en Nuestro hogar de cada día. La particularidad material del ejemplar como objeto portable de formato reducido se convertía en una característica metafórica, pues los versos que contenía llevaban a las lectoras a otros mundos tanto fuera del espacio de la casa como del tiempo de trabajo. A León, por su parte, le permitían saltar tanto de país como de época. La antología sui géneris de la escritora riojana situaba en las páginas del libro a poetas con los que se había relacionado tanto antes como después de la Guerra Civil.

Así pues, León, compiladora, desempeñaría aquí otros dos tipos de mediación más: una de carácter memorial, que hace presente a la Generación del 27 de la que forma parte como una comunidad atravesada por el conflicto bélico, y otra de índole trasatlántica. En este sentido, podemos ver una distribución de corte geográfico, cronológico y de reconfiguración simbólico-historiográfica en el conjunto de los poetas. Además de la ya citada Barrett Browning, encontramos a cinco argentinos—Storni, Ocampo, Carriego, Pedroni y Fernández Moreno—, tres chilenos —Neruda, Guzmán Cruchaga y Mistral—, un nicaragüense —Darío, que conectaría a través del modernismo con la tradición contemporánea española—, un cubano —Nicolás Guillén, con quien le unía una estrecha amistad y su posición antifascista—, una mexicana —Juana Inés de la Cruz— y seis españoles —Garcilaso, recuperado y revalorizado por el propio 27 cuyo «Soneto xxiii» dialoga con «Rosa de fuego» de Antonio Machado; Juan Ramón Jiménez, maestro generador de admiración y tensión en los autores del 27; Miguel Hernández, figura asociada a la defensa de la ii República española; y Salinas y Lorca, dos poetas del 27 por los que la autora sentía particular predilección—.

Estos dos últimos nombres inciden en el carácter simbólico de las elecciones realizadas por León. A Salinas lo había conocido en Burgos en 1926 y es por quien, según Ferris, pudo haber adoptado el pseudónimo de Isabel Inghirami con el que la escritora firmó muchos de sus artículos que aparecieron en prensa en los años veinte10. De su producción se decantó por «Por qué tienes nombre tú», unos versos en los que reflexiona sobre el lenguaje pertenecientes al poemario amoroso La voz a ti debida publicado en 1933. Al elegir desde Buenos Aires un título de la primera mitad de los años treinta, período en el que había vivido como el autor en un país que ya no existía, León reconstruye otro fragmento más de la historia de los que tuvieron que marchar. De igual manera ocurre con «Es verdad», versos de juventud que Lorca había recogido en su Libro de poemas de 1921. Con Lorca, por el que desde los años veinte León manifestó un profundo reconocimiento público y cuya memoria se preocupó de difundir en muy diversos homenajes, había compartido diferentes actos en el Madrid de los treinta. La presencia intertextual del granadino atraviesa todo el Brevario, pues recordemos que recomienda leer Romancero gitano, invoca la figura del duende al que, según pide a las mujeres de su casa, hay que cuidar y atribuirle «todos los sucesos agradables de las tareas desagradables» o, al insistir en la importancia de tener ordenado el costurero, matiza que «ya no es de raso pajizo»11, citando el final de «La casada infiel».

No se trata de que haya un intento por parte de León de conformar un canon español en el exilio, sino un ejercicio de reorganización policéntrica que le permite reconfigurar y reconstruir tanto su historia como la Historia en la que estos miembros del 27 son nodos de una biblioteca trasatlántica diseñada para las lectoras del manual. De hecho, es esta mediación, que entraña el desplazamiento de estos autores del circuito literario intelectual a un público femenino no especializado y vinculado con el consumo de revistas, la que diferencia y singulariza la aportación de León de la gran operación editorial emprendida por Guillermo de Torre en el seno de Editorial Losada12.

El valor de la aportación de León recae, por tanto, en resituar a los poetas en un nuevo contexto de recepción propiciado por el Breviario como artefacto de circulación cultural masiva pues, tal como ha demostrado Faba Durán quien lo ha calificado como best-seller, el número de ventas y ediciones de Nuestro hogar de cada día fue considerable13. Es León quien compila y antologa para el modus vivendi de las (nuevas) lectoras a quienes desvela y revela que otros mundos son posibles al abrir un espacio de indeterminación potencialmente emancipador.

Como hemos tratado de mostrar a través de los distintos tipos de mediación, María Teresa propone una política y poiética por la que los versos son capaces de disputar tiempos y lugares, de reorganizar los repertorios y sus modos de circulación, de (re)escribir la memoria al anclarla en la autobiografía de una escritora de la propia Generación: recolectar para diseminar.

1 Este artículo se ha realizado en el marco del proyecto Cartografías vitales (PID2020-117997GB-I00).
2 María Teresa León, Memoria de la melancolía, Sevilla, Renacimiento, 2021, p. 61.
3 María Teresa León, Nuestro Hogar de cada día. Breviario para la mujer de su casa, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1958, pp. 9-10.
4 Gregorio Torres Nebrera, Los espacios de la memoria: la obra literaria de María Teresa León, Madrid, Ediciones de la Torre, 1996, p. 190.
5 Nancy Vosburg, «El tapiz de una vida feminista: María Teresa León (1903-1988)», en Lisa Wollendorf (coord.), Literatura y feminismo en España. S. XV-XXI, Barcelona, Icaria, 2005, p. 250.
6 Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano. 1. Artes de hacer, México, Universidad Iberoamericana, 1996, pp. XLVIII-LV.
7 María Teresa León, Nuestro Hogar de cada día. Breviario para la mujer de su casa, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1958, p. 56.
8 Luce Giard, «Secuencias de acciones», en Michel de Certeau et al., La invención de lo cotidiano. 2. Habitar, cocinar, México, Universidad Iberoamericana, 1999, p. 205.
9 María Teresa León, Nuestro Hogar de cada día. Breviario para la mujer de su casa, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1958, p. 9.
10 José Luis Ferris, Palabras contra el olvido. Vida y obra de María Teresa León (1903-1988), Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2017, pp. 57-58.

11 María Teresa León, Nuestro Hogar de cada día. Breviario para la mujer de su casa, Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora, 1958, pp. 143 y 178.
12 Recordemos que G. de Torre dirigió la colección Poetas de España y América a partir de 1939, se encargó de organizar las Obras completas de Lorca y publicó a Alberti, Salinas, Cernuda y Aleixandre durante la década de los años cuarenta, Federico Gerhardt, «La colección Poetas de España y América, de Editorial Losada: autores españoles y americanos en la conformación de su catálogo (1938-1955)», en Marina Garone Gabriel et al. (eds.), El orden de la cultura escrita. Estudios interdisciplinarios sobre inventarios, catálogos y colecciones, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2019, pp. 291-311.
13 Celia Faba Durán, «Cómo sobrevivir al destierro: los desconocidos trabajos literarios de María Teresa León durante su exilio en Argentina e Italia», en Ángeles Egido alt. (coords.), Mujeres en el exilio republicano de 1939. Homenaje a Josefina Cuesta, Madrid, Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, 2021, p. 656.