
1.
Cuando poco queda ya de ese sol que quema las palabras, y los naranjas y violetas comienzan a teñir la lejanía, me paro en el malecón habanero para habitarme de olvido. Silencio dentro que crece y huye. Fui cuerpo sin morada ante el vaivén, inquietud sorda en busca de mi propio caracol. Ni sones ni bailes: quiebre mudo.
Hubo historias, pieles antiguas que callaron -fiereza en la mirada-. Y abrazos dulces que se volvieron raíz.
2.
el mar termina en ave, el tiempo en nieve
Fina García Marruz
Levanta vuelo el azul casi plata
paraíso incandescente
xxxxxxxxx herido de luz
Si hubo un sueño es hoy grieta oscura
palabra sellada en un barco de papel
xxxxxxx(anda y anda el barco barco)
Deshecho entre los versos,
el tiempo busca el blanco de una voz
Una mesa me espera
xxxxxxx allí, en A y Malecón,
para leer otros adioses
que son casi míos
casi nieve
casi mar
3.
Si me pierdo, que me busquen en Cuba
Federico García Lorca
Algunas tardes es fiesta de cuerpos
lo que acompaña las sombras.
Pieles, miradas, secretos.
Ritual luminoso
xxxxxxjoven y soberbio
4.
El mar golpea y gasta el cemento, la piedra, el encuentro de cada noche en la orilla
Sabemos entonces que el tiempo fue solo prestado
xxxxxxHoradados, sus ocho kilómetros son separación suspendida
5.
Cierro los ojos y veo el mismo paisaje
xxxxxxdeshilachado
xxxxxxbrumoso
Repito el gesto de caminar sin más rumbo
que seguir la espuma amarillenta.
El agua es monstruosa aun cuando el sol la pinte de engaño.
“Me pareció recordar ese lugar de mi infancia”, escribió Louise Glück, y yo recuerdo ahora esa frase, aunque en mi infancia no hubiera nieve ni mar, sólo viento y algo mío hoy ajeno. Quizás mi sitio no sea otro que esa pampa feroz más cercana al desierto que a las costas. Y, sin embargo, desde hace unos meses miro cada mañana el azul del Caribe y escribo líneas sueltas para tejer un ancla con las palabras.
Como Han Kang en Blanco, hago una lista para volver a casa:
malvón
río
yuyos
gatos
He aprendido a buscarlas en cada nuevo espacio, a veces por fuera, a veces por dentro.
Mi hija me manda una foto: miro a Nina que mira un canal, una barcaza y algunas matas verdes. Podría ser mi paisaje. ¿Se heredan acaso los roces de la nostalgia como se heredan los miedos o el color de los ojos?
6.
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos
Octavio Paz
Astillada la risa no es burla sino espejo ante el malecón
¿A qué suena el mar cuando se quiebra?
Unos chicos del edificio Girón
juegan a hundirse en el agua
xxxxxxuna y otra vez
y salen siempre con una sonrisa
Me las llevaré conmigo en la despedida
para zurcir con ellas los vidrios rotos
La Habana – México, 2026