La realidad del individuo posmoderno ha creado la falsa conciencia de quien se cree un genio, portador de esencias misteriosas que sólo él conoce. La literatura, que aparentemente ha sido durante siglos la portadora de esas esencias misteriosas, será el vehículo de expresión para que ese ser cree su propio monumento, erija su entronización. Esto afecta a todos los géneros, pero en la poesía quizá se pueda descubrir antes que en otros. La confusión posmoderna es lo que ha creado esta mélange. En definitiva, existe una gran problemática: el público no sabe qué es poesía, puesto que se guía por una crítica que no sabe qué es poesía. Las razones para que este despropósito siga adelante se sitúan en un modo de producción que supera la estricta determinación económica, aunque en última instancia sea ésta la que alimente a un grupo de autores, con sus respectivos críticos y público, entre ellos, configurando un perfecto sistema propio de los tiempos en que vivimos, que mezcla razones políticas, individuales, culturales, económicas, religiosas, etcétera; digamos que se ha conformado un sistema ideológico que segrega su propio modo de producción de textos, un modo de producción totalmente diferente a lo que existía, siguiendo con el caso antes citado, en el siglo xix.

En el horizonte posmoderno se ocultan el sol de la literatura y la auctoritas. En cambio, encontramos los falsos casos literarios que nos ciegan, nublándonos la vista, y que sólo una ardua labor de teóricos y personas bien formadas y preparadas, en el sentido gadameriano, pueden despejar: la poesía se enfrenta a su propio fantasma, acosada por la subpoesía, y éste puede ser uno de los factores que hagan diseminar el concepto clásico de literatura ante la ausencia de referentes literarios reales, ante la ausencia de autoridades. Planeta posee una política agresiva que potencia la subliteratura y la distribuye hasta en el último rincón de la última librería de España y de Hispanoamérica. Y en los supermercados. Las pequeñas editoriales que pretenden sacar a la luz obras literarias de valor se enfrentan a inmensas dificultades de distribución y, además, el silenciamiento de la crítica, jaleada por la subcrítica, hace caso omiso de ese conjunto de obras literarias reseñables. Esto ha creado ya un despiste general del lector-comprador de libros, que se guía por la publicidad, y acaba ingiriendo bolos subliterarios, sin saber realmente qué se lleva a la boca. La labor para limpiar a la poesía de la subpoesía quizá sea una tarea imposible, ya que no existe marcha atrás en unos tiempos que no perdonan.

 

HACIA UN CAMBIO DE PARADIGMA

Con estos mimbres poco halagüeños, el panorama de la poesía española contemporánea se ha quedado polarizado en dos tendencias, que no dos estilos: la que rebaja la calidad para llegar al gran público, y la que eleva tanto el discurso que lo convierte en una jerga en la que a veces ni los propios poetas se sienten cómodos, por el hermetismo y el cripticismo. Una tercera vía, intermedia, que ya reivindicamos en Deshabitados, se debe abrir paso para dialogar con las distintas tradiciones que cada quien considere oportuno, así como con los procedimientos y herramientas de la vanguardia que estime necesarios o útiles. Lo apunta Lorenzo Plana en su reseña de Centros de gravedad. Poesía española en el siglo xxi (Una antología), de José Andújar Almansa, que de hecho ha puesto una piedra de toque sobre esta dualidad o bipolaridad a la que se enfrenta la poesía española frente al mercado, no sólo como resistencia, sino también como afirmación:

De una labor de «resistencia» hacen acopio todos estos poetas, ciertamente impacientes, aunque de sobras dotados vital y expresivamente como para demostrar que pueden mirar de frente al vacío, igual que si la poesía consistiera en una tensión verdadera, más verdadera que cualquier corriente negativa. Todos estos autores se encuentran de vuelta de muchos giros… Así lo atestiguan sus poemas, que no comparten una estética o ideario comunes, sino, más bien, la irrealidad impactante de vivir en estos tiempos. El cambio de paradigma parece evidente a muchos niveles en todo el mundo, y ellos, desde un sesgo intelectualista, y pletóricos de tradiciones, reciben el hielo desde la espina dorsal de la nada incandescente, desde el vacío extraño. En la lucha de sus conciencias contra la negatividad de una época plagada de trampas, encuentra el antólogo Andújar Almansa en su largo y portentoso prólogo la evidencia de que la poesía busca siempre el límite de las cosas, generación tras generación, en una espiral ajena a las baratijas del día a día. Postula que la palabra poética necesita residir un tiempo en lo oscuro, a la espera de la iluminación. Todos estos poetas, ferozmente preocupados ante la médula de su lenguaje, desarrollan sus mundos originarios (Plana 2018: 6).

 

Cada vez que una generación literaria, grupo, promoción o corriente ha querido arrasar con la tradición inmediatamente anterior, desprestigiándola o negándola, ha fracasado, si bien cuando se ha establecido un territorio de convivencia entre padres e hijos, no debe ser traumático que inevitablemente éstos se vayan del hogar familiar. Si no, se corre el serio peligro de que Saturno los devore, para ocupar su lugar. El adanismo, esa tendencia tan extendida hoy día que pretende comenzar una actividad sin tener en cuenta los progresos antes realizados por otros, explica varias cosas: la ingenuidad de quien se cree Adán, y su ineptitud. De esta manera, y frente a los que quieren hacer tabula rasa con el pasado, la lírica española contemporánea se encamina, en palabras de Luis Bagué Quílez, hacia una «poesía habitable»:

En suma, el camino hacia una poesía habitable que han emprendido los antaño «deshabitados» supone una definitiva implicación en la realidad inmediata, aunque sus versos renuncien a esgrimir la garantía verificable de la primera persona y a desempolvar un dialecto realista. No se trata simplemente del sempiterno tránsito «de la pureza a la revolución», sino de la intuición de que quizá la lírica haya dejado de ser útil como arma de transformación social, pero sigue siendo «un útil ideológico» (Rodríguez, 1999: 125) indispensable para revelar las fracturas de nuestra sociedad (Bagué Quílez 2017: 330).[4]

 

¿Qué viene a decir la dialéctica habitado/deshabitado? En palabras de Ángel L. Prieto de Paula:

Junto a los realismos nuevos —algunos son tan viejos como la levita de Campoamor—, hay expresiones del simbolismo que se distancia de la astenia decadentista y de la gracilidad manuelmachadiana. Unos y otros responden a una mirada polifacética de ojo de mosca, formada por tantas lentes como estados de conciencia ante un mundo en el que éstos se han multiplicado o —quizá sea término más apropiado— dividido, disgregado en lascas. […] Los poetas emergentes deshacen, como los futuristas, el mito de un paraíso encerrado en su pecera de metacrilato. La eclosión de formas que no responden a un ideal arquetípico remite imaginariamente, por irnos atrás, a la renovación expresionista en clave visual de un Kokoschka, como el fulgor psicodélico que le produjeron las moscas del cadáver de un cerdo; un fulgor hermano del de La mirada roja schönbergiana (una incursión pictórica del músico) (Prieto de Paula, 2014: 2-3).

 

Asumiendo desde los cancioneros medievales hasta Trilce, desde otras tradiciones literarias hasta intertextos y palimpsestos de lo más variopintos, siempre que se sepan insertar en el poema de manera que funcionen, que consigan su cometido, el cambio de paradigma no se plantea como ruptura, sino simplemente como transición, como mecanismo de supervivencia del género que busca que la poesía no se repita, no se convierta en un cliché hueco que no aporta nada. Cualquier poesía que quiera no cometer los mismos errores que generaciones anteriores, erigiéndose como «única» o «nueva», debe dialogar con las tradiciones precedentes, incluida la «tradición de la ruptura» (Paz, 1999: 407-425), eligiendo y aprovechando aquellos recursos que mejor se adapten a su voz. Se trata, por tanto, de «una tercera vía, alejada del naturalismo y de las metafísicas» (Abril, 2008a: 22) que no eluda la referencialidad como eje desde el cual se golpeen los extremos de la innovación y los hielos mallarmeanos, pero una tercera vía también desde la que podamos leer el texto con libertad creativa e imaginación (Abril, 2014: 45). Podríamos decir también «el diálogo en el fragmento» (cf. Bagué Quílez y Santamaría, 2013: 26, así como Lanz 2009: 21). Partiendo de la base del recorte narrativo:

En efecto, sin que este desaparezca forzosamente, es característico de la nueva poesía la ocultación de sus engarces al lector y la atenuación al máximo de la trama argumental; de tal modo que la elipsis, la sincopación, el fragmento, los procedimientos metonímicos y elusivos y, en general, una condensación formal que colabora en el sabotaje de la transitividad comunicativa se convierten en marcas retóricas habituales. A la obstrucción de la claridad denotativa y al hermetismo resultante contribuyen también las yuxtaposiciones, la desvertebración discursiva o la propensión al boceto, el discurso imaginístico y diferentes mecanismos vanguardistas que promueven el oscurecimiento de la realidad representada con amplias dosis de misterio (Iravedra, 2016: 151).[5]

Riesgos y retos hay muchos, comenzando por eliminar de una vez por todas las especulaciones del sujeto trascendente neokantiano, apostando por la poesía como territorio de inmanencia, pero conectando al texto con el mundo y la referencialidad de lo cotidiano, la experiencia individual de cada uno sin caer en las trampas del contorno fantasmagórico de la fenomenología. Sólo una lectura pragmática podrá sacarnos del atolladero de la representación, y para eso hay que enfrascarse en una hermenéutica que combine semiótica discursiva y lingüística cognitiva, es decir acercarnos a la capacidad de expresar. Si desde el logos heideggeriano nos enfrentamos al abismo del en sí de la expresión, desde el análisis ideológico caemos en el peligro de la consigna. Así que no podemos acudir al diccionario para cada palabra o definición, es decir para cualquier verso o metáfora. Poesía es poesía, y no es una frase tautológica, pues quiere decir que es una cuestión de palabras, pero también algo más que una cuestión de palabras, es decir un discurso, y como tal hay que entenderla desde su discursividad. Poco más podemos aportar en este sentido sobre estos asuntos. Por ahora. Así que concluimos, pero continuará.

 

 

[1] Curiosamente, en 1996 se había publicado por vez primera el célebre volumen, que tanto inspirara a Jaime Gil de Biedma, La poesía de la experiencia. El monólogo dramático en la tradición literaria moderna, de Robert Langbaum (véase Salvador, 2016: 68-79). Domingo Sánchez-Mesa describe también muy bien este paso, emprendido en 1997 (cf. Sánchez-Mesa 2014: 22-25). De 1998 data un artículo muy citado de Luis Muñoz, que ha influido considerablemente, «Un nuevo simbolismo» (Muñoz, 1998: 18-21).

[2] Véase, por ejemplo, la denuncia de Nieves Muriel a antologías como 20 con 20, Poesía soy yo o (Tras)lúcidas: «Los prólogos de estas antologías redundan en una pobreza retórica patriarcal .[…] Con esa dicha que da no tener que compararse con nadie, ni buscar la medida en lo que los hombres dicen o hacen» (Muriel, 2016: 13). En realidad asistimos a un maquillado de ideas y tipologías para vender, sin que el canon cambie esencialmente. Pero esto es otro problema, también abordado por esta autora (Muriel, 2018: 15-26).

[3] Mientras que a la novela hace ya muchas décadas que se le aplica el apelativo best seller, en poesía es un hecho reciente. Quizás el precedente más significativo sea Poemas de amor, de Antonio Gala (Barcelona: Planeta, 1997), con prólogo y edición de Pere Gimferrer.

[4] La cita pertenece a Juan Carlos Rodríguez, Dichos y escritos (Sobre «La otra sentimentalidad» y otros escritos fechados de poética), Madrid: Hiperión, 1999, 125.

[5] Ahora ampliados, estos procedimientos ya fueron apuntados (cf. Abril, 2008: 25; y luego señalados allí mismo, entre otros, por Sánchez-Mesa, 2014: 23).

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

BIBLIOGRAFÍA

· Abril, Juan Carlos, ed. (2008). Deshabitados, Granada: Diputación, col. Maillot Amarillo.

–, (2008a). «Afinidades discursivas», en Abril 2008, 11-47; luego en Abril, coord. 2011, 197-224.

–, coord. (2011). Gramáticas del fragmento. Estudios de poesía española para el siglo xxi, Granada: El Genio Maligno, col. Estudios y Ensayos.

–, (2014a). «Hacia un realismo abstracto», en Prieto de Paula y Bagué Quílez, coords. 2014, 45.

–, (2014b). «El mercado de la poesía de la experiencia», Tonos Digital: Revista electrónica de estudios filológicos 26, Murcia: Universidad, enero. <https://goo.gl/Vu7WsN>. [Ref. consultada el 5 de febrero de 2019].

· Andújar Almansa, José, ed. (2018). Centros de gravedad. Poesía española en el siglo xxi (Una antología), Valencia: Pre-Textos, col. La Cruz del Sur.

· Bagué Quílez, Luis (2017). «Un compromiso “deshabitado”: representaciones de lo social en los poetas españoles del siglo xxi», en García, ed. 2017, 307-332; luego en Luis Bagué Quílez, La poesía española desde el siglo xxi. Una genealogía estética, Madrid: Visor, col. Biblioteca Filológica Hispana, 229-253.

· Bagué Quílez, Luis y Santamaría, Alberto (2013). «2001-2012: una odisea en el tiempo», en Bagué Quílez y Santamaría, eds. 2013, 11-32.

· Bagué Quílez, Luis y Santamaría, Alberto, eds. (2013). Malos tiempos para la épica. Última poesía española (2001-2012), Madrid: Visor, col. Biblioteca Filológica Hispana.

· Bourdieu, Pierre (1995 [1992]). Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario, trad. de Thomas Kauf, Barcelona: Anagrama.

· Calderón, Alí et alii (2011). Poesía ante la incertidumbre. Antología (Nuevos poetas en español), Madrid: Visor.

· Foucault, Michel (2001 [1999]). Los anormales. Curso del Collège de France (1974-1975), ed. Valerio Marchetti y Antonella Salomoni, dir. François Ewald y Alessandro Fontana, trad. de Horacio Óscar Pons, Madrid: Akal.

· García, Miguel Ángel, ed. (2017). El canon del compromiso en la poesía española contemporánea. Antología y poemas, Madrid: Visor, col. Biblioteca Filológica Hispana.

· Langbaum, Robert (1996 [1957]). La poesía de la experiencia. El monólogo dramático en la tradición literaria moderna, intr. y trad. de Julián Jiménez Heffernan, pról. de Álvaro Salvador, Granada: Comares.

· Lanz, Juan José (2009). «Para una poética del fragmento», Paraíso. Revista de poesía 4, Jaén, Diputación-Universidad, 19-33, <https://goo.gl/uER1eF>. [Ref. consultada el 5 de febrero de 2019], después en Abril, coord. 2011, 13-31.

· Iravedra, Araceli, ed. (2007). Poesía de la experiencia. Antología y estudio, Madrid: Visor.

–, ed. (2016). Hacia la democracia. La nueva poesía (1968-2000), Madrid: Visor.

· Manilla, Antonio (2016). Ciberadaptados, Madrid: La Huerta Grande, col. de ensayo.

· Mohedano Ruano, J. (2018). Palabra heredada en el tiempo. Tendencias y estéticas en la poesía española contemporánea, de Remedios Sánchez (ed.), Kamchatka. Revista de análisis cultural 11, monográfico «Lecturas del desierto: nuevas propuestas poéticas en la España actual», Álvaro López Fernández, Ángela Martínez Fernández y Raúl Molina Gil, coords., València: Universitat, 538-545, <https://goo.gl/eYUo93>. [Ref. consultada el 5 de febrero de 2019].

· Mora, Vicente Luis (2006). Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual, Madrid: Bartleby, col. Miradas.

–, ed. (2016). La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015), Madrid: Vaso Roto.

· Muñoz, Luis (1998). «Un nuevo simbolismo», Clarín: Revista de Nueva Literatura 18, iii, Oviedo: Ediciones Nobel, noviembre-diciembre, 18-21.

· Muriel, Nieves (2016). «Esta cuenta es distinta», ABC cultural, Madrid: 15 de octubre, 12-13, <https://goo.gl/83DxrF>. [Ref. consultada el 5 febrero de 2019].

–, (2018). «Temer o no temer. La mesa en la que se sientan feminismo y crítica literaria. O cuando el simio es demasiado imitable para ser distante», Paraíso. Revista de poesía 14, Jaén: Diputación, 15-26, <https://goo.gl/NJMLw2>. [Ref. consultada el 5 de febrero de 2019].

· Paz, Octavio (1999 [1991]). La casa de la presencia. Poesía e historia. Obras completas, tomo i, Barcelona: Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores, 2ª ed.

· Plana, Lorenzo (2018). «La perla oculta en el vacío», Dis (Diario Segre), Lérida: 24 de noviembre, 6, <https://goo.gl/YfotVV>. [Ref. consultada el 5 de febrero de 2019].

· Prieto de Paula, Ángel L. (2014). «Poesía y contemporaneidad: unas cuestiones de partida», en Prieto de Paula y Bagué Quílez, coords. 2014, 2-5.

· Prieto de Paula, Ángel L. y Bagué Quílez, Luis, coords. (2014). «Poesía española contemporánea», monográfico doble de Ínsula. Revista de letras y ciencias humanas 805-806, Madrid: Espasa, enero-febrero.

· Ricoeur, Paul (2001 [1975]). La metáfora viva, trad. de Agustín Neira Calvo, Madrid: Trotta.

· Rorty, Richard (2001 [1989]). Contingencia, ironía y solidaridad, trad. de Alfredo Eduardo Sinnot, revisión técnica de Jorge Vigil, Barcelona: Paidós.

· Salvador, Álvaro (2016). «Jaime Gil de Biedma, lector de Robert Langbaum», Cuadernos Hispanoamericanos 797, Madrid: Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, noviembre, 68-79, <https://goo.gl/xtw28E>. [Ref. consultada el 5 de febrero de 2019].

· Sánchez García, Remedios, ed. (2015). El canon abierto. Última poesía en español (1970-1985), selección de poemas de Anthony L. Geist, Madrid: Visor.

· Sánchez-Mesa Martínez, Domingo, selec., pról. y bibliografía (2007). Cambio de siglo. Antología de poesía española 1990-2007, Madrid: Hiperión.

–, (2014). «Guardianes de la diversidad: funciones de las antologías en la era de las multitudes», en Prieto de Paula y Bagué Quílez, coords. 2004, 22-25.

· Sennett, Richard (2011 [1977]). El declive del hombre público, trad. de Gerardo Di Masso, pról. de Salvador Giner, Barcelona: Anagrama, col. Argumentos.

· Villena, Luis Antonio de, ed. (1997). 10 menos 30. La ruptura interior en la «poesía de la experiencia», Valencia: Pre-Textos.

 

Total
130
Shares