El manuscrito está ilustrado con magníficas figuras, la mayoría dibujadas en papel, recortadas y después pegadas completamente a la página correspondiente, o simplemente unidas por su centro en el caso de las «ruedas» para permitir su giro. Además, las distintas ruedas de una misma figura van coloreadas en azul, rojo, verde, amarillo, etcétera, para facilitar su visualización y manejo; existen además quince huecos preparados para otros tantos dibujos que no se llegaron a incorporar. Se cierra el volumen con una rúbrica ilegible, seguramente la del copista.

Con relación a la autoría del manuscrito Astronómico Real, tanto en la «Dedicatoria» como en el «Prohemio» aparece el nombre de Andrés García Céspedes como autor, escrito en letra distinta, irregular y «corrida», encajado forzadamente en un espacio en el que han sido raspadas o borradas algunas palabras, aunque permanecen de la escritura anterior las dos primeras letras (Al) en la Dedicatoria, y sólo la primera (A) en el Prohemio. En ambos encabezamientos, exactamente igual que en el Islario, hubo otro nombre inicialmente y después fue sustituido por el del matemático burgalés, aunque no en la forma habitual, porque siempre hacía figurar sus apellidos con la inclusión de la preposición «de»: García de Céspedes.

En cuanto a las fechas, en la dedicatoria se dice: «[…] desde el año de 1543 en que se comenzó a hacer el presente libro». Esta fecha vuelve a repetirse en las últimas páginas de la tercera parte del volumen, la que contiene la versión de la obra de Apiano.[22] Por otro lado, tanto en la Dedicatoria como en el Prohemio, se dirige el texto al príncipe don Phelipe, segundo deste nombre, Rey de Spaña y de Ynglaterra; si se tiene en cuenta que Felipe II fue monarca de España desde 1556 y rey de Inglaterra, por su matrimonio con la reina María, desde 1554 hasta 1558, sólo fue titular de ambas coronas escasamente dos años, desde 1556 hasta 1558: la Dedicatoria y el Prohemio fueron escritos dentro de ese período de dos años. En la Dedicatoria, el autor indica que primero escribió el Astronómico, después las Teóricas, y finalmente la Esfera, aunque fueron encuadernadas en orden totalmente inverso. Podemos concluir que su particular versión castellana del Astronómico Cesáreo la comenzó en 1543 y la finalizó no antes de 1549, y que la Esfera la estaba redactando en 1553. El Prohemio y la Dedicatoria, lógicamente lo último que se elaboró, se hicieron después de 1556 y antes de 1558.

Por tanto, el manuscrito se inició en 1543, sufrió varios «parones» y se le «puso portada» en torno a 1557. Como García de Céspedes nació hacia 1550,[23] el autor del manuscrito es, sin lugar a dudas, Alonso de Santa Cruz, que en 1543 tenía treinta y ocho años; desde antes de 1556, y hasta su muerte en 1567, poseyó el nombramiento de cosmógrafo del rey, como veremos, y su nombre se inicia con «Al». Además, si se compara la letra de los manuscritos, se puede afirmar que el copista que «pasó a limpio» el Astronómico Real, el Libro de las longitudines, el Islario general y el Abecedario virtuoso parece ser el mismo.

 

EL ATLAS DE EL ESCORIAL

El Atlas de El Escorial es un manuscrito que llegó a la biblioteca del Monasterio de El Escorial en mayo de 1576, formando parte de la primera entrega de libros que Felipe II hizo a los monjes jerónimos, descrito como «un libro grande encuadernado en pergamino de cartas geográficas de muchas provincias» y allí ha permanecido desde entonces. Es un delgado volumen, cosido con cartivana, y se halla catalogado dentro de los fondos de la Biblioteca escurialense como del último tercio del siglo xvi,[24] con correcciones y adiciones quirógrafas de López de Velasco, cosmógrafo mayor del Consejo de Indias desde 1571 a 1591.

Está formado por un mapa general a escala 1:2.600.000 y veinte hojas mucho más detalladas (a escala 1:400.000) que completan todo el territorio peninsular. Con las veinte hojas construimos un mosaico que aporta una imagen completa de la península ibérica. La fusión se hizo empleando programas de edición fotográfica para formar un documento continuo que facilitase el análisis cartográfico.[25]

Diferente de todos sus contemporáneos, apenas presenta elementos relacionados con la navegación y su litoral redondeado le aleja de los portulanos o las geografías de Tolomeo, situándole como un mapa geográfico o terrestre. Las veinte láminas contienen un volumen de información inaudito, apreciable al contabilizar los numerosos topónimos y elementos geográficos representados, —cerca de nueve mil cuatrocientos topónimos, alrededor de ocho mil trescientas localidades, más de mil seiscientos ríos, quinientos cuarenta y siete rotulados, trescientos treinta y dos símbolos de puentes, algunas hojas con casi mil poblaciones— o contemplando el panel de más de cuatro metro cuadrados formado al componer sus hojas. Es uno de los mapas más detallados y completos del Renacimiento, por el volumen de datos y por la escala empleada.

El Atlas de El Escorial no presenta en sus páginas ninguna indicación, firma o referencia que indique su autor o la fecha de ejecución, dos asuntos que siempre han preocupado a quienes lo han estudiado. Pocos son los que establecen hipótesis propias basadas en argumentos sólidos y la mayoría de los libros o artículos se han empeñado en reproducir la opinión de los autores más reconocidos, aunque no estén debidamente documentadas. Para aclarar estas dos incógnitas contamos con las noticias de los cronistas, referencias históricas, la biografía de los autores y el análisis de pequeños detalles de las hojas.[26]

En cuanto a la autoría, algún historiador se lo atribuyó a López de Velasco, debido a que identificaron su letra en algunas correcciones del Atlas; pero ya se ha adelantado que la explicación está en que todos los trabajos realizados al servicio del monarca eran recogidos a la muerte del titular del oficio y entregados a su sucesor en el cargo. Alonso de Santa Cruz no consiguió ser nombrado cosmógrafo del Consejo de Indias, tal como solicitó en memoriales enviados en diciembre de 1556 y febrero de 1557, a su presidente, el marqués de Mondéjar, y al propio Felipe II,[27] que finalmente le nombra cosmógrafo mayor de la Casa de la Contratación, pero con la obligación de residir en la corte.[28] Con la reforma de dicho Consejo por su presidente Juan de Ovando se creó, en 1571, el oficio de cronista-cosmógrafo mayor de dicho Consejo, tal como había pretendido el cosmógrafo sevillano, y fue nombrado para ocuparlo Juan López de Velasco, el 20 de octubre de ese mismo año, a pesar de ser jurista y no tener tan buena formación científica como Santa Cruz: «El cual entienda y se ocupe en recopilar y hazer la Historia General de las Yndias e juntamente ordene y ponga en forma conveniente las cosas tocantes a la Cosmographía en las cuestiones tocantes a las dichas Yndias».[29]

López de Velasco recibió los papeles de Alonso de Santa Cruz y, tal como le estaba ordenado, escribió una Geografía y descripción de las Indias, trabajo por el que se le concedió una ayuda de costa de cuatrocientos ducados.[30] El informe del Consejo, 7 de diciembre de 1576, es favorable a esta concesión:

El Consejo ha visto el libro que Joan de Velasco ha hecho de la geografía y descripción de las Indias que V.M. mandó se viese y con algunas enmiendas que el Consejo ha hecho en él, es obra muy buena y conveniente para que V.M la tenga…Aunque para ello se ha aprovechado de muchos papeles y libros de Alonso de Santa Cruz, cosmógrafo que fue de V. Mg. y se entregaron a Joan de Velasco para que se ayudase dellos y de otros papeles que se han traído de las Indias, y aunque por razón de su oficio y del salario que V. Mg. le da, tiene obligación de dar cada año una obra de su ministerio, pero por ser esta grande y señalada y que debajo de un libro comprende lo que pudiera dividirse en muchos […].[31]

 

Al margen está escrito: «está bien y assí se haga». Sucesivamente se le fueron concediendo otras ayudas que compensaban su salario, pero en una contestación de Felipe II, en un margen, escribe una nota ordenando que se guarden cuidadosamente los nueve ejemplares en el más celoso secreto:

Y haviendo antes de agora pensado en estos libros de la descripción de todas las Indias me ha parescido que por la calidad que son y por el inconveniente que se podía seguir si anduviesen en muchas manos como podría ser, faltando alguno de los que los tienen o mudándose de ese Consejo, pues para sólo los dél son a propósito, sería bien que todos se recogiesen en el Consejo y se pusiesen en algún cajón cerrado a donde quando se offreciese neccesidad los pudiesen tomar, volviéndolos después a su lugar…