II. MEMORIA SOBRE LA CRÍTICA Y LOS MÉTODOS DE LA CIENCIA CONTEMPORÁNEA (BARCELONA, MARZO DE 1908)

La memoria presentada por D’Ors en marzo de 1908 para tomar parte en el concurso convocado por la Diputación de Barcelona es un grueso volumen de 222 páginas manuscritas. Se encuentra catalogada como el legajo 2283 del Arxiu. La lectura cuidadosa de esta memoria resulta deslumbrante para el lector de hoy, pues muestra una impresionante familiaridad de D’Ors con la metodología científica de su tiempo.

Primero presenta D’Ors un panorama general de los problemas más importantes de la epistemología y después trata de identificar un método cuantitativo capaz de unificar los resultados de todas las ciencias. Tiene especial interés el empeño de D’Ors por describir y ordenar en el primer capítulo de la memoria titulado «Epistemología o lógica de la ciencia» (pp. 4-49) las teorías epistemológicas más relevantes de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Así da noticia cuidadosa del convencionalismo de Édouard Le Roy, Henri Poincaré y Pierre Duhem, del mecanicismo de Lord Kelvin, del empirio-criticismo de Richard Avenarius y Ernst Mach, del vitalismo de Henri Bergson, del pragmatismo y de la filosofía del «como si». En las páginas finales de este capítulo el propio D’Ors se define a sí mismo como un peculiar pragmatista imbuido del ejemplo práctico de algunos sabios cuyas lecciones ha podido atender, entre los que se cuenta a madame Curie.

En el segundo capítulo, «De la mensuración» (pp. 50-98), hace una detallada descripción –siguiendo a Jean René Benoit, director del Bureau International des Poids et Mesures de París en aquellos años, y el texto La physique moderne (1906) de Lucien Poincaré– de las diferentes unidades de medida que durante el siglo XIX y principios del XX se habían ido definiendo. A partir de ahí pasa a considerar que todas las ciencias solo son tales en la medida en que puedan ser cuantificadas y reducidas a un método único de medida, esto es, al método de la metrología. El capítulo tercero estudia –siguiendo a Le Dantec– cómo los hechos morales podrían entrar en la metrología mediante el cálculo de probabilidades. El cuarto capítulo dedicado a la transposición –escribe D’Ors– es la cuestión central de la memoria, aunque la aborda muy brevemente: se trata precisamente de la conversión de las medidas cualitativas en medidas cuantitativas.

La segunda parte de la memoria, de los capítulos del quinto al noveno, está dedicada a mostrar los métodos de las diferentes ciencias dando noticia de su enseñanza en las diversas universidades del mundo. La memoria va recorriendo el método y la enseñanza de la Física (cap. 5), la Biología (cap. 6), la Psicología (cap. 7), la Moral (cap. VIII) y la Sociología (cap. IX). D’Ors incluye además un apéndice «Sobre la disciplina personal en el vivir científico» (pp. 213-220), que es una glosa que había publicado en su sección habitual «Cròniques de París» en La Veu de Catalunya el 19 de noviembre de 1907 bajo el título «Albarrán o la disciplina científica». De modo semejante, incluirá en las páginas 139-141 su glosa «Madame Curie i ses equacions sobre el misteri» del 23 noviembre y en las páginas 160-162 su glosa «La primera lliçó de Felix le Dantec», publicada en La Veu los días 12 y 13 noviembre de ese mismo año 1907.

Además la memoria estaba acompañada de un amplio folleto de la Universidad de La Sorbona (L’Université de Paris et les établissements parisiens d’enseignement supérieur, Programmes Sommaires, Bureau des Renseignements, Année Scolaire 1906-1907, La Sorbonne, París, 134 páginas) con todos los datos relativos al curso académico 1906-1907. Para la exposición sobre la enseñanza de las ciencias en los diversos países contenida en los capítulos 5-9, Eugenio d’Ors utiliza como fuente informativa el volumen de 1908 del Minerva: Jahrbuch der gelehrten Welt, publicado anualmente por Karl J. Trübner en Estrasburgo desde el año 1892. Se trataba de un cuidadoso índice de las principales instituciones académicas del mundo con la indicación de los nombres de los profesores y de los cursos que impartían. Al lector de hoy le impresiona la amplísima información disponible en aquel volumen de más de mil seiscientas páginas con apretada letra.

Es claro para D’Ors que su trabajo resulta meramente tentativo y así lo dice en diversas ocasiones; se trata de simples esbozos que requerirán una ulterior profundización y desarrollo, si obtiene la pensión que está solicitando. Copio de su introducción traducida al castellano, que da mucha luz acerca de las aspiraciones de esta primera memoria:

Esta memoria es un trabajo desigual: debiendo ser, por su mismo fin académico, más una promesa que una realización, es natural que se encuentre en ella cierta desproporción de partes, con ventaja generalmente de las más teóricas, cosa fácilmente explicable si se tiene en cuenta que estas suelen ser de más fácil información por medio de la lectura de libros y revistas; mientras que las más prácticas necesitan de una presencia personal en los lugares mismos en que la materia de la información radica… Si este trabajo consigue su objeto académico, dicha presencia personal será posible para su autor; el estudio y la observación llenarán las actuales lagunas. Y es fácil entonces que el nuevo trabajo, término de la información, no sea en su plan otro que este; pero ya menos imperfecto, y más nutrido, y con todas sus partes completas y equilibradas.

La utilidad pública en Cataluña de una información como esta no hace falta encarecerla. Todo el mundo ha reconocido la urgencia de comenzar aquí seriamente el vivir científico; pero muchos se han convencido de la absoluta imposibilidad de iniciarlo sin poner en circulación intelectual un cierto número de nociones isagógicas, que compensen nuestro retraso para comprender los modernos problemas del conocimiento y, sobre todo, para educar gimnásticamente a la juventud en el ejercicio de la investigación personal, esencia del vivir científico y aquí tan olvidada. El moderno concepto de la ciencia supone la colaboración humilde, si se quiere, pero activa de todos los hombres científicos en la gran obra colectiva…

[…]

También es desigual en esta memoria la originalidad. Hay largas páginas en ella de mera información… Pero el autor espera que se querrá ver en la posición general de ella, y en algún capítulo como el «De la transposición», un esfuerzo propio no absolutamente desprovisto de novedad.

Sin duda, al terminar la lectura de algunos capítulos, puede quedar una impresión de confusión. Pero creo que esto es inevitable siempre que se intenta presentar rápidamente los resultados múltiples de todo orden de investigaciones, que son en la historia de la ciencia cosa recientísima… Quien consiguiera desarrollar con claridad excesiva un tema así, tal vez no sería más que un prestidigitador.

Uno de los primeros lectores de la memoria, Guillermo Díaz-Plaja, consideró que este texto tenía «un valor incalculable» porque «aquí está la semilla de lo que dentro de muchos años el propio D’Ors llamará “política de misión”». Díaz-Plaja anota también cómo «la cantidad de conocimientos obtenidos por D’Ors en el curso de unos pocos meses produce asombro, así como la cantidad de interpretaciones personales que aporta a la exposición sinóptica de estos conocimientos» (1981, pp. 44-45). Por su parte, Jaume Roura –que estudió a fondo esta memoria– considera también que «tiene un alto valor hermenéutico» para percatarnos del grado de conocimiento que D’Ors tenía de estos autores, así «como de las mediaciones que en aquel momento gravitaban sobre su pensamiento» (1983, p. 357). Como ha escrito Marta Torregrosa –que estudió también con gran detalle el documento–, lo más relevante «estriba en destacar que D’Ors poseía un elevado conocimiento del pensamiento filosófico y científico europeo y americano de su tiempo» y que esta memoria es «una de las pruebas más fehacientes de su incorporación al mundo intelectual del principios de siglo» (2003, p. 71).

 

III. LOS MÉTODOS EN LA ENSEÑANZA SUPERIOR: MISIÓN EN PARÍS (JUNIO-DICIEMBRE DE 1908)

En la disposición tercera de la convocatoria del concurso que ganó Eugenio d’Ors se establecía que los pensionados estaban obligados «a hacer semestralmente una memoria reseñando todo cuanto hayan podido recoger sobre el objeto de su estudio con las consideraciones que este les sugiera». La primera memoria justificativa de D’Ors corresponde al periodo de junio a diciembre de 1908 y la subtitula «Misión en París». La memoria manuscrita ocupa un centenar de páginas bajo el título general de Programa de trabajos para un estudio de la propedéutica científica, organizada en tres partes, tras una sugestiva introducción.

Dedica la primera parte a exponer el objeto, la materia y la organización de una asignatura de Propedéutica Científica o de Introducción a la Vida Científica –título que D’Ors prefiere– para estudiantes de carreras científicas (Ciencias Filosóficas, Matemáticas, Físico-Químicas y Biológicas) y otros candidatos que pudieran seguir sus estudios después en el extranjero (pp. 6-9 y 19). En la segunda parte, titulada «Cuestionario para los trabajos teóricos», D’Ors expone con detalle un amplio programa de los temas científicos e históricos que debería cubrir esa asignatura. La tercera parte, más breve, se titula «Ensayo esquemático de un ciclo de examen y crítica de los productos científicos desde el punto de vista del éxito o del fracaso (último grupo de ejercicios prácticos)» y está complementada con un apéndice «Sobre la enseñanza oficial en Francia de los temas de Propedéutica Científica», que aparece firmado por D’Ors en París el 1 de enero de 1909.