Lorca había hecho en su conferencia una interpretación muy peculiar de unos versos de las Soledades:
Seis chopos, de seis yedras abrazados,
tirsos eran del griego dios, nacido
segunda vez, que en pámpanos desmiente
los cuernos de su frente…
Esta había sido la lectura del poeta granadino:
«Procede por alusiones. Pone a los mitos de perfil y a veces sólo da un rasgo oculto entre otras imágenes distintas. Baco sufre en la mitología tres pasiones y muertes. Es primero macho cabrío de retorcidos cuernos. Por amor a su bailarín Ciso, que muere y se convierte en yedra, Baco, con el ansia de abrazarlo eternamente, se convierte en vid. Por último muere para convertirse en higuera. Así que Baco nace tres veces» (II, 71).
La versión filológica de Dámaso Alonso (1927), el experto gongorino de la generación, era muy distinta. Si Lorca habla de los tres nacimientos de Baco para dar entrada a las metamorfosis del dios homosexual, Dámaso Alonso se ciñe a los dos nacimientos señalados por Góngora: «aquel dios griego, Baco (engendrado en Semele, al cual Júpiter sacó del vientre materno y, trasplantándolo a la propia cadera, dio a luz de nuevo al completarse el periodo de gestación)» (200). La versión libre de García Lorca tenía que ver con la exaltación del legendario amor homosexual entre Baco y el bailarín Ciso, amor que un poco más tarde desembocó en el famoso diálogo entre la Figura de Pámpanos y la Figura de Cascabeles del segundo cuadro de El público.
Dámaso Alonso recogería uno años después, ya bajo la dictadura franquista, este artículo en un volumen titulado Ensayos de poesía española (Revista de Occidente, Madrid, 1944). Como señaló la profesora Sultana Wahnón (1995), resulta curioso que «el artículo que le sirvió a Dámaso Alonso para rendir homenaje a su desgraciado amigo en una publicación ideada por el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas le sirviera años después para reintegrar a Lorca en el seno de la cultura oficial de la España franquista» (425). Y lo que es más significativo para nosotros, como comprueba la profesora Wanon, «Dámaso Alonso se limitó a reproducir el texto que escribiera pare el Homenaje al poeta Federico García Lorca, sin introducir más variantes que la mera sustitución de los sustantivos ensalmo o conjuro por salmodia o canto popular al referirse a La casa de Bernarda Alba» (425).
No fue fácil la aceptación de la poesía y del teatro lorquiano en el mundo del franquismo. La significación política de su muerte hizo mucho más difícil el intento de «normalización» que se produjo, sin embargo, de forma inmediata en figuras como Antonio Machado. Dámaso Alonso abrió el camino. La perspectiva del andalucismo, de la cultura popular, fue una vía propicia, ya que la dictadura forzó pronto la paradoja de convertir al folklore andaluz en centro de la expresión nacional española mientras castigaba la realidad de Andalucía con una marcada condena económica. La expresión de lo español cambió de significado en la lectura oficial del artículo de Dámaso Alonso, ahora que imperaba el nacionalismo de la dictadura militar. Ya no se ceñía a la defensa de la verdadera cultura frente a los golpistas, sino a algo que podía confundirse con el nacionalismo imperante.
Ese era el horizonte en el que se publicó el artículo dentro de Ensayos de poesía española (1944). ¿Y Dámaso Alonso? Sabido es que poco a poco, después de sufrir la depuración, se integró en la cultura franquista hasta llegar a ser nombrado en 1948 miembro de la Real Academia Española, institución de la que sería director en 1968. Pero 1944 era todavía el año de publicación de Hijos de la ira, libro de desgarradura existencialista muy alejado de la religiosidad católica del Régimen. No se había producido ese proceso de adaptación al Dios de los vencedores, que estudió Nuria Rodríguez Lázaro (2015) en los poemas del libro Hombre y Dios (1955). Si acaso, empezaba a ser consciente de que su vida en el interior del país estaba condenada a formular, durante algunos años de transición íntima, esta pregunta dirigida a un Dios silencioso: «por qué se pudre lentamente mi alma», un verso que aparece en «Insomnio», el primer poema de Hijos de la ira.
Dámaso Alonso viajó a Granada en 1940 para buscar noticias directas sobre la muerte de García Lorca. De ese viaje quedó el poema «La fuente grande o las lágrimas (entre Alfacar y Víznar)», recogido en Oscura noticia (1944), un testimonio de dolor y llanto. El mismo libro se cerró con un poema en tres partes titulado «A un poeta muerto». Aunque se trata de encarnar la muerte de todo un tiempo y una cultura en la figura abstracta del poeta, la presencia de García Lorca se filtró en los versos. El final suponía una aceptación de la muerte humana como cumplimiento de la vida y una toma de conciencia del significado real de la nada, el vacío que se encuentra tras la máscara lingüística de un dios escrito con minúscula:
¡Terrible diosa de ojos dulces, sácialo!
Ya es sólo para ti: ya para siempre tuyo.
Siempre. Ya es inmortal, ya es dios, ya es nada (115).
Pero ni siquiera la nada evita que se interrumpa la conversación. Las situaciones históricas se llenan de matices y la vida de los textos literarios se rehace a través de esos matices. La guerra lo conmueve todo, se encarna en los entusiasmos de la muerte justificada tanto como en los matices del refugio, de la lealtad o la deslealtad y de la mala conciencia. En 1944 no puede achacarse a Dámaso Alonso un cambio radical de sentido. Pero sí una oportunidad de ser leal a un amigo ejecutado. No cambió ninguna de sus alusiones peligrosas. Se limitó, en este caso, a aprovechar el españolismo de la cultura franquista para volver a publicar su artículo y hacer un homenaje, sin forzar la máquina de la disidencia. La coyuntura le permitía así mantener la palabra de los muertos.
NOTAS
· ALONSO, Dámaso. Las Soledades de Góngora. Madrid, Revista de Occidente, 1927.
–. «Federico García Lorca y la expresión de lo español». En Homenaje al poeta Federico García Lorca contra de su muerte. Valencia-Barcelona Ediciones Españolas, 1937, pp. 11-20.
–. Oscura noticia. Madrid, Adonais, 1944.
· ALTOLAGUIRRE, Manuel. «Noche de guerra. (De mi Diario)». En Hora de España, Valencia, nº IV, abril, 1937, pp. 67-78.
–. «Nuestro teatro». En Hora de España, nº IX, septiembre de 1937, pp. 29-37.
· AYALA, Francisco. Los usurpadores. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1949.
· AZAÑA, Manuel. «Discurso en el ayuntamiento de Barcelona». En Obras Completas, (7 vols. Ed. de Santos Juliá). Madrid, Taurus-Centro de Estudios políticos y constitucionales, 2008, pp. 168-181.
· GARCÍA LORCA, Federico. Obras completas (IV vols. Ed. de Miguel García Posada). Barcelona, Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores, 1996.
· GAYA, Ramón. «Representación de Mariana Pineda». En Hora de España, nº VIII, agosto de 1937, pp. 75-76.
· HERNÁNDEZ, Miguel. Obra completa, (2 vols.). Madrid, Espasa Clásicos, 2010.
–. «Manifiesto de Granada» (1931). En Boletín de la Fundación Federico García Lorca, nº 41-42, 2007, pp. 97-98.
· PEMÁN, José María. Poema de la Bestia y el Ángel. Madrid, Ediciones Jerarquí, 1938.
· QUEVEDO, Francisco. Poesía varia (ed. de James O. Crosby). Madrid, Cátedra,1996.
· RÍOS, Fernando de los. «Declaraciones en Madrid de Fernando de los Ríos sobre su estancia en Granada»,. En El socialista (29 de mayo de 1931), Boletín de la Fundación Federico García Lorca, nº 41-42, 2007, pp. 157-159.
· RODRÍGUEZ LÁZARO, Nuria. Dios es azul. Poesía y religión en la generación del 27. Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2015.
· ROSALES, Luis. Poesía reunida. Barcelona, Seix Barral, 1981.
· SÁNCHEZ BARBUDO, Antonio. «De un momento a otro, por Rafael Alberti». En Hora de España, Valencia, nº X, octubre, 1937, pp. 66-72.
· SÁNCHEZ RODRÍGUEZ, Alfonso. Un temblor de olas rojas. Poesía y compromiso en la España de 1936. Sevilla, Renacimiento, 2014.
· WAHNÓN, Sultana. «La recepción de García Lorca en la España de la posguerra». En NRFH, XLIII, 1995, nº 2, pp. 409-431.