Para los defensores de la autenticidad de la carta de Verrazano, el Cèllere Codex es la copia más importante y detallada de las tres versiones. En este manuscrito de una docena de páginas, escrito con una caligrafía sorprendentemente clara y nítida para la época, se narra el viaje de Verrazano desde que zarpó de Madeira en diciembre de 1523. Se describe su paso por Carolina del Norte, su breve incursión en la costa norte de la Florida, su recorrido por toda la costa atlántica norte hasta lo que se supone que es hoy Nueva York, Maine, y la isla de Terranova, desde donde regresó a Dieppe (Bretaña) en julio de 1524. Según Lawrence C. Wroth, con el descubrimiento del Códice Cèllere (1909) por Alessandro Bacciano todas las dudas sobre la autenticidad de la carta de Verrazano se han disipado y toda la erudición realizada antes de su publicación en 1909 es obsoleta. Es como si todas las observaciones realizadas por Buckingham Smith y Henry C. Murphy no «les dejasen ver el bosque, porque los árboles les tapan la visión de conjunto» (Wroth, 3). El librero norteamericano Lawrence C. Wroth, con su documentada introducción, su inclusión de la copia facsímil del Cèllere Codex, presunto original de Verrazano, su trascripción literal al italiano, así como su traducción al inglés por Susan Tarrow, pretende dar por zanjada la controversia sobre la autenticidad de dicho documento. Es importante comentar que, según Wroth, la traducción del códice por Susan Tarrow es «una versión más viva y menos literal del original» («a livelier and less literal rendition of the original») que la realizada por Edward Hagaman Hall y sustancialmente diferente a la llevada a cabo anteriormente por el doctor J. G. Cogswell del manuscrito incluido en la obra de Henry Murphy (Wroth, xii).[24]

El prolífico escritor y librero estadounidense, veterano de la I Guerra Mundial en Francia, Lawrence C. Wroth publicó, en 1970, The Voyages of Giovanni da Verrazzano 1524-1528, una obra canónica, en principio definitiva, que zanjó de una vez por todas las dudas o reservas suscitadas por Buckingham Smith y Henry C. Murphy sobre la «carta» del pretendido viaje de Giovanni da Verrazano a Norteamérica. No era una tarea fácil, dado que las dudas suscitadas por los autores antes mencionados eran, más que dudas, sólidas pruebas de las flagrantes mentiras que aparecen en dicha «carta». Por esa razón, tienen un mérito enorme el celo, la documentación, la pulcritud narrativa y el exquisito cuidado que ha tenido este autor en seleccionar a los más importantes defensores de la figura del presunto descubridor florentino. El proyecto de escribir un libro sobre Verrazano no fue, sin embargo, una idea original de Lawrence C. Wroth. El entonces director de la Pierpont Morgan Library, hoy conocida como Morgan Library and Museum, una de las bibliotecas más emblemáticas de Estados Unidos, Frederick Baldwin Adams, Jr., fue el que tuvo la iniciativa de realizar una edición y traducción del manuscrito en 1956. Adams pertenecía a lo que se podría calificar como la aristocracia de los Estados Unidos del momento. Emparentado por parte de madre con el presidente Franklin Delano Roosevelt (1882-1945), fue presidente de la New York Historical Society, presidente de la junta directiva de la universidad de Yale de 1959 a 1971, además de tener la colección privada más importante de obras de Robert Frost, Karl Marx y Thomas Hardy. La tercera mujer de Adams fue una princesa sueca junto a la que pasó sus últimos años en Francia.[25] Adams quería además llevar a cabo el trabajo de forma inmediata y que fuese Wroth, como especialista de dicha biblioteca, el que lo llevase a cabo. Así fue, Wroth no se limitó a realizar una edición cualquiera y conseguir a una traductora para el manuscrito Cèllere Codex, sino que además llevó a cabo un estudio sobre Verrazano de casi cuatrocientas páginas. Lawrence C. Wroth no sólo era un gran bibliófilo y coleccionista, sino que además fue la máxima autoridad en Estados Unidos en el tema de la imprenta, autor de más de quinientas cincuenta obras y uno de los académicos más importantes de su tiempo.

Para empezar, la monografía realizada por Wroth está publicada por una de las más respetadas universidades del mundo y, por lo tanto, su reputación y distribución entre las más prestigiosas instituciones ha estado asegurada. Sobra decir que este libro está magníficamente escrito y estructurado. A pesar de todo, no es fiel a la verdad. Existen abogados defensores que son capaces de hacer ver lo negro blanco y lo blanco negro. Lawrence C. Wroth tiene el poder de embelesar a sus lectores con hipótesis, metáforas, chantaje intelectual, dudas y un lenguaje firme y categórico que no deja el menor resquicio a la convicción de sus argumentos.

Soy consciente de que para desmontar todo el tinglado urdido en la defensa de la autenticidad de la carta de Verrazano que hace Wroth, es necesario al menos un libro. Sería ingenuo intentarlo con un solo artículo, pero quizá se puedan dar algunas pinceladas que vayan en esa dirección. Vaya por delante toda mi admiración hacia Lawrence C. Wroth como escritor, del que nunca sabré si creía de corazón en la causa que estaba defendiendo. Merece la pena, no obstante, pararse a analizar la retórica utilizada por Lawrence C. Wroth para justificar sus argumentos en defensa de la presunta autenticidad de la «carta» de Verrazano. Wroth reconoce que, por muchas exageraciones que contenga la carta en cuanto a las distancias, en los «errores de deducción» y en sus «oscuridades internas», el texto contiene las «pautas de la verdad» («the lineaments of truth»). Afirma que detractores de la carta como Smith y Murphy pertenecían a una época en la que el método del «Higher Criticism» tuvo tanta fuerza que fue aplicado a fuentes originales y que esto fue la causa del «ataque destructivo» causado en este caso por estos métodos «superficiales» (3).

Al comienzo de su obra, Wroth comienza con artillería pesada, citando una batería de investigadores, abogados defensores de Verrazano que con su «nueva evidencia» («fresh evidence»), «lógica clara» («clear logic») y «juicio equilibrado» («balanced judgement») pudieron dar fin a esa ya olvidada era de sospecha sobre la autenticidad de la «carta» de Verrazano:

Por fin la era de la incredulidad sobre el viaje de Verrazzano llegó a su fin. El punto de vista de Smith-Murphy sufrió un ataque más efectivo que el que sus defensores habían liderado. El erudito alemán Johann Georg Kohl, el francoamericanista Henry Harrisse, los estadounidenses Benjamin Franklin De Costa y James Carson Brevoort, los italianos Cornelio Desimoni y, más tarde, Prospero Peragallo se opusieron a ella aportando nuevas pruebas, una lógica clara y un equilibrado juicio (Wroth, 3).

Las especulaciones, sospechas y deducciones de Wroth llegan hasta límites insospechados al intentar establecer absurdas relaciones entre los mapas más importantes de la época y la figura de Verrazano. Un ejemplo sería el conocido mapa de Juan Vespucci de 1526 en el que, a la altura de la actual Carolina del Norte, aparece el nombre de «r[ío] de las atarazanas», transcrito por Wroth como «r. de sa terazanas». En realidad, Wroth, desconocedor de la palabra «atarazanas» (en español astillero, o shipyard en inglés) nos quiere convencer de que, en realidad, Vespucci quería escribir «verazanas» en honor y recuerdo a Verrazano. Según Wroth, ésta sería la primera prueba cartográfica, cronológicamente hablando, que documentaría el viaje de Giovanni da Verrazano a esas costas.

One may not be certain that the name «terazanas» was intended by Vespucci for «verazanas», but the closeness in sound between the two words, the ease with which in transcribing a copyist might mistake a «v» for a «t», as clearly shown in another contemporary document, and the nearness in terms of latitude of then «r. da sa terazanas» to the accepted Verrazzano landfall make it a matter of obligation to designate the Vespucci map of 1526 as probably the first to show a trace of the Verrazzano voyage of 1524 (Wroth, 169).

 

Igualmente afirma, sin tener en cuenta al cronista italiano Antonio de Pigafetta, que los nombres italianos que aparecen en los mapas de Gerolamo da Verrazano fueron incluidos en honor a su hermano Giovanni da Verrazano: «The presence on the Gerolamo map of a good number of place-names in Italian between the Rio de la Plata and the Strait might well be considered evidence of a Verrazzano voyage along the coast» (Wroth, 232).[26] De la misma aparecen afirmaciones categóricas («irrefutables») que se vuelven contra sí mismas, ya que lo único que logran es plantear dudas. Éste sería el caso de la fecha de la muerte de Verrazano: «Cited in a preceding section of this chapter is the irrefutable testimony of the Fécamp Documents to the fact of Verrazzano’s continued existence for many months after his reputed death by hanging in November 1527» (p. 260). Sin embargo, más adelante, pasa a decir que estas pruebas categóricas presentan «dificultades de interpretación»: «One of the documents of the Fécamp group presents difficulties of interpretation that demand consideration…» (p. 260). Por si quedase alguna duda en cuanto a la posibilidad de algún error paleográfico o de interpretación del documento, se nos informa que la lectura fue realizada por un experto francés en grafía del siglo xvi, además de su propio y «minucioso» examen del documento: «As transcribe for me by a learned French decipherer of sixteenth-century handwriting and verified by my own minute examination of a photograph of the document» (p. 261).

Toda la obra de Wroth está plagada de expresiones de duda, probabilidad o posibilidad, cuyo objetivo no es otro que el de conectar la más mínima casualidad extraíble de la documentación escrita y cartográfica con la supuesta gran figura de su personaje.[27] Sin embargo, será, según Lawrence C. Wroth, el Códice Cèllere el que inclinará la balanza definitivamente del lado de Verrazano y además de forma «irrebatible» (Wroth, 4). Unos años más tarde, en 1931, otro conocido investigador norteamericano, W. F. Gagnon, para resumir la controversia afirmó que con la publicación del Códice Cèllere no sólo se disipa la controversia y la duda que nos pueda llegar, sino que hace que toda la erudición realizada anteriormente pase a ser obsoleta (cit. en Wroth, 4). Sin embargo, ¿la sabiduría que podemos encontrar en las páginas de Marco Aurelio, Séneca o Cervantes no sería tan válida hoy como el día en que se escribió?

En su artículo «Nautical charts attributed to Verrazano (1525-1528)», publicado en 1954, el investigador francés Marcel Destombes intenta desmontar la afirmación de que la figura y la cartografía de Giovanni da Verrazano sean un mito, una fabricación nacionalista comenzada por el rey de Francia. Como se sabe, el monarca francés Francisco I fue capturado en la batalla de Pavía (1525) y llevado preso a España, pasando más de un año en una cárcel madrileña y teniendo que dejar a sus dos hijos como rehenes a cambio de su liberación. Por si fuera poco, unos años antes (1520) había perdido la disputa para lograr ser coronado emperador del Sacro Imperio Románico Germánico, honor que recayó en su archienemigo, el monarca español Carlos I. El resto de su vida lo dedicó a luchar por tierra y mar contra los intereses de la corona española, tanto en Milán, Borgoña, Navarra y el Mediterráneo como en el norte de la América española, a la que, como hemos visto, denominaron en un principio «Francisca», nombre que no cuajó, pasando a ser más tarde Nouvelle France. Destombes atribuye en un artículo la autoría de cuatro mapas de Norteamérica a Gerolamo de Verrazano, presunto hermano del navegante con pruebas no muy convincentes.

El señor Destombes afirma de entrada que ya nadie lee los libros y estudios de Buckingham Smith y Henry C. Murphy, debido a los últimos y definitivos descubrimientos sobre la veracidad de la figura de Verrazano: «No es necesario abordar aquí la controversia planteada por Smith y Murphy, cuyos libros ya nadie lee, porque muchos escritores (Da Costa, Desimoni, Gaffarel, Gravier, Harrisse, Major, Peragallo y otros) demostraron, incluso antes del descubrimiento de los documentos de Bacchiani, el valor y la autenticidad de los viajes de Verrazano» (Destombes, 59).[28] Estas desconsideradas palabras del conocido investigador francés Destombes respecto a los dos historiadores estadounidenses, que dedicaron buena parte de su vida a la investigación de viajes transatlánticos y a demostrar la falacia de la creación del personaje de Verrazano y de su carta, resultan hasta cierto punto infantiles. Hasta el presente, todos los argumentos sobre la falsedad de las descripciones geográficas, etnográficas y cartográficas que aparecen en la carta siguen en pie. Los últimos descubrimientos periféricos acerca de la carta y de la cartografía, lo único que han hecho es enredar un poco más una flagrante mentira que por razones espurias y nacionalistas interesa que siga vigente. Wroth defendía la práctica de la piratería si ésta se realizaba con el fin de saquear intereses españoles, dado que entonces dejaban de ser «piratas» y pasaban a ser heroicos corsarios o privateers: «All things considered it were better, perhaps, to die sword in hand, even though afterward “eaten down to the smallest bone” than to be ignominiously hanged for carrying on what seemed to most men of the time a legitimate activity, an activity called privateering by one’s own side, piracy by the other» (p. 262). Incluso llega a firmar que si no sabemos más sobre su muerte es porque el emperador Carlos V y los españoles urdieron una «evidente conspiración de silencio» («remarkable conspiracy of silence») sobre ella (262). Sin duda, el emperador no tenía mejores cosas que hacer en ese momento…

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