III. LA INFLUENCIA DE LOS NUEVOS DESCUBRIMIENTOS EN EL DESARROLLO DE LA CIENCIA
«Se haría del todo imposible el mantenimiento de la tranquilidad en la tierra e incluso la situación general del orbe sería caótica si los tiranos, los ladrones y los secuestradores pudiesen impunemente cometer sus crímenes y oprimir a buenos e inocentes, y no fuese, a su vez, lícito a los inocentes tomar escarmiento de los culpables» (Francisco de Vitoria, Relectio de iure belli, 109).
Si consideramos la etnología como la ciencia que estudia comparativamente los orígenes y expresiones de la cultura de los pueblos, desde el segundo viaje de Cristóbal Colón al Caribe en 1493 ya contaríamos con el primer estudio etnográfico de algunos pueblos del Caribe. La «Carta del doctor Chanca» se puede considerar la primera manifestación científica europea occidental en las Américas, en la que no solamente se hacen descripciones de las gentes y las plantas, sino que no tiene la menor duda en describir los «ingenios», esto es, la tecnología, que se utilizó para sacar mejor provecho de lo que ofrece la naturaleza:
El dia que yo sali á dormir en tierra fué el primero día del Señor: el poco tiempo que habemos gastado en tierra ha seido más en hacer donde nos metamos, é buscar las cosas necesarias, que en saber las cosas que hay en la tierra, pero aunque ha seido poco se han visto cosas bien de maravillar, que se han visto árboles que llevan lana y harto fina, tal que los que saben del arte dicen que podrán hacer buenos paños dellas. Destos árboles hay tantos que se podrán cargar las carabelas de la lana, aunque es trabajosa de coger, porque los árboles son muy espinosos; pero bien se puede hallar ingenio para la coger. Hay infinito algodón de árboles perpetuos tan grandes como duraznos. Hay árboles que llevan cera en color y en sabor é en arder tan buena como la de abejas, tal que no hay diferencia mucha de la una á la otra. Hay infinitos árboles de trementina muy singular é muy fina. Hay mucha alquitira, también muy buena.[25] Hay árboles que pienso que llevan nueces moscadas, salvo que agora están sin fruto, é digo que lo pienso porque el sabor y olor de la corteza es como de nueces moscadas (213-214).[26]
El doctor Chanca, al igual que el jerónimo fray Ramón Pané, autor del primer libro escrito en América, Relación acerca de las antigüedades de los indios, serán los primeros de muchos que continuarán sus obras. Los estudios de algunos de estos proto-científicos constituirán la base de la ciencia moderna que se ocupará del estudio de los seres vivos, esto es la biología, y sus ramas de la botánica y la zoología. Sólo hace falta asomarse a la obra del cronista mayor de Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo, que pasó a las Indias en 1513 y tuvo la oportunidad de recoger durante muchos años información de primera mano de historias, plantas y animales que todos los conquistadores le pasaban y que dejó reflejada en su obra monumental Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar Océano cuya primera parte fue impresa en Sevilla en 1535. La impresión completa de esta obra no se llevó a cabo hasta mediados del siglo xix, de manos del académico José Amador de los Ríos. Este interés científico venía de manos de la propia corona; fue el propio Felipe II quien mandó expediciones científicas para recabar más información sobre las propiedades de las plantas, características de los animales y de las tierras americanas. Para esa labor puso específicamente al mando al «protomédico general de nuestras Indias, islas y tierra firme del mar Océano», el toledano Francisco Hernández, cuyas excelsas obras sólo se han conservado en parte debido al incendio que asoló el monasterio de El Escorial en 1671, llevándose parte de su biblioteca. Aun así, gracias a la labor llevada a cabo en España y México, se han publicado excelentes ediciones y estudios de su obra.[27] Los jesuitas José de Acosta con su Historia natural y moral de las Indias, obra crítica y moderna, vigente en su información hasta el presente, y el jienense Bartolomé Cobo y Peralta, y su Historia del Nuevo Mundo, obra de este naturalista que llegó a aprender lenguas indígenas como el quechua para recoger con más rigor información sobre sus observaciones científicas de la flora americana, son igualmente dos de sus máximos exponentes.[28] Como comentaba el gran historiador mexicano Miguel León Portilla, la antropología moderna, en este caso, la mexicana, no se podría entender sin la ingente labor de una vida dedicada al estudio de sus gentes, tradiciones y costumbres, como fue la del franciscano Bernardino de Sahagún. Este estudio quedó reflejado en su obra Historia general de las cosas de la Nueva España, realizada entre 1540 y 1585.[29]
Pero este interés por el conocimiento no sólo afectaba a la metrópoli, también hubo intención de desarrollar dichos estudios en los nuevos territorios. Al poco tiempo de ocupar su cargo, y sólo diecisiete años después de la conquista de México por Hernán Cortés, el primer virrey de México, Antonio de Mendoza y Pacheco, decidió conservar el colegio existente en la iglesia de Santiago de la ciudad de México, donde en ese momento se encontraban recogidos cincuenta o sesenta niños indígenas. El obispo de México, don Juan de Zumárraga, informó al virrey que el colegio tenía capacidad para enseñar cualquier ciencia y que se debería crear una universidad.
Contamos con una «real cédula» promulgada en Valladolid, el 23 de agosto de 1538, y dirigida al provincial de la orden de San Francisco de la Nueva España (México), para que los niños «hijos de los naturales» que «tienen mucho ingenio y capacidad para esto» y que en ese momento se encuentran en el Colegio de México, aprendan la lengua y la doctrina cristiana y que esto se hará gracias a los religiosos franciscanos a los que hay que animar para que continúen con ese trabajo.[30]
Si bien es cierto que la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Santo Domingo, República Dominicana, fue fundada en este mismo año de 1538, la Real universidad de San Marcos de Lima de 1551 y la Real y Pontificia universidad de México, del mismo año, fueron un modelo difícilmente comparable tanto en calidad de la enseñanza como en la belleza de sus edificios.[31] En el caso peruano su fundador fue Tomás de San Martín, dominico de gran reputación como académico y defensor de los intereses de los indios.
El primer rector de la universidad mexicana fue ni más ni menos que el humanista e historiador Francisco Cervantes de Salazar, autor de numerosas obras, entre las que destaca su Crónica de la Nueva España. Pero la importancia no solo radica en el número de las universidades creadas en las Américas por parte de España, casi cuarenta, sino en el interés que había para que la calidad de la enseñanza fuese la mejor. No se puede olvidar a este respecto al que fue una de las figuras más importantes del Renacimiento europeo, el catedrático de derecho internacional Francisco de Vitoria. El pensamiento de este burgalés fue revolucionario, al defender que por encima de lo que pensase el rey o el mismo Papa, estaban los derechos de los hombres, incluyendo por supuesto los derechos de los indígenas, tal como expone en su obra De Indis. Si la jurisprudencia es la ciencia del derecho, pocos científicos ha habido de la talla de Francisco de Vitoria. Aunque, por supuesto, se ha escrito mucho más a nivel internacional sobre el padre fray Bartolomé de Las Casas, sobre todo por ser crítico con España, Francisco de Vitoria planteará y formulará postulados mucho más objetivos que los que el «defensor de los indios» propuso, con su sincera pero maniquea, vehemente y poco objetiva defensa de los recién «descubiertos» habitantes americanos, consiguiendo, con un espíritu mucho más moderno que la mayoría de la gente de su tiempo, separarse de la tradición medieval. Vitoria siempre defendía la idea de que si se tiene conciencia de que una guerra es injusta, no se debe luchar, aunque uno se vea obligado por el príncipe, ya que siempre hay que obedecer antes a Dios:
Debe, pues, pensar que los otros son prójimos a quienes está obligado a amar como nos amamos a nosotros mismos, y que todos nosotros tenemos un solo Señor común ante cuyo tribunal todos nosotros debemos dar cuenta de nuestros actos. Porque es de extremo salvajismo buscar motivos y alegrarse de que existan para matar y destruir a los hombres que Dios creó y por los que Cristo murió (Vitoria, Relectio de iure belli, 203-204).
La fama del padre Vitoria se extendió por todo el orbe cristiano. Las primeras dudas que aparecen en España sobre la instrucción y conversión de los indios se las hacen llegar inmediatamente al propio jurista franciscano para que él, junto con otros teólogos de la Universidad de Salamanca, las puedan solventar.[32]
A mediados del mes de abril del año 1539 se promulga una real cédula dirigida al maestro Francisco de Vitoria, catedrático de Prima de la Universidad de Salamanca, dándole cuenta de que Juan de Zumárraga, obispo de México, ha escrito que en la Nueva España hay necesidad de clérigos para instruir a los indios. Que saben de la calidad de sus discípulos y que haga el favor de mandar a la Nueva España doce de ellos a los que se les pagará el pasaje y «matalotaje» para ir a esas tierras.[33]