¿Cómo se han ido trasladando las experiencias de una gran cantidad de viajes realizados por el mundo entero en sus libros? En las páginas de esta revista hace años publiqué un artículo-entrevista centrado en este tema («Rafael Argullol: literatura y viaje»), que aquí me limitaré a ilustrar con un ejemplo. [20]

Se trata de un viaje que él recuerda con particular interés, en el sentido del «trasvase de civilizaciones»: una estancia en la India y, sobre todo, veinte días que pasó en Benarés, donde residió para completar un libro a cuatro manos, con el pandit Vidya Nivas Mishra. Cuando llegó a la casa del sabio hindú, con el ánimo de ponerse a trabajar, Rafael se quedó sorprendido de que su interlocutor necesitara una semana para establecer vínculos de amistad y poder empezar a dialogar. Las fotos que sacó en este viaje con su cámara son un tesoro que Rafael me enseñó nada más regresar. En su libro de libros, éstas y otras fotografías que guardaba de todos sus viajes fueron un material de archivo muy rico a la hora de recrear diversos momentos de la experiencia del viaje, como, por ejemplo, la estancia en Benarés.[21]

Este viaje a la India tuvo como resultado el libro Del Ganges al Mediterráneo. Un diálogo entre las culturas de India y Europa; de esta experiencia el escritor rememora algunos momentos estelares otra vez en la Visión, como cuando en un espacio de pocos metros cuadrados vislumbra el universo entero en las escenas que presencia en Benarés: [22]

Todo sucedía en no más de cincuenta metros cuadrados. Entre los altos escalones del muelle una perra esquelética amamantaba a sus cachorros. A su lado, indiferente, una niña recogía excrementos de vaca que depositaba cuidadosamente en una cesta. Una pareja de enamorados, en lo alto de la escalinata, contemplaba soñadoramente el río. Junto a ellos, un barbero enjabonaba con gran parsimonia a su cliente y a pocos pasos, medio oculto por el gran linga de piedra, un anciano de blanquísimos cabellos defecaba en cuclillas. Cerca del estanque seco y lleno de musgo, un grupo de niños observaba silenciosamente la cópula de un par de mendigos […] Y al pie del ghat, en la pendiente que desciende hacia el río, tres cadáveres quemaban.[23]

 

En relación al tema del viaje y la escritura, Argullol mismo confesó en la citada entrevista que «el viaje más decisivo y el más interesante que había hecho es la escritura del libro Visión desde el fondo del mar»:

Considero que la propia experiencia de la escritura del libro fue un viaje. La estructura del libro, en cierto modo, está concebida como una travesía; una travesía no lineal, sino más bien en espiral. Al mismo tiempo, lo que podríamos llamar la sustancia del libro, es también un viaje. Un viaje a través de la memoria en doble dirección: por un lado desde el presente al pasado, en busca de una materia prima oscura, y por otro lado, desde el pasado al presente, en la forma de lo que habitualmente llamamos recuerdos.[24]

 

Sí, es en Visión desde el fondo del mar donde se declara y resume su manera de escribir, aparte de descubrir al lector su manera de vivir, y de ver y sentir el mundo. «Él ve la escritura de este libro como un viaje, una navegación en el tiempo, en dos direcciones: del presente al pasado, durante la búsqueda de lo que yace en la oscuridad del secreto, y del pasado al presente —cuando reaviva sus recuerdos—».[25] Cabe añadir lo que el escritor propondría como su epitafio: «Pediría uno muy corto, compuesto por sólo dos palabras «¡Viajó!».[26]

Así, todos los caminos referentes al tema del aspecto autobiográfico y memorístico de la obra de Rafael Argullol culminan en el volumen de mil doscientas páginas que componen la Visión, y la segunda parte de este artículo se propone hablar del proceso de su escritura, de su amplia temática y de algunas vivencias compartidas con el escritor que se convirtieron en el contenido del libro. El primer capítulo: «Saliva», verifica su voluntad de desarticular la pregunta «¿quién soy yo?» hasta el más mínimo detalle. De modo algo irónico, el escritor explica como en la búsqueda de su génesis mandó dos gotas de saliva a un laboratorio de Reykjavík, para descodificar su ADN. Este episodio también nos sitúa: Argullol cree que la existencia humana va más allá de lo biológico y las leyes científicas. Luego dirá su definición preferida respecto a qué es el ser humano: miedo más esperanza. Como también que la vida se rige —la suya y la nuestra— esencialmente por el amor, la fe y el azar.

Hablando de su estilo literario, hay que prestar atención a una minuciosa búsqueda de la expresión adecuada, que corresponde a sus afinidades vitales y estéticas y se presenta a veces como una obsesión —y otras como una maldición—, según el escritor confiesa, incluso con el título que da a uno de sus libros: Maldita perfección.[27] Con este título, Rafael Argullol además da nombre a una característica importante de su personalidad: la de ser perfeccionista. Consciente del lado negativo de este rasgo de su carácter creo que, asimismo, ha entendido siempre que sin esto no hubiera desarrollado la labor literaria que ha dejado atrás, aunque en su vida hubiera sufrido menos.

Debo de añadir acerca de su modo de trabajar lo que sí creo puedo testificar: Rafael no escribe de paso, ni en momentos de ocio o tiempo libre. La escritura es su vida, alrededor de lo que se teje todo lo demás. Creo que esto no es sólo ahora así, cuando ya es un autor reconocido, sino que fue así desde que publicó su primer libro y que, por supuesto, continuará siéndolo.

Siempre le vi escribir a mano, normalmente sentado en su cama, con las piernas dobladas y con una gran carpeta de piel, dura por dentro, depositada en sus rodillas.[28] En esta carpeta Rafael depositaba las hojas en blanco, unos cinco o siete folios, y empezaba a escribir, con un fino rotulador de tinta negra o azul oscuro. Así se gestaron casi dos mil folios de la Visión.[29] Concentrado y ensimismado pasaba al menos dos o tres horas sin levantarse, sin tocar el teléfono, sin hablar con nadie, sumergido en su universo literario. Con el tiempo, comprendí y respeté su necesidad de aislarse de todo mientras escribía.

Rafael escribe fluido, sin tachar siquiera. Cambiar una palabra por otra o eliminar una frase subrayada es lo máximo que le vi realizar una vez acabado el texto y en el proceso de su corrección. Como escribe a mano sus textos, luego alguien de confianza, al que el escritor contrata, pasa sus textos al ordenador. Antes de entregar partes del manuscrito para su transcripción, el escritor realiza una fotocopia de los folios que va a entregar, para asegurarse que nada se pueda perder.

La transcripción del texto de Visión sobre el fondo del mar la ejerció un doctorando y becario en la facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), Camilo Hoyos. En un artículo que publicó posteriormente, Camilo explica muchos detalles relevantes también para el tema de este artículo, como por ejemplo: «La escritura a mano no debe ser entendida únicamente como la constante develación de la obra literaria, sino también como una larga meditación en torno a lo que se escribe. Esto, como es de esperar, condiciona la relación que se establece con el texto y con el proceso mismo de escritura, y se demuestra en las distintas caligrafías que dos mil páginas de escritura contienen».[30]

 

III. VISIÓN DESDE EL FONDO DE MAR

Sigue el rumbo que has elegido, no aquel al que te arrastran el viento y las circunstancias, independientemente de los prejuicios o beneficios que te proporcione; haz aquello que debes hacer, con la convicción que mi canto es el testimonio de otros hombres que hicieron lo que tenían que hacer y el anuncio de los hombres venideros que, pese a todos los obstáculos, cumplirán con lo que creen es su deber para con los instantes que les han correspondido en la Tierra.[31]

 

He seleccionado estas líneas, de entre más de cuarenta mil que componen Visión desde el fondo del mar, porque creo que reúnen lo que significa este libro para Rafael y qué fuerza, más allá del enorme trabajo y talento que están detrás, guiaba su mano a la hora de redactarlo: cumplir con su misión. No exagero al afirmarlo; él mismo lo expresó varias veces, una vez acabado, publicado y comprendido el texto. Acerca de la dimensión autobiográfica de su libro de libros, basta con citar una frase: «Para vernos, debemos vernos desde el fondo del mar».[32]