Es obvio que como biógrafo y como ensayista a usted le interesa la historia, pero también las historias, esos casos individuales que no siempre son necesariamente paradigmáticos pero sí enigmáticos. Estoy pensando en un precioso libro suyo, Los extraños, donde la investigación sobre unos personajes familiares roza una suerte de ampliación de su propia memoria.

Mis narraciones son una extensión de mi mundo poético. Tengo la impresión de que allí donde termina mi poesía se abre la narración, seguramente para decir aquello que la poesía no puede decir o es mejor que no diga. Mi poesía no es narrativa y antes de transformarla en narrativa he preferido explorar en el relato y la novela, desarrollar mi mundo poético en otros géneros. En Los extraños indago en el mundo familiar de mi infancia, me acerco a aquellas personas que, por unos motivos u otros, permanecían como sombras alejadas, tenían una misteriosa presencia en las conversaciones o recuerdos. Y a través de ellas me acerco a mis padres, a su manera de estar en aquel mundo, a su manera de darme a mí su mundo. La historia está presente, pero para mí tiene poco sentido si no es a través de las pequeñas historias de cada uno. Los extraños es una colección de vidas insignificantes a las que, sin embargo, yo trato de dar algún significado, reconstruirlas para conocerme mejor a mí mismo y conocer mejor el mundo en el que crecí.


Díganos qué le ha atraído de Walter Benjamin, usted que ha escrito el ensayo biográfico Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza, 1932-1933, y ha editado sus Cartas de la época de Ibiza.

Admiro la integridad moral de los escritos de Benjamin, su capacidad para la síntesis y la eliminación de lo superfluo, su manera de captar una realidad total a partir de un detalle muy concreto que podría pasar desapercibido si no fuera porque aún valoramos y practicamos el arte de la atención, la idea de que la narración es una forma de transmitir sabiduría, de que la realidad espera del escritor un pensamiento que la ilumine y la haga más comprensible y fértil.


En El arte de la fuga usted penetra, aliando biografía y narración, en tres momentos fundamentales de Juan de la Cruz, Hölderlin y Pessoa. La muerte del poeta español en Úbeda, el viaje de Hölderlin desde Francia a Alemania y el día epifánico de 1914 en que le aparecieron, literalmente en su interior, los heterónimos a Fernando Pessoa, del cual dejó algunos testimonios impresionantes, además de, obviamente, los poemas. Hay en los tres escritores, siendo tan distintos, algo que los une: fatalidad y autenticidad. ¿Nos puede hablar sobre ello?

En este libro he intentado reunir poesía, narración, biografía y ensayo, probando la posibilidad de un género distinto, personal, libre, que se adaptara a los deseos actuales de mi escritura. Para un proyecto como éste, digamos ambicioso, me he encomendado a mis tres «santos» favoritos, buscando en ellos, para desentrañarlos, los episodios vitales más significativos o determinantes. Hay muchos elementos en común entre estos tres poetas, pero sobre todo uno: la construcción de una vida espiritual propia, muy potente y particular, con la poesía como principal material de construcción. Pero yo he querido ahondar sobre todo en el poder transformador de la palabra poética en cada uno de ellos, en esas «fugas» que, lejos de ser huidas de la realidad, resultan ser todo lo contrario, inmersiones profundas en lo real verdadero y apertura íntima a los límites de la conciencia. La palabra poética llevó a Hölderlin a traspasar las fronteras de la razón, a Pessoa las de la identidad y a Juan de la Cruz las de la muerte. En los tres, la experiencia poética es una experiencia que subvierte la lógica de todos los lenguajes y de la comunicación en sí misma.

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