INSTITUCIONES Y ENTIDADES

Además de los afanes individuales de investigadores y eruditos y del interés institucional de ciertas universidades más señaladas, proyectadas primero en el ámbito hispánico e hispanoamericano después, ha habido empeños muy importantes de entidades tanto privadas como públicas que, a través del convulso siglo XX de la historia alemana, demostraron una permanente atención hacia la literatura y la cultura inicialmente solo española –que incluye lo virreinal– y más adelante iberoamericana –que suma lo portugués y brasileño–. Ahora, además, se contemplan regiones con algún énfasis especial, como el Caribe.

Son conocidos y muy valiosos para el mundo cultural, científico y académico el Instituto Goethe y el Servicio Alemán de Intercambio Académico.

El Goethe-Institut, con sede en Múnich, fue creado por Kurt Magnus en 1951 y sustituyó a la anterior Academia Alemana (Deutsche Akademie), fundada en 1925. Se corresponde en propósitos y funciones con sus semejantes hermanas Alliance Française (1883), Società Dante Alighieri (1889), British Council (1934), Instituto Cervantes (1991) e Instituto Camões (1992). Hoy alcanza una amplia dispersión y distribución mundial: para 2013 contaba con 13 institutos en la propia Alemania y 145 en el exterior (de estos, 35 son Centros Goethe con un peso superior, pues involucran a instituciones asociadas).

Paralelamente, el Goethe-Institut opera en alianza estratégica con el Servicio Alemán de Intercambio Académico (Deutscher Akademischer Austauschdienst, DAAD), creado también en 1925, suprimido en 1945 y luego reinstaurado en 1950, con sede en Bonn. Además, ambos actúan coordinadamente con las representaciones diplomáticas alemanas y con la amplia red de colegios alemanes que está activamente presente en muchas naciones del mundo, donde son focos difusores y formativos de la cultura germánica, transmitiendo su lengua, su cultura y su literatura en estrecha vinculación de diálogo e intercambio con cada país.

Las instituciones culturales alemanas no han estado al margen de los acontecimientos históricos que han sacudido su país: poco antes que fuera derribado el Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989), sensatamente el mundo académico se adelantó al orbe político y, contando con el apoyo de la República Federal Alemana (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA), acordaron en junio de 1988 que los profesores Klaus Meyer-Minnemann de la Universidad de Hamburgo y Hans Otto Dill de la Universidad Humboldt coordinaran un equipo de especialistas en temas latinoamericanos formado por expertos de ambas Alemanias. Este fue el primer proyecto de colaboración entre países divididos coyunturalmente por ideologías opuestas. De tal modo, el muro físico que separaba dichas entidades de una misma nación empezó a demolerse desde el mundo académico, imponiendo finalmente la razón sobre el dislate. Ese proyecto académico fue un puente de ideas fertilizantes para pasar por encima de un estéril muro de ladrillos.

En paralelo al gran trabajo que han desarrollado internacionalmente el Instituto Goethe y el Servicio Alemán de Cultura, debe considerarse como el precedente germinal de ambos el Instituto Ibero-Americano de Berlín (IAI), una preclara institución de extraordinaria valía que lamentablemente todavía no es suficientemente conocida ni reconocida por los investigadores más jóvenes en la actualidad. Desde enero de 1930 se ocupa del estudio de las culturas de España, Portugal y América Latina, y es una entidad de investigación interdisciplinaria con una biblioteca estupenda, formada originalmente con la donación de 82.000 libros del estudioso argentino Ernesto Quesada, a la cual se agregaron poco después 25.000 libros del erudito Hermann Hagen, con el apoyo del entonces presidente mexicano Plutarco Elías Calles, interesado en fortalecer las relaciones con Alemania dentro de su visión general de gobierno nacionalista. A su vez, este tuvo como antecedentes el Instituto Alemán-Sudamericano de Aquisgrán (1912) y el Instituto Ibero-Americano de Hamburgo (1917), donde coincidieron diversos intereses políticos, comerciales y culturales. A ellos se agregó poco después el Ministerio de Educación y Cultura de Prusia con el propósito de fundar un centro de información, investigación e intercambio cultural entre Alemania y América Latina, que se mantiene hasta hoy. A los donativos mencionados se sumaron los valiosos libros coleccionados por el geógrafo de Bonn Otto Quelle, reunidos con los auspicios del cónsul en Brasil, Otto Matteis. Con ese acervo empezó a funcionar el Instituto, pero no se inauguró formalmente hasta el 12 de octubre del mismo año, para celebrar el Día de la Raza. Su primer director fue Otto Boelitz, quien ya se había desempeñado como ministro de Educación y Cultura de Prusia y decidió instalar el Instituto en las antiguas caballerizas del Palacio Real de Berlín, en el edificio llamado Nuevo Marstall (Neuer Marstall). Posteriormente, el Instituto no pudo mantenerse al margen de los sucesos que se desarrollaban en Alemania y sufrió un proceso de nazificación al designarse como director el antiguo general, ya retirado, Wilhem Faupel, vinculado con la NSDAP. Sin embargo, no puede negarse que, a pesar de su corto presupuesto, Faupel logró proyectar internacionalmente el Instituto y reforzar su presencia en América y España. Paralelamente, con su labor propagandística, se fortaleció la publicación de revistas especializadas como la Ibero-Amerikanisches Archiv, fundada por Otto Quelle en 1930, y en 1939 se comenzó a publicar Ensayos y Estudios, una revista de filosofía y cultura en español y portugués. Al mismo tiempo, la biblioteca y el archivo del Instituto se enriquecieron ampliamente con adquisiciones, donaciones y legados de las bibliotecas privadas de los propios investigadores, lo cual sentó las bases materiales para emprender importantes trabajos de rescate en la serie Fuentes de la Historia Antigua de América, trabajando con las lenguas indígenas. Finalmente, el Instituto tuvo que trasladarse a la elegante villa Siemens en el suburbio Berlín-Lankwitz, lo cual sirvió para preservar levemente su existencia de los bombardeos posteriores.

Con la guerra y aún después de ella, el Instituto sufrió no solo daños materiales –se perdieron más de 40.000 volúmenes en los bombardeos y 600 cajas de libros y revistas almacenadas en el Nuevo Marstall nunca aparecieron; el general Faupel se esfumó con su esposa al final de la guerra, supuestamente se suicidaron– sino que hasta vio en peligro su existencia, pues se pensó hacerlo desaparecer por su actividad colaboracionista con el régimen nazi. Sin embargo, se determinaron responsabilidades y finalmente se aceptó que continuara su labor y se aprovechara el enorme caudal de recursos bibliográficos y conocimientos acumulados. Empezó entonces una época de graduales transformaciones y de una progresiva recuperación: primero el Instituto se convirtió en la Biblioteca Latinoamericana, administrada por la municipalidad berlinesa; luego cambió a la Biblioteca Ibero-Americana y, finalmente, en 1962 recuperó su nombre original bajo la activa dirección de Hans-Joachim Bock. De inmediato empezó a ofrecer frutos que justificaban su existencia: Gerdt Kutscher publicó entre 1949 y 1950 los tomos tercero y cuarto de la importante serie Fuentes de la Historia Antigua de América, un referente mundial de la especialidad que se retomó de la primera etapa del Instituto; en 1983 empezó a editarse la revista Indiana, con temas de etnología, arqueología y lenguas indígenas de América, y en 1975 se revivió una nueva serie de Ibero-Amerikanisches Archiv. Cuando, en 1977, se emprendió la publicación del catálogo por materias de la biblioteca del Instituto, este ocupó treinta tomos. Ese mismo año, bajo la dirección de Wilhem Stegmann, el IAI se trasladó a su sede actual y, aunque en 1996 estuvo en riesgo de perder el financiamiento público, numerosas entidades y personas apoyaron generosamente su sostenimiento y permitieron su continuidad, bajo la conducción de sucesivos directores como Dietrich Briesemeister. La modernización y optimización de sus sistemas y operaciones se desarrolló empeñosamente por Günther Maihold en el año 2000 y se prolonga hasta la actualidad, encabezada por la primera directora mujer, Barbara Göbel, lo cual confirma al IAI como un centro de investigación con un sólido prestigio mundial, respaldado por la biblioteca especializada en América Latina, España, Portugal y Brasil más grande del planeta.

No debe pasarse por alto que en México existe una antigua tradición de simpatía por los alemanes. Con ironía pero justicia, al referirse a esto, el escritor José Emilio Pacheco señalaba: «Se suele olvidar que en siglo XIX todo el mundo invadió a México…, menos Alemania… y los extraterrestres». Pero, más allá del humor, lo cierto es que desde el establecimiento de relaciones entre el México independiente y las entonces «ciudades libres» de la Liga Hanseática han existido una identificación y cooperación notables.

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