Aunque se asume formalmente el 23 de enero de 1879 como la fecha en que se establecieron contactos entre México y Alemania a partir de la unificación de los antiguos principados y reinos germanos, en realidad, la relación comenzó desde mucho antes, cuando el embajador mexicano Manuel Eduardo de Gorostiza inició las gestiones pertinentes desde Londres para obtener acuerdos y el reconocimiento de las ciudades libres de la Liga Hanseática –Lübeck, Bremen y Hamburgo–, que dieron origen a un primer Tratado de Amistad, Navegación y Comercio (16 de junio de 1827) que enfrentó diferentes circunstancias adversas –desde la reticencia del Gobierno mexicano hasta la suspicacia del Reino de Prusia en mancuerna con España por la Santa Alianza– que demoraron y diluyeron este propósito, encabezado de la parte alemana por Hermann Nolte, comerciante asentado en México.

El interés por Alemania y su cultura en México no ha disminuido sino que se ha incrementado, aun teniendo en cuenta los vaivenes de la historia. Por ejemplo, en la Universidad Nacional Autónoma de México, la más grande de América Latina y considerada entre las cien mejores del mundo, desde antigua fecha se imparten las disciplinas de Literatura y Lengua Alemana tanto en el Colegio de Letras Modernas de la Facultad de Filosofía y Letras como en el antes Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras (1966) y ahora Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (2017), con la participación de destacados profesores mexicanos y alemanes como los especialistas Dietrich Rall Waldenmayer (1938)[2],  graduado de la Universidad de Tübingen en 1968, y Marlene Zinn de Rall (1940-2003). Hasta se ha inaugurado en la Universidad Libre de Berlín un Centro UNAM, que dirige actualmente Adiana Haro-Luviano de Rall.

 

ACTUALIDAD

Cabe señalar que, en el momento presente, a pesar de esa ilustre sucesión de estudiosos y promotores de lo hispánico e hispanoamericano en Alemania, el panorama adolece de problemas relacionados, sobre todo, con la materialidad de la literatura y su comercialización.

Amir Valle (1967), multipremiado y editado escritor cubano-germano, uno de los más importantes autores hispanoamericanos ahora residentes en Alemania (desde 2005), nos ha transmitido sus impresiones sobre la situación del presente:

Voy por partes:

Lo primero es que la literatura hispanoamericana, como bien han dicho algunos estudiosos acá, es una lección pendiente de la cultura alemana. ¿Qué pasa? Pues que tras el boom que existió acá en los años setenta y ochenta, en los que básicamente gracias a la hispanista Michi Strausfeld se publicó todo lo que valía y brillaba en España y «nuestras tierras de América», comenzó un periodo fatal, tras la muerte de los viejos editores (que eran los dueños y fundadores de las más importantes casas editoriales, como Suhrkamp y Fischer). La llegada de nuevos directores –léase editores a quienes interesaba lo que se vendía– impuso una mirada comercial y las traducciones comenzaron a ser muy raras porque encarecían el costo de los libros. De este modo, los autores que publicaron en Alemania desde fines de los noventa hasta hoy podemos considerarnos privilegiados. Son poquísimos, y no ofrecen ni siquiera una idea mínima de la riqueza creativa literaria en lengua española. El último golpe fue la desaparición del Departamento de Literatura Latinoamericana de la editorial Fischer, que era a estas alturas la única editorial grande que trabajaba con alguna seriedad nuestra literatura. Las grandes editoriales solo publican cuando se trata de autores bestsellers.

La publicación algo más amplia de autores (unos cinco o seis por año) ha sido asumida básicamente por editoriales medianas y pequeñas, con poquísima distribución y que apenas alcanzan a llegar a librerías. Solo publican autores hispanoamericanos y españoles cuando encuentran algún financiamiento de instituciones estatales.

Todo este panorama hace que la promoción de nuestras letras caiga en manos de otras figuras: por ejemplo, la revista cultural Alba Latinoamérica, que cada cuatro meses publica un número impreso bilingüe con autores casi siempre muy jóvenes. Otro ejemplo sería el trabajo cultural de las librerías independientes que venden solo libros en español, y en este aspecto destacan las librerías Andenbuch, La Escalera y Bartleby & Co., que se han convertido en centros culturales con programas diarios de presentaciones de libros y otras actividades literarias, de la cada vez más amplia comunidad de escritores latinoamericanos y españoles en Alemania. Existían otras dos librerías hispanas en Colonia y Múnich, pero tuvieron que cerrar y pasaron a vender sus libros en español desde sus sitios online.

El trabajo de instituciones como el Instituto Ibero-Americano (que posee la biblioteca más grande del mundo de libros en español) y del Instituto Cervantes es, siendo corteses, desastrosa. Ni siquiera aceptan presentar libros y se dedican a cumplir de cuando en cuando (una o dos veces por año) con algún evento, generalmente pobre y mal organizado. El Festival Internacional de Literatura de Berlín, gracias a la asesoría de Michi Strausfeld, lleva tiempo trayendo a importantes escritores de nuestras letras, de todas las promociones, pero muchos de ellos pasan sin penas ni glorias porque no existen sus libros en alemán.

Como ves, aquí es esencial señalar el trabajo de la hispanista Michi Strausfeld (que fue la que introdujo en Alemania a los autores del boom, del posboom y de otras generaciones). Pero ella se jubiló hace dos años y ya no se siente con fuerzas para hacer todo el trabajo de promoción que hizo en décadas anteriores…

Concursos y becas específicas para nuestra literatura no existen. Solamente la beca anual del DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico) ofrece cada año una plaza para un autor extranjero y, en los últimos años, solo tres autores latinoamericanos la han conseguido (el cubano José Manuel Prieto, el colombiano Héctor Abad y el mexicano Antonio Ortuño).

Hay excelentes traductores, pero, como imaginarás, apenas tienen trabajo y se han dedicado a la traducción en lengua inglesa de autores africanos y árabes, cuyas obras sí se publican porque venden mejor, ya que el público lector alemán las busca más que a nuestras obras.

Finalmente, la Academia Alemana, en materia de hispanismo, es lo más desactualizado que existe. Para que tengas una idea de lo que digo: siguen estudiando a Lezama Lima, Carpentier y de los «nuevos» solo incluyen a Zoé Valdés, a Padura, a Pedro Juan Gutiérrez y a un tal Amir Valle…

En fin, ese es el panorama… (10 de noviembre de 2020, conversación con Amir Valle vía chat).

Hubo desde los años sesenta del siglo pasado una creciente curiosidad por lo latinoamericano propiciada por el panorama bipolar, la Guerra Fría y los llamados movimientos de liberación del tercer mundo. Para reforzar esto, en 1976 fue decisión de Peter Weidhaas, director de la Feria Internacional del Libro de Fráncfort, declarar a América Latina como invitado de honor del evento, lo que abrió las puertas europeas a la nueva literatura hispanoamericana con la labor decidida de empresas importantes, como la editorial Suhrkamp y con la entusiasta participación de especialistas como Curt Meyer-Clason y Karl-August Horst, tarea que luego han continuado editoras y traductoras como Michi Strausfeld y Corinna Santacruz y agentes literarias como Nicole Witt.

Debe reconocerse que el interés por lo latinoamericano ha disminuido a partir de la caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania. Sin embargo, cuando coexistían dos Alemanias contiguas con diferentes modelos políticos resultaba hasta lógico el interés de la entonces República Federal por conocer más sobre la vida en los países dentro de la órbita comunista, incluso en Cuba y en los focos guerrilleros en América Latina. Ahora bien, cuando las dos Alemanias se fundieron nuevamente en su unidad original, primero tuvieron que ocuparse de reactivar el interés por lo otro y lo diferente en su propio territorio. Además, la proyección alemana hacia Europa se hizo más intensa y preponderante desde 1990 y se debieron considerar nuevas presencias internas como las culturas africanas, musulmanas y asiáticas, que comenzaron a inmigrar en su territorio, propiciando un mayor diálogo intercultural tanto nacional como internacionalmente.

Por otra parte, el interés por lo hispánico e hispanoamericano también ha trascendido los espacios estrictamente universitarios fuera de Alemania y ha tomado forma en personas dedicadas con ejemplar consagración a la difusión de los estudios relacionados con esas materias. Es el caso de Klaus Vervuert (1945-2017), editor y librero en el sentido más clásico y meritorio del término, cuya ausencia dejó un vacío difícil de llenar, pues, durante más de medio siglo, desde que fundó en su natal Hamburgo la editorial Iberoamericana-Vervuert, se convirtió en un obligado punto de referencia para los estudiosos de lo español de cualquier nacionalidad. Creyente fervoroso en el hispanismo desde su llegada, muy joven, a la Argentina, logró libros bien pensados y mejor hechos. Puede decirse de él, como colofón de una vida consagrada a su profesión, que nada hispano de ambos lados del mar le fue ajeno. Quizá en Klaus Vervuert se cumplió de forma ejemplar aquello que Bouterwek soñó a principios del siglo XIX: juntar con fuerza indisoluble el temple del alma alemana y la creativa fantasía española.

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