El día que yo entré, había tres cadáveres: el de una pobre vieja ahogada, el de un niño, y el tercero… ¿Fue ilusión de una imaginación sobreexcitada? ¿Fue realidad? No lo sé, ¡pero juraría que aquel cadáver, lívido y descompuesto, chorreando agua de la negra barba, era el hombre que se calentaba en la chimenea del Louvre!

El otro episodio se refiere a quienes la autora llama «los pobres saboyanitos». De nuevo, es necesaria una cita extensa para captar en todo su valor lo que considero temprana muestra de su talento narrativo:

Estos hijos de las montañas, enviados aquí, a París, solitos y casi desnudos a ganarse su pan limpiando chimeneas, me dan una lástima inexplicable. Una de las noches más frías del invierno salía yo de un restaurant y vi a uno de ellos acurrucado en el suelo con el rostro pegado al agujero de la ventana de la cocina (las cocinas de los restaurantes son todas subterráneas). El niño se calentaba al espeso vaho que salía por la reja, y mordiscaba un trozo de pan.

Le toqué en el hombro y le alargué una moneda. «Grazie», me dijo volviendo hacia mí su cara risueña en que brillaban dos hermosos ojos negros y una dentadura de marfil.

¿En qué pensaría? ¿En la choza de sus padres? ¿En el valle natal? No lo sé; lo cierto es que el petit ramoneur sonreía.

Queden estos dos breves relatos como muestra del arte narrativo de Emilia Pardo Bazán cuando a los 22 años visitaba París por primera vez.

 

NOTAS

[1] En adelante, renuncio a localizar las citas que haga de este fragmento de los Apuntes, que en mi edición ocupa las páginas 38 a 64.

[2] «[…] Sobre las mesas de las fondas, sobre mis rodillas en el tren, con plumas comidas de orín y lápices despuntados, tracé mis primeras páginas en prosa: el indispensable Diario de viaje…», recordaba años más tarde en los «Apuntes autobiográficos» que preceden a la primera edición de Los pazos de Ulloa (Pardo Bazán, 1999, p. 22).

[3] Citado, entre otros, por A. M. Freire López («Un cahier de voyage inédito de Emilia Pardo Bazán», La Tribuna, 4, 2006, pp. 129-144),  A. Rodríguez Fischer («Una apasionada esteta al pie del coloso de hierro: Emilia Pardo Bazán en París, 1889», La Tribuna, 5, 2007, pp. 241-263), N. Carrasco Arroyo («Emilia Pardo Bazán, periodista y viajera. Las crónicas de la Exposición Universal de 1889», Emilia Pardo Bazán: el periodismo, Casa-Museo Emilia Pardo Bazán, 2007, A Coruña,  pp. 341-348), M. I. Jiménez Morales («Emilia Pardo Bazán, cronista en París (1889)», Revista de Literatura, LXX.140, 2008, pp. 507-532), M. I. Jiménez Morales («Al pie de la torre Eiffel y Por Francia y por Alemania: algunas notas de crítica textual», La literatura de Emilia Pardo Bazán [editado por J. M. González Herrán, C. Patiño Eirín y E. Penas Varela], Casa-Museo Emilia Pardo Bazán, A Coruña, 2009, pp. 229-237) y C. Núñez Rey («El París universal de 1900 en la mirada de Emilia Pardo Bazán», Emilia Pardo Bazán, periodista [P. Palomo, C. Núñez Rey y M. P. Vega Rodríguez], Arco-Libros, Madrid, 2015, pp. 165-204).

[4] Lo comento en «Emilia Pardo Bazán ante el 98 (1896-1905)» (González Herrán, 1998, pp. 145-146).

[5] Sirva como muestra esta cita que oportunamente recuerda Rodríguez Fischer (2007, p. 244) en su artículo: «Yo sé que en París todo resulta, porque conozco aquella capital. Varios inviernos he pasado en el cerebro del mundo, haciendo hasta las cuatro de la tarde la vida del estudiante aplicado, y de cuatro a doce de la noche la del incansable turista y observador, relacionada con las duquesas legitimistas del barrio de San Germán, lo mismo que con la pléyade literaria: novelistas, poetas, dramaturgos y sabios» (Pardo Bazán, 1889, p. 14).

[6] El viaje se había iniciado el 1 de enero y tras pasar por Zamora, Burgos, Biarritz, Bayona y Burdeos, ciudad en la que permanecen varios días, llegan a París en una «noche de enero». Conocemos la fecha de salida por la frase tachada en el manuscrito al comienzo del epígrafe «Salida de París. Ginebra»: «El 18 de abril nos fue posible enfin (sic) disponer nuestro viaje».

[7] Aunque no sabemos si por error suyo o del entrevistador, aquella visita se sitúa en 1871. El equívoco parece involuntario en boca de la escritora, pues se refiere a su padre, que la acompañaba en ese viaje, en estos términos: «Mon père, qui était député aux Cortes constituantes et qui n’avait voté pour le roi Amédee, ni n’avait accepté la République», como si tales acontecimientos se hubiesen producido antes del viaje. Pero, como el propio manuscrito declara, los viajeros se enteran de la abdicación de Amadeo y de la proclamación de la República, el 11 de febrero de 1873, precisamente cuando están en París: «Bien se comprende que durante estos tres meses pasados en la gran capital, mis ojos estaban siempre ansiosamente fijos en mi amada patria, en la cual se pasaban graves acontecimientos a la sazón. Don Amadeo de Saboya había abdicado […]. En efecto, la República se ha proclamado».

[8] En esa frase entrecomillada repito la nota 53 de mi edición de Apuntes de un viaje… (Pardo Bazán, 2014, p. 255).

[9] Transcribo este y en los demás nombres de monumentos y lugares de París tal como lo hace la autora de estos Apuntes de un viaje.

[10] «Triste conclusión; en Francia la literatura decae, o mejor dicho, ha decaído y, al través del rico manto de sus pasadas glorias, se ven los jirones de la pobre túnica que hoy la viste».

[11] «Hemos visto el gran bourdon o campana cuyo sonido se oía fuera de París, y cubría todos los ruidos de la ciudad. Está roto y no suena».

[12] «La oveja y el lobo, la gacela y el tigre, cayeron en la misma trampa», comenta.

[13] Que en 1873 fueron el 7, 8, 9 y 10 de abril.

[14] Carlos de Algarra Saavedra, conde de Vergara (1817-1886). Véase la semblanza biográfica que ocupa el capítulo VI de Veinte años con don Carlos. Memorias de su secretario el conde de Melgar (Melgar, 1940, pp. 39-43).

[15] La amistad se mantenía cuando, al año siguiente, Emilia vuelve a pasar una breve temporada en París, según anota en su Cahier de voyage, editado y estudiado por A. M. Freire (2006, p. 143): «Visite à la Ctsse. de A. –Elle vient chez moi– […]. La soireé chez la Ctsse. A –Plaisir de la revoir–».

[16] Como explico en mi edición de los Apuntes, la joven Emilia había escrito algunos poemas dedicados al pretendiente carlista y su familia, al parecer leídos con gran éxito en el Casino Carlista de Santiago de Compostela en 1870, y que se reproducen en el «Apéndice» de esa edición (2014, pp. 240-244).

[17] «Al que me diga que el baile del Teatro Real de Madrid no es un espectáculo lleno de decoro e impregnado de la innata cultura española, le diré que se venga al de la Ópera de París en un día chic». A este propósito, reproduzco aquí la nota 63 de mi edición de Apuntes de un viaje: «Muchos años más tarde, en una de sus crónicas de La Vida Contemporánea, en La Ilustración Artística (1366, 2 de marzo de 1908), explicará así su repugnancia por estos bailes de máscaras: “Ha sido causa de que en toda mi vida no haya asistido a más que dos; al primero, por salir de la curiosidad (luego precisa que fue uno de ‘aquellos célebres, antiguos bailes de máscaras del Teatro Real’); al segundo, por compromiso y para recibir una impresión bien triste” (acaso, este de la Ópera de Paris) […]. Ello es que estos bailes de careta me son profundamente antipáticos; y no ahora, en que mi edad madura explicaría todo retraimiento, sino desde mi primera juventud».

[18] Se explica con detenimiento en J. M. González Herrán y M. S. Rosendo Fernández (2001, pp. 235-253).

[19] Se reproduce en el artículo antes citado y también en mi edición de Apuntes de un viaje (2014, pp. 234-235).

 

BIBLIOGRAFÍA

Freire López, Ana María. «Un cahier de voyage inédito de Emilia Pardo Bazán», La Tribuna, 4, 2006, pp. 129-144.

Gómez Carrillo, Enrique. «Madame Pardo Bazán à París. Lettres espagnoles», Mercure de France, marzo-abril de 1906, pp. 457-462.

González Herrán, José Manuel. «Emilia Pardo Bazán ante el 98 (1896-1905)», El camino hacia el 98. Los escritores de la Restauración y la crisis del fin de siglo (editado por L. Romero Tobar), Fundación Duques de Soria / Editorial Visor, Madrid, 1998, pp. 145-146.

González Herrán, José Manuel y Rosendo Fernández, María Sandra. «Emilia Pardo Bazán: diez poemas inéditos de su viaje por Europa en 1873», Homenaje a Benito Varela Jácome (editado por A. Abuín González, J. Casas Rigall y J. M. González Herrán), Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela, 2001, pp. 235-253.

Melgar, Francisco. Veinte años con don Carlos. Memorias de su secretario el conde de Melgar, Espasa Calpe, Madrid, 1940.

Pardo Bazán, Emilia. Al pie de la torre Eiffel, La España Editorial, Madrid, 1889.

Obras Completas II: novelas  (editado por D. Villanueva y J. M. González Herrán), Biblioteca Castro / Fundación José Antonio de Castro, Madrid, 1999.

Apuntes de un viaje. De España a Ginebra (1873) (edición, estudio y notas de J. M. González Herrán; facsímil), Universidade de Santiago de Compostela / Real Academia Galega, Santiago de Compostela, 2014. En línea: <http://hdl.handle.net/10347/10058>.

Rodríguez Fischer, Ana. «Una apasionada esteta al pie del coloso de hierro: Emilia Pardo Bazán en París, 1889, La Tribuna, 5, 2007, pp. 241-263.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]