BREVE ANTOLOGÍA DE MINIFICCIÓN

 

Gratitud, de Froylán Turcios

En el alegre paseo, cerca del río sonoro, los dos amigos pasaron junto a nosotros, saludando amablemente.

–Uno de esos –exclamó Julio– fue el autor de la calumnia soez que motivó el rompimiento con la joven por quien te consume la pena.

–Fue Eduardo, ¿no es cierto? Juro que fue él.

–¿Y cómo puedes afirmarlo con tal certeza?

–Sencillamente porque no puede ser el otro.

–¿Y por qué no puede ser el otro?

–Porque no me debe ningún favor.

 

Allá en Monclova, de Rafael Heliodoro Valle

Allá en Monclova está el nogal donde capturaron al señor cura y sus amigas. El herrero Marcha, padre de Pío, el iturbidista, forjó allí las esposas y las ramas del nogal ya se revientan de recuerdos.

 

Los poetas, de Óscar Acosta

Los mayas comparaban a sus poetas con los molineros celestiales y agregaban que ellos extraían pacientemente del maíz del idioma una harina finísima: la poesía.

 

Demasiado tarde, de Pompeyo del Valle

Cuando el Coronel Aircrag despertó en los infiernos, comprobó la exactitud que había en las palabras de su abuela Segibude, siglos atrás: la riqueza mal habida y los malos versos son causa de perdición eterna.

 

Ulises, de José Adán Castelar

El hombre, desfigurado bajo el capote negro, preguntó desde la lluvia:

–¿Hacia dónde va este camino, señor?

El que oyó la pregunta, volteándose, miró el sendero inundado por el invierno de varios días.

–¿Hacia el mar, señor?

El hombre dio las gracias, miró hacia adelante con firmeza y, sabiendo lo que hacía, siguió su destino.

 

La pregunta, de Julio Escoto

–Maestro –balbuceó el joven viejo–, ¿por qué usted siempre responde a nuestras interrogaciones con una pregunta?

–¿Será culpa mía? –contestó el anciano.

 

Meditaciones de Mario Fernando a los cuatro años de edad, de Víctor Manuel Ramos

–Mami, ¿quiénes se casan?

–Las personas que se quieren.

–Mami, ¿tú me quieres a mí?

–¿Claro hijo, claro que si te quiero?

–¿Entonces, casémonos?

 

Sobre la Filosofía, de Marcos Carías Chaverri

En el último Congreso Mundial del Saber, se llegó a la conclusión de que la Filosofía es una rama del conocimiento inútil, que no tiene ningún sentido. Se acordó esto debido a que la mayoría de los delegados opinó que era una estupidez intentar explicar el sueño de una mariposa.