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Álvaro Luque Amo
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La canción, el juego, la poesía y el trap. De Jota a Yung Beef: zona temporalmente autónoma
La venganza de la literatura plebeya: narrativas factuales en 2024
POR ÁLVARO LUQUE AMO
María Moreno lleva en su nombre elegido la claridad de su prosa. También la lleva en su forma de vestir, en su forma misma de confesarse…
María Moreno lleva en su nombre elegido la claridad de su prosa. También la lleva en su forma de vestir, en su forma misma de confesarse…
La literatura pequeña de Espasandín
POR ÁLVARO LUQUE AMO
Como desde hace algún tiempo hablo con el fantasma de Levrero, no he tardado en hallarlo en estas páginas de Agustina Espasandín…
Como desde hace algún tiempo hablo con el fantasma de Levrero, no he tardado en hallarlo en estas páginas de Agustina Espasandín…
La fiesta interior. Adicciones y excesos en la narrativa hispánica del XXI
Drogas, ciencia y esoterismo en la nueva narrativa hispánica
POR ÁLVARO LUQUE AMO
En el primer capítulo de la serie televisiva The Corner (1997), precuela de The Wire, un yonqui le muestra a su compañero de jeringuilla una rara curiosidad por las profundidades del cerebro; mientras se chuta, le explica: «no nos damos cuenta de lo poderosa que es la mente humana…
En el primer capítulo de la serie televisiva The Corner (1997), precuela de The Wire, un yonqui le muestra a su compañero de jeringuilla una rara curiosidad por las profundidades del cerebro; mientras se chuta, le explica: «no nos damos cuenta de lo poderosa que es la mente humana…
Un fantasma recorre la literatura latinoamericana del XXI
POR ÁLVARO LUQUE AMO
Como sureño acostumbrado al calor, me gusta imaginarme a William Faulkner tal y como aparece en esa foto en la que posa sin camiseta, sentado en algún rincón de Hollywood, tecleando las páginas de Absalón, Absalón (1936), quizás, y describiendo esa habitación que lleva cuarenta y tres años con las ventanas cerradas porque «alguien opinaba que el aire en movimiento y la luz producen calor…
Como sureño acostumbrado al calor, me gusta imaginarme a William Faulkner tal y como aparece en esa foto en la que posa sin camiseta, sentado en algún rincón de Hollywood, tecleando las páginas de Absalón, Absalón (1936), quizás, y describiendo esa habitación que lleva cuarenta y tres años con las ventanas cerradas porque «alguien opinaba que el aire en movimiento y la luz producen calor…