La tercera parte añade poco más de una página con otro final que modifica el precedente de la primera versión: «y rápidamente tras las palmas del morichal, la mujer se ha detenido». Luego, los tres párrafos que vienen a continuación describen el encuentro amoroso: «Él acude con deleite y fruición; la madrugada es profunda, bebe del pico de la botella y traga una píldora» para propiciar la relación con la mujer que lo atrae, lo besa, le toca los senos; el doctor le propone irse al hotel pero ella lo atrae y lo lleva a las tablas de la calle, lo aproxima al mismo borde, le ofrece bebida y comienza el delirio. Luego toma otra pastilla para seguir con las caricias del juego amoroso y continúa enfebrecido, «La muchacha es fuego y perfección». Hasta el punto de pensar que «Nunca habrá vivido unas horas como éstas, de impensable intensidad y placer». Pero ambos deben levantarse para ir a la habitación, entonces «un sonido fulgurante parece venir de la fiesta o del cielo o de su cabeza». La mujer grita e intenta auxiliarlo. El final delinea el intento de conseguir ayuda, pero «El hombre no puede advertir que, de manera muy suave, está cayendo desde el tablado hacia las aguas, que el frío lo envuelve y que ya no hay fuerza en las aguas». Es un final misterioso, acorde con la figura de la mujer que se le aparece, cuya personalidad puede representar también la muerte, en ese momento en que el médico cree que ha conseguido la plenitud amorosa de su juventud. Una vez más recordamos que está fechado el 10 de enero de 2010. En el fondo es una versión también más serena.

La tercera versión, «Retrato en Cuariapo (versión 3)», cotejada con la precedente, presenta algunas variantes significativas, dado el final que introduce Balza, que en este caso incluye una muerte cruenta y directa. Por ello, era necesario potenciar dos elementos, la presencia del revólver y la aparición del hombre que culmina el acto. Así en el apartado primero se añade la necesaria referencia al revólver que consumará el desenlace: «Su pequeña maleta, equipos técnicos ya en la nave; el revólver habitual dentro del pantalón»; también la referencia al hombre: «en la distancia. Sube un hombre gris, indefinible. Allí, los restos…». En el mismo sentido en el apartado segundo, aparece otro añadido que hace referencia al arma que porta, para que no perdamos de vista el elemento que propiciará el desenlace: «pero añora un buen whisky (¿por qué no lo trajo, como hizo con el revólver?)», para resaltar el olvido del whisky que en la versión precedente es lo único que olvida: «¿por qué no lo metió en el equipaje?». Algunos cambios de una o dos palabras son menos significativos como: «una travesía que demora horas» en vez de «tan larga»; «señor de nuestro barro profundo» en vez de «nuestro señor»; «barrancos oxidados» en vez de «rubios»; «En algunas asoma un sesgo» en vez de «En otras». No son, por tanto, variantes muy significativas.

El apartado tercero de este cuento es el que, —aparte de algunos cambios de menor relevancia, pero que matizan la situación («En el otro bolsillo», antes: «En su bolsillo»; o la omisión de «sonriendo»: «se ha dicho, como ahora»)— presenta el nuevo final con un añadido en el que, en primer lugar, se introduce la figura del hombre misterioso relacionada en el revólver: «[un hombre] que se ha acercado. Éste es una efigie borrosa en la noche, aunque la gorra del baseball parece acentuar su condición atlética. En su bolsillo la mano del doctor toca intuitivamente el revólver. El ruido es tan grande…». Enseguida estos elementos se combinan con la aparición de la mujer que se relaciona con el hombre: «la mujer se ha detenido. ¿Ha escuchado a lo lejos la voz de un hombre?». El final recoge también el tema de la pastilla y el intento de llevar a cabo una relación amorosa con la mujer, después de algunos intentos de aproximación preparatorios, en los que el médico siente un inmenso placer al igual que en la versión anterior. Por ello, el añadido esta vez es más breve en la parte final: «Se lo dice y cuando lo intenta, vislumbra la silueta del hombre imprecisable que se aproxima». Y en el párrafo final: «En la mano de la mujer brilla una pequeña pistola, lo amenaza y el otro hombre acude». Entonces el doctor saca su revólver y dispara, pero el ruido queda camuflado por los sonidos de la fiesta. En este caso es la mujer la que cae contra las tablas y se hunde en el agua, y al disparar de nuevo, el hombre ha desaparecido.

La reflexión final ofrece un nuevo registro del personaje que lo pinta como habitual de ese tipo de muertes: «Matar, esta vez defendiéndose, ¿En cuántas ocasiones lo ha hecho? Y se siente bien, la noche concluye a su favor. Quien muere siempre es otro. // Apenas tendrá tiempo para descansar durante dos horas». Una nueva faceta de la personalidad del médico se suma a las precedentes, en este caso más despiadada y violenta. Al estar fechada el 10 de enero de 2010, haría pareja con la precedente, serían cara y cruz de las posibilidades, en una versión muere el médico, en la otra muere la mujer.

«Retrato en Curiapo (versión 4)» cotejada con la precedente presenta algunos cambios en su apartado primero. Dado que el final del cuento variará respecto a la versión precedente, se omite la frase que se refiere al revólver y al hombre gris que intervenía en el final. Algunas otras frases son levemente cambiadas como como «señor del barro profundo». Los añadidos en este caso se refieren al paisaje del Delta, aparte de algún adjetivo o alguna comparación más leve: «laberinto ocre»; «neutros amarillos, de verdes como cristal»; «en lo alto, el iris» omitiendo «aunque lo ignoren». Pero el añadido mayor es una recreación del paisaje del Delta: «[la corriente] guarda su deriva entre los hierbazales. Sobre la orilla de bambúes y cocoteros crecen los milenarios matorrales: ceibas anchas, audaces algarrobos, cacaotales abandonados, jobos; y, sobre éstos, descubre el hombre, saltan, arrullan los no menos antiguos araguatos: monos graciosos, ágiles, de oro y rubí, cuyo sonido vuela en el viento con acordes electrónicos. Niños ancianos que han vivido la promiscuidad ancestral y futura». Además, las dos frases que vienen a continuación son levemente modificadas para que ofrezcan más expresividad: «En tres o cuatro ocasiones, inmensos buques de carga han estremecido la lancha de los viajeros al partir el agua», «Horas después, los morichales de malvas desvaídos de la derecha se frotan con barrancos rubios».

El apartado segundo elide la alusión al revólver y también, lo que es más significativo, se vuelve a la versión primera suprimiendo la frase que describe el acercamiento de la misteriosa mujer (es ésta: «Mientras se acercaba tenía la desenvoltura de una chica, pero en la rápida luz que irradia una ventana, él nota que es mayor para pertenecer al grupo. O que quizá haya quedado rezagada en la edad»). Es posible que, dado el final, ya no se quiera dar tanta visibilidad a la imagen de la mujer.

Las mayores variantes aparecen en el apartado tercero donde se añade un párrafo, muy necesario, que incide en el final, acerca del primer hijo del doctor: «preguntarse [el doctor] si era injusto con su esposa, con los hijos. Sobre todo con el primero, habido antes del matrimonio, nacido en Manamito cincuenta años atrás; el hijo de una mujer morena, lujuriosa, niño de rostro simiesco y tierno que desapareció, según ella (ya muerta hoy) en faenas de cortar temiche, Delta adentro. Mujer única de quien él recibió algo como la entereza, la totalidad: su conducta mansa, inocente y su animalidad incesante, superior, liberadora del placer, de lo ilimitado. Criatura de tierra, de flores salvajes, casi inaudible». El párrafo resulta absolutamente necesario porque perfila ese nuevo final en el que se marca la venganza del hijo abandonado contra su padre.

Planteado el nuevo final, también se omite la descripción del hombre de efigie borrosa y gorra de baseball para sustituirlo por una intuición premonitoria: «Bebe un trago más e invita al hombre borroso que se ha acercado. ¿Hay algo familiar en él? El ruido es tan grande…». Aparte de dos o tres variantes menos relevantes que afectan a dos o tres palabras, lo más significativo es el nuevo final: «la mujer desaparece. Cesa la música por un momento. El doctor cree oír a la vez el canto de un gallo y el rugido de los araguatos». Con ello se describe cómo se renuevan las voces juveniles que son eco de la fiesta, pero el médico se decide a volver al hotel, es entonces cuando una sombra se lo impide: «una figura solitaria y enorme se le atraviesa o decenas de formas hacen una trama impenetrable frente a él». Esas sombras parecen aullar, pero el ruido no deja oírlas. El médico piensa que puede ser efecto del cansancio y trata de esquivar el impedimento, pero percibe que puede caer al cantil por el efecto del viento y del oleaje. Los cuerpos oscuros se acercan, siente o imagina al hombre que desapareció. Es entonces cuando se intuye el parentesco con el hijo abandonado, «pero no puede ser él, se dice por último, con tal desnudez simiesca. Como un soplo final vislumbra el rostro de aquella mujer casi animal a quien creyó amar en su juventud». Un final, por consiguiente, que sugiere la muerte del médico a manos de su propio hijo. La variante está fechada en Delta del Orinoco, el 24 de diciembre de 2019, por lo que está situada en el futuro, tal vez sugiriendo la venganza de las generaciones futuras a la despreocupación irresponsable y la continua corrupción del presente.

Como se puede observar, los finales de las cuatro versiones son impactantes y expresivos en todos los casos, todos modulan además las variantes de un «ejercicio narrativo» que demuestran que Balza, introduciendo leves modificaciones, es capaz de presentar una historia en sus diversas facetas y posibilidades. En esos finales se pueden observar las cuatro posibilidades de conclusión del relato, entre las cuales impactan en mayor medida aquellas en las que se acentúa la violencia y se intuye la muerte del personaje principal o de otras personas. La obra de Balza ha tomado en los últimos años una línea más reflexiva acerca de su propio contexto histórico y social, de lo que es índice una de sus últimas novelas, Un hombre de aceite, publicada en 2008, por esa razón, tras la lectura realizada, parece posible colocar estas cuatro versiones de «Retrato en Cuariapo» en la misma línea de este título. Tras ellas, con el fondo vegetal del Delta, se vislumbra la pervivencia de la corrupción y la sobrevivencia de una clase que ascendió socialmente y se apoyó en una dudosa ética manejando turbios negocios propiciados por los manejos económicos y políticos partidistas.

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